Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
27 – Verano 2012
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Las viejas creencias, junto a los mitos indígenas, aquéllas que se siguen contando por las estancias en las ruedas de fogón entre mate y mate, no se han perdido.
Cuentan que tropeando ganado, el gaucho, ya aturdido y soñoliento por el cansancio de días, aguantando sobre el lomo heladas y aguaceros, vio junto a la huella del camino un perro muerto que a nadie interesaba.
Pensó: seguro corrió algún auto y cayó bajo alguna rueda. Porque ya se sabe que los animales pueden ser distraídos, que como los cristianos, pueden ir mascando alguna pena.
Imaginó que de alguien sería, que tendría algún dueño. Tal vez seria de algún gurí que lo acompañó a la escuela, y mientras el gurisito estudiaba, el perro salió tras alguna mulita o comadreja, pero sólo encontró la muerte al costado del camino.
Ahí sí que la cosa da mucha pena, porque un perro “pa” un gurí del campo es su amigo, su hermano, su juguete de horas lerdas.
¿Se llamaría Pancho, Capitán, Gaucho....? El nombre que le pusieran poco importa, ¡si "aura", total, está muerto! y eso ya no interesa a nadie, solamente se puede pensar que en algún lugar lo esperan.
Ya nunca más saldrá junto a su dueño bajo el estribo, sin calcular las leguas, tampoco seguirá algún gurisito que extrañara su ausencia, por eso “pa” qué pensar, si estas cosas no se “rimedean” y se olvidan como otra cualquiera.
Lo encontró “tirao” en una cuneta, al costado del camino... Un perro muerto no más que poco interesa.
