Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 85 – Otoño 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja


La fábrica de productos químicos en las salinas de Torrevieja (1956-1976): de la idea a la realidad industrial

Alaa Jasim

Ingeniero de Minas por la Universidad de Bagdad

Máster en Ciencias Ambientales por la Universidad Politécnica de Turín

Doctor por la Universidad Politécnica de Madrid



A mediados del siglo XX, las salinas de Torrevieja vivieron una de las transformaciones industriales más significativas de su historia. Entre 1956 y 1976 funcionó una fábrica de productos químicos que marcó un antes y un después en la explotación salinera, integrando tecnología moderna y diversificación productiva. Este proceso, sin embargo, tuvo sus raíces en problemas detectados décadas atrás.

Según la Memoria del Ministerio de Hacienda de 1936, la producción y venta de sal en Torrevieja había experimentado un notable descenso. Este declive preocupó a las autoridades, ya que la industria salinera era uno de los pilares económicos de la región. En dicho informe, un ingeniero técnico propuso una serie de medidas correctivas y de modernización que, aunque visionarias para su tiempo, tardarían años en concretarse. Entre las sugerencias figuraban la electrificación de las instalaciones, la incorporación de nueva maquinaria, la construcción de un nuevo dique de poniente y un nuevo punto de carga de sal, así como la creación de una fábrica de sal fina destinada al consumo alimentario y, de manera especialmente innovadora, el proyecto de tratamiento de aguas madres, antecedente directo de la futura industria química.





Estas ideas, que en los años treinta quedaron en el papel debido al contexto político y económico de la época, resurgieron dos décadas después. En 1951, el Estado, en un esfuerzo por revitalizar la producción salinera, obligó a la Unión Salinera de España a someter el proyecto de modernización de las salinas a un régimen de arrendamiento. Esta medida marcó el punto de partida para la materialización de aquellas propuestas técnicas.


La Química de Torrevieja fue un proyecto destacado del Estado, con una repercusión inédita en los medios de comunicación nacionales de la época. Esta iniciativa formaba parte de las condiciones establecidas para renovar el contrato de arrendamiento de las salinas, y contó con una inversión inicial de 16.500.000 pesetas, una cifra considerable para aquellos años.





Finalmente, en 1956 se inauguró la fábrica de productos químicos de Torrevieja, destinada al aprovechamiento integral de las aguas madres —residuos salinos de los que se podían extraer compuestos de valor industrial—. La planta no sólo supuso un avance tecnológico, sino que también diversificó la producción local y mejoró la rentabilidad del conjunto salinero. Durante las dos décadas siguientes, hasta 1976, la fábrica se consolidó como un referente de innovación en el ámbito de la química salinera española.

 

Este proyecto simboliza la transición de Torrevieja desde una economía basada casi exclusivamente en la extracción de sal hacia una industria moderna y tecnológicamente orientada, fruto de la planificación estatal, la visión técnica previa y la adaptación a los nuevos tiempos industriales.

Este proyecto se inscribía dentro del contexto de la industria autárquica española de la posguerra, promovida por el Estado durante el aislamiento económico internacional y el boicot comercial posterior a la Guerra Civil. En aquellos años, el Instituto Nacional de Industria (INI) impulsó una serie de iniciativas para hacer frente a la escasez de combustibles y materias primas esenciales. Entre ellas destacaron los vehículos de gasógeno, que utilizaban carbón vegetal como fuente de energía, los prototipos de automóviles eléctricos, así como la fabricación de gasolina sintética en la planta de Puertollano. Sin embargo, esta gasolina presentaba un importante inconveniente: su bajo índice de octanaje, que limitaba el rendimiento y la durabilidad de los motores.

 

 

La solución a este problema llegó precisamente desde las salinas de Torrevieja. A partir del tratamiento químico de las aguas madres, subproducto del proceso de cristalización de la sal, se obtenía bromo, un elemento de gran valor industrial. Con este bromo, se fabricaba bromuro de etileno y tetraetilo de plomo, dos aditivos esenciales que permitían aumentar el octanaje de los combustibles sintéticos, mejorando así su calidad y eficiencia. De este modo, la planta torrevejense desempeñó un papel estratégico dentro del sistema industrial autárquico, contribuyendo de manera directa a la autosuficiencia energética e industrial del país durante una etapa marcada por la escasez y la innovación forzada.



 


Hoy en día, la antigua fábrica de productos químicos de Torrevieja constituye un elemento fundamental de la historia industrial española y, en particular, del patrimonio histórico de la ciudad. Más allá de su valor tecnológico, representa una época de esfuerzo, ingenio y adaptación a las difíciles circunstancias económicas del país. Su existencia testimonia la capacidad de la comunidad torrevejense para integrarse en los grandes procesos industriales del siglo XX, transformando un recurso natural tradicional —la sal— en un eje de innovación y progreso.

 

Por todo ello, la conservación y puesta en valor de estas instalaciones resulta de gran importancia para la memoria colectiva y la identidad local. Proteger este legado no sólo permite comprender mejor el pasado industrial de Torrevieja, sino también transmitir a las futuras generaciones el significado de un periodo en el que la ciencia, la industria y el trabajo humano se unieron para superar los retos de su tiempo.

Por todas estas razones, el edificio de la antigua fábrica de productos químicos de Torrevieja debe ser conservado y puesto en valor. No se trata solo de preservar una estructura industrial, sino de mantener viva una parte esencial de la memoria económica, social y científica de la ciudad. Su recuperación y aprovechamiento pueden contribuir significativamente al bienestar de la comunidad y al desarrollo del turismo cultural e industrial, ofreciendo un espacio donde visitantes y residentes puedan conocer de cerca la historia de la producción salinera y el papel de Torrevieja en la industria química nacional.

Asimismo, sería un gesto de justicia y reconocimiento instalar una placa conmemorativa dedicada a los sesenta trabajadores que, con su esfuerzo y dedicación, hicieron posible el funcionamiento de la fábrica durante sus dos décadas de actividad. Esta acción no sólo honraría su memoria, sino que reforzaría el vínculo entre el pasado industrial y la identidad presente de la ciudad, recordando que detrás de cada logro técnico hay siempre una historia humana que merece ser contada y preservada.