Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
85 – Otoño 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Mujeres casi desconocidas y con frecuencia ignoradas
Isabel Barreto
La primera almirante de la historia de la navegación española
Quiero adelantar que no he conseguido mucha información sobre ella, y la mayor parte puede ser poco objetiva en lo que se refiere a su carácter y actitud, pues, paradójicamente, procede de los escritos de un enemigo muy fuerte que la atacó todo lo que pudo y llegó a arrebatarle incluso su título de adelantada de las Islas Salomón, hoy un país soberano insular ubicado en Oceanía.
La otra es la de siempre: era una mujer.
A pesar de todo, quiero rendirle hoy mi pequeño homenaje dentro de esta serie de mujeres a veces desconocidas y con frecuencia ignoradas y, humildemente, contribuir a darla a conocer.
Isabel Barreto Castro comienza su vida en 1567. No se conoce con exactitud su lugar de nacimiento: hay teorías que sostienen que nació en Pontevedra de padres portugueses y que siendo muy joven, la familia se trasladó a Perú. Sin embargo, muchos especialistas lo sitúan en Lima, capital del Virreinato del Perú. Sus padres fueron Nuño Rodríguez de Barreto y Mariana de Castro, naturales ambos de Lisboa. Tampoco hay retratos de ella, según he investigado.
Ya jovencita, la casan en Lima (1585) con el leonés Álvaro de Mendaña, adelantado de las Islas Salomón; tenía, pues, dieciocho años.
Haciendo un pequeño paréntesis, comentaré que un adelantado era un alto dignatario de la Corona española al que se encomendaba la misión de llevar a cabo una empresa militar de exploración o de gobierno de un territorio en nombre del rey. Ejercía como juez territorial en tiempos de paz y como capitán general en tiempos de guerra.
Sigamos con Isabel Barreto.
Ya casados, el adelantado emplea la dote que le dan los padres a Isabel para financiar la compra de una nave (la Santa Isabel), armamento y víveres a fin de hacer una segunda expedición a las Islas Salomón para ejercer su cargo de adelantado y beneficiarse de las riquezas que suponía poder explotar.
El rey otorgaba el cargo, pero no la financiación. Es algo así como «apáñatelas como puedas si quieres conquistar y/o gobernar», pero las tierras son del rey.
Isabel embarca con su marido en 1595 rumbo a las Islas Salomón. En el viaje van acompañados por tres de sus hermanos, Lorenzo, Luis y Diego, además de tripulación, hombres de armas y mujeres; en total, alrededor de cuatrocientas personas
La expedición consta de cuatro naves: la Santa Isabel, nave almirante, al mando de Lorenzo, hermano de Isabel; la San Jerónimo, la nave capitana, al mando de Mendaña, donde viajaba con Isabel y Pedro de Quirós, piloto y cronista; la San Felipe, una nave más pequeña que se separó del convoy debido a las tormentas y que llegó de manera independiente a Mindanao; y por último, la Santa Catalina, que también se separó del convoy y acabó perdiéndose en el mar.
Después de una difícil travesía, en el mismo año 1595 y llegados a la isla de Santa Cruz, actual Ndende del archipiélago de las Salomón, muere el marido de Isabel en la Bahía Graciosa. Pero no acaban las desdichas para ella, porque hay un enfrentamiento con los nativos y su hermano Lorenzo, el almirante, muere a causa de una flecha envenenada. Aquí empieza la odisea de esta valiente mujer y su leyenda.
Antes de continuar, he de decir que no era una mujer en un mundo de hombres, porque, frente a la imagen tradicionalmente masculina de la colonización de los siglos XVI y XVII, una buena parte de la tripulación de los barcos que partían de España estaba compuesta por mujeres. La legislación favorecía la emigración familiar, pero además, las fuentes históricas están llenas de ejemplos de mujeres solteras, viudas o menores de edad embarcadas rumbo a América y Asia. Lo que sí resultó excepcional fueron esos tres meses de 1595 en los que tuvo que ponerse al frente de una tripulación hambrienta y hostil.
Álvaro de Mendaña Mapa de los viajes de Isabel Barreto Fernando de Castro
Álvaro de Mendaña había testado a favor de su esposa otorgándole todas sus posesiones y su cargo de adelantado, adelantada de las Salomón y gobernadora de las nuevas tierras descubiertas. Al morir Lorenzo, almirante de la expedición, el cargo recae sobre su hermana Isabel, convirtiéndose así en la primera mujer almirante de la historia.
Así lo atestigua el hombre que más se enfrentó a ella, Pedro Fernández de Quirós: «Dejó por heredera universal y nombrada por gobernador a Doña Isabel de Barreto, su mujer, porque de Su Majestad tenía cédula particular con poder para nombrar la persona que quisiese».
La adelantada decidió abandonar las Salomón al no encontrar la isla de San Cristóbal y puso rumbo a Manila. La travesía fue muy dura, larga y difícil. Se tuvo que enfrentar con el hambre, la sed y el escorbuto, entre otras enfermedades, y muchas muertes de la tripulación. Su carácter y su determinación la enfrentaron a su peor enemigo: el piloto del barco, Pedro Fernández de Quirós, y la tripulación, soliviantada por éste animándola al amotinamiento, pero Isabel se mantuvo en su puesto y Quirós no logró su propósito. En su diario habla del carácter soberbio de Isabel.
Finalmente llegaron a las Carolinas orientales, y después de recoger víveres en la isla de Guam pusieron rumbo a Manila, donde fondeó la nave en 1596, un año después de su partida.
En Manila se casa, en mayo de ese mismo año, con Fernando de Castro, caballero de la Orden de Santiago y sobrino del gobernador de Filipinas. Un año después, con el San Jerónimo navegan hacia Acapulco (Méjico), y es allí donde ella recibe la encomienda (una institución colonial española en América) de Guanaco y su segundo marido es propuesto como gobernador de Filipinas.
En 1607, ambos cónyuges regresan a España, donde pleitean en la Corte contra Pedro Fernández de Quirós, que había solicitado (y le habían concedido) las cédulas reales para una nueva expedición a las Salomón, de las que (recuerdo) Isabel era adelantada, pero no consiguen anular la cédula, y Quirós tiene vía libre. Ella pierde su título y con él sus derechos.
Regresan después de unos años a Perú, donde Fernando de Castro fue nombrado gobernador de Castrovirreina desde 1612 a 1620. Es en esta ciudad donde Isabel fallece el 3 de septiembre de 1612, siendo enterrada en su iglesia mayor. Ella dejó dispuesto, en testamento, que sus restos fueran trasladados al convento de Santa Clara, en Lima, donde estaba profesa su hermana Petronila. Actualmente no se sabe si su voluntad fue cumplida.
Isabel Barreto Castro atravesó por entero el océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur, descubriendo las islas Marquesas.
En homenaje a Isabel Barreto y a todas las mujeres que se enfrentaron, se han enfrentado y seguirán enfrentándose a las dificultades, a las adversidades y a los problemas con energía, determinación y valentía.
María José González Vicedo, maestra de Educación Primaria. Torrevieja, a 26 de agosto de 2026