Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
29 – Invierno 2013
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Recientes estudios demuestran que la falta de actividad física, o inactividad física, se puede considerar como una de las pandemias del siglo XXI. De hecho, algunos estudios ya muestran que, cuando se aísla la inactividad física como factor de riesgo independiente para la salud, ésta puede tener efectos tan perjudiciales como el tabaquismo (Kohl, Craig, Lambert, Inoue, Alkandari, Leetongin y Kahlmeier, 2012).
Existe un consenso en considerar que la práctica de actividad física mejora la salud, en el más amplio sentido de la palabra, pero lo que la ciencia nos ha aportado, también recientemente, es que a nivel físico la práctica de actividad física sólo logra mejorar la salud si supone un estímulo lo suficientemente potente como para mejorar la condición física (resistencia cardiovascular, fuerza, velocidad o flexibilidad). De hecho, existen estudios que demuestran que los problemas de mortalidad y morbilidad asociados a la obesidad se reducen drásticamente cuando se incrementan los indicadores de condición física, de forma que la obesidad pasa a ser un factor secundario en la predicción del riesgo de muerte prematura y otras enfermedades (Hu, Willett, Li, Stampfer, Colditz y Manson, 2004; Ortega, Ruiz, Castillo y Sjöström, 2008).
Estos resultados deberían hacernos reflexionar sobre la práctica de actividad física en dos direcciones:
La primera sería considerar la importancia de la actividad física como medio para la mejora de la condición física, pues esta última parece mostrarse como el elemento clave en la prevención de la prevalencia de ciertas enfermedades (Freedman, Katzmarzyk, Dietz, Srinivasan y Berenson, 2009). Siendo así, provocar cambios funcionales, tanto a nivel biológico como comportamental, supone diseñar programas que promuevan la adherencia a la práctica de actividades deportivas en periodos largos de tiempo y que estén diseñadas bajo un estricto control en cuanto a las cargas de trabajo, frecuencia y densidad de las mismas. Aquí se aprecia la importancia de la prescripción de actividad física por parte de profesionales con conocimientos en teoría del entrenamiento y en modificación de conducta. De no ser así, corremos el riesgo de no conseguir los estímulos adecuados para provocar estos cambios adaptativos, o no lograrlos en la dirección adecuada o durante el tiempo adecuado.
La segunda cuestión sobre la que reflexionar tiene que ver con las políticas estatales de prevención de los efectos negativos de la inactividad física. Uno de los ámbitos en los que indudablemente se debería intervenir, dados los altísimos índices de inactividad física detectados, es el ámbito educativo. En el ámbito educativo las políticas de intervención deberían fomentar la posibilidad de una práctica real de al menos 5 horas por semana, en las que se realicen actividades entre el 60 y 70% de la frecuencia cardiaca máxima (estímulo necesario para la mejora la condición física según la Asociación Americana de Medicina del Deporte), se deberían establecer políticas ambientales que permitiesen el uso de transportes activos para desplazarse por las ciudades o poder acceder al colegio, y se debería relacionar esta política educativa con la política general de salud del país.
Por último, consideraremos que, si queremos eliminar el factor inactividad física de nuestra sociedad, debemos afrontar el reto de diseñar políticas y programas de intervención respecto al deporte que sean efectivos, fácilmente realizables y sostenibles ecológicamente hablando.
Referencias:
Freedman, D. S.; Katzmarzyk, P. T.; Dietz, W. H.; Srinivasan, S. R.; Berenson, G. S. (2009). Relation of body mass index and skinfold thicknesses to cardiovascular disease risk factors in children: the Bogalusa Heart Study. American Journal Clinical Nutrition, 90, 210–216.
Hu, F. B.; Willett, W. C.; Li, T.; Stampfer M. J.; Colditz, G. A.; y Manson, J. E. (2004). Adiposity as Compared with Physical Activity in Predicting Mortality among Women. New England Journal of Medicine, 351, 2694-2703.
Kohl, H.; Craig, C.; Lambert, E.; Inoue, S.; Alkandari, J.; Leetongin, G.; y Kahlmeier, S. (2012). The pandemic of physical inactivity: global action for public health. Lancet, 380, 294–305.
Ortega, F. B.; Ruiz, J. R.; Castillo, M. J.; y Sjöström, M. (2008). Physical fitness in childhood and adolescence: a powerful marker of health. International Journal of Obesity, 32, 1–11.
