Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
85 – Otoño 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Mi experiencia
Suena el
despertador, abres tus ojos y te preguntas: hola, ¿cómo amaneces hoy? Empiezas
la exploración, el cuello, tus brazos, tus piernas, tu espalda... Tu mente. Y
ésta te habla, ¿qué? Te dice, en plan ordeno y mando: ¿te vas a quedar ahí
tumbada o vas a disfrutar de un día más?
Entonces
te das cuenta de que el tiempo corre, y corre deprisa, y la vida pasa, y tú no
te puedes quedar parada, porque en el fondo quieres vivirla. Como sea, pero vivirla
y disfrutarla, porque es un regalo que no puedes despreciar.
Te pones
en marcha y, a pesar de esa fatiga que vive en tu cuerpo, ese cansancio que se
empeña en hacerte rebajar el ritmo, tú sigues adelante. Te miras al espejo y
ves que no eres quien realmente deseas, pero le dices: luego te cambio esa
cara.
Mientras preparas
el desayuno vas haciendo los planes de «tu hoy» y avanzas sin pensar en
otra cosa. Disfrutas de la rutina matutina oteando por la ventana al que pasea
a su perro, al que viene trotando, a la ejecutiva que aparca su coche y sale con
su maletín de trabajo... La vida.
No te
planteas si a ellos les duele algo o no. Porque no los conoces, pero ¿y tú?
¿Realmente te reconoces? Has trabajado toda tu vida con dolor. Familia,
negocios, todo con ese dolor a cuestas. Y ahí estás.
Es tu
momento de dedicación plena a ti misma. Sólo tú puedes hacer con tu vida
lo que quieras.
Siempre
hay piedras en el camino, y algunas ayudan a dificultar el tuyo, pero sigues
adelante. Continúas tu rutina y toca hacer la cama, despacito, como la canción,
vuelta por aquí, por allá, tiene que quedar perfecta, eso sí, tu nivel de
exigencia siempre alto. Acabas y buscas una excusa para sentarte unos minutos. ¡¡¡Voy
a echar un vistazo a los mensajes!!! Uff, te salta un aviso del calendario con
tareas que realizar en la calle.
Y vuelves
a mirarte en el espejo y te dices: ¡¡¡llegó el momento del cambio!!! Te lavas
la cara, te arreglas el pelo, tu crema. La rayita en el ojo y el color en tus
labios. Eso está mejor.
Eliges la
ropa que necesitas para complementar ese aspecto de persona «normal» y
te dices: adelante, un día más.
Muchas
veces, ya en la calle, te encuentras con alguien que, sin conocer tu problema,
te da un abrazo apretujado. «¡¡¡Qué bien te veo!!!», te dice, y te hace daño,
porque tu sensibilidad es especial. Le sonríes al mismo tiempo que haces un
gesto de dolor. La otra persona se da cuenta y te mira con asombro. Sí, amiga, sí,
me duele, tengo fibromialgia y ésta es una de sus consecuencias. Pero no pasa
nada, un abrazo siempre te llena de energía, esa energía tan necesaria para
continuar enfrentándote a todo, lo bueno y lo malo, porque, al final, quieres
vivir y formar parte de los momentos regalados.
Pasas el
día haciendo lo que puedes y como puedes, y te das cuenta de que puedes mucho
más de lo que creías.
Sí, la
fibromialgia es cruel en muchos casos, pero lo importante es no caer en su
juego. Muévete, disfruta con lo que haces y piensa en ti y en los que tienes a
tu lado. No permitas nunca que el dolor te impida sonreír. La sonrisa
es el antídoto.
Maite Miralles
Sala, presidenta Asimepp Torrevieja