Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 81 – Invierno 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

Al cabo de otros diez años..., seguimos igual

Va pasando el tiempo. Ya hemos completado un cuarto del famoso siglo xxi, que tan lejísimos vislumbrábamos en la época de la EGB y que tanta prosperidad aseguraban que iba a traernos. No obstante, en los asuntos trascendentes, la conclusión es que apenas hemos mejorado. Porque de momento, mucha tecnología, mucha inteligencia artificial, mucha sostenibilidad, mucha inclusividad y mucha resiliencia..., pero un significativo grupo de población continúa ultrajado, con el agravante de considerarse una excepción en la vorágine que nos arrastra. ¿Qué tendrán otros colectivos, tan bien cuidados por los organismos oficiales, que no tengan los que engloban a las personas que, por circunstancias de calendario ajenas a su voluntad, cambian de decena en el recuento de aniversarios cumplidos (y que, tarde o temprano, serán todas)?

Hace nada menos que veinte años, cuando esta revista digital asomaba al mundo, lanzamos (aquí) la primera voz de alarma. Será que no veíamos venir el peligro. Pusimos el dedo en la llaga entonces con los cuarentones, los primeros que, según la denominación oficial, sufren el señalamiento del sufijo de desprecio. Exponíamos una serie de propuestas razonables, que requerían un montante prácticamente imperceptible para el erario y que en nuestro bolsillo habría gozado de un destino más que idóneo. Nuestro éxito —como cabe colegir— fue nulo.

Pese a la sinrazón, no desistimos del empeño. Suponíamos que, al cabo de dos lustros de reflexión, y con los avances que en este terreno estaba experimentando nuestra civilización, habría por fin el consenso necesario para que las altas instancias llevaran a cabo el ansiado proyecto. De modo que, preocupándonos a la sazón por los cincuentones, refrescamos la memoria hace diez años en estas mismas reivindicativas páginas (véase), con la esperanza de que no sería desatendida la segunda llamada de socorro. Nuestro éxito —como cabe colegir— fue doblemente nulo.

Pues ha llegado la hora de comprobar si a la tercera va la vencida. Porque en este aumentado oprobio, además, no se trata de un sufijo de desprecio, sino de dos, ¡dos! Y es que, no conformes con reincidir en la ofensa, por tercer decenio consecutivo, hacia quienes ingresan en dicha franja etaria, se regodean con otra partícula desdeñosa: dos humillaciones en una. Por eso todavía hoy, tras estos veinte años de lucha ímproba, hemos de descubrir, en la institución que «limpia, fija y da esplendor», afrentas como la siguiente: afrenta, mientras continúan estos dos puñales clavados en nuestro corazón: puñal1 y puñal2, aunque en el primero de ellos se haya añadido a la definición un «sentido ponderativo» que nada consuela ni resuelve, como quedar a medias entre el quiero y el no puedo, o entre el puedo y el no quiero, que es peor.

Cierto es que otros estamentos modestos e impulsados por la buena voluntad demuestran nobles propósitos (intento), pero este reconocimiento es insuficiente si no viene refrendado por el alma mater de la lengua española. ¿Qué les cuesta, señores académicos? Si es muy fácil. Les damos el trabajo hecho: «sesentañero, ra: adj. Dicho de una persona: que tiene entre 60 y 69 años. U. t. c. s.». Enunciado escueto e inocuo para cualquier sensibilidad. Con este sencillo trámite elevarían la autoestima de mucha gente que, aun a estas alturas de la multiculturalidad global, se siente proscrita de/por los formalismos sociales y sin el hueco que en ellos sin duda merece, tanto como el que más.

Expuesta la grave situación, que viene prolongándose durante el reiterado periodo de veinte años, nos planteamos dar visibilidad al problema y poner en valor sus soluciones, para que se emprendan, con cargo a los presupuestos públicos, las medidas conducentes a ese objetivo. En consecuencia, hasta que quienes tienen la sartén por el mango recapaciten y pongan orden en sus conciencias, el firmante y sus numerosos y descontentos seguidores se reservan varios derechos, a saber:

a) El de autopercibirse con el adjetivo/sustantivo decaetario que considere oportuno, incluyendo el sufijo conveniente en cada caso, pese a que no cuente con el aval de ningún organismo oficial e (in)competente en la materia.

b) El de fundar el DDDDDDDDD (Departamento de Disidentes Díscolos Despreciados y Dispuestos a Despojar los Diccionarios de Dicterios Decaetarios), por el que el pueblo clama con sed de justicia y sin cuya existencia no podemos esperar ni un minuto más.

c) El de solicitar —y luego recibir libres de impuestos, que es lo que importa— las pertinentes subvenciones a las Administraciones de cualquier ámbito, para los fines previstos en los dos apartados anteriores (si no cayó el chollo por un conducto, que caiga por otro; la cuestión es que caiga). No habrá límite en las cantidades, siempre pensando en el procomún.

Aquí estaremos, vigilantes ante los próximos acontecimientos. Si fuere necesario, volveremos dentro de otros diez años, en el número 121 de esta misma revista digital, cuando tratemos la análoga ignominia que afectará entonces a los setentones/septuagenarios. Y si las circunstancias lo exigieren, con la fundación del DDDDDDDDDDDDD (Departamento de Disidentes Díscolos Despreciados y Dispuestos a Despojar los Diccionarios de Dicterios Decaetarios, un Decenio Después del Doble Descalabro). Alguna vez saldrá bien la estratagema; vamos, digo yo.