Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 83 – Verano 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

 

Acerca del libro de Francisco Alberola Miralles Los escritos de Pepe Estruch (Espiral/teatro, Editorial Fundamentos, Madrid, 2025)

 

Pepe Estruch: ida y vuelta de un funambulista

 

     

 

El dar vueltas en la vida, algo habitual, no siempre es sinónimo de sensatez, pero sí seguro lo es de una toma de conciencia junto a la tácita aceptación de ser parte, significativa o no, del escenario en el que toca actuar. Admito que fui (y soy) un incondicional de la lectura y, antes de ser apremiado por la necesidad de subsistir, fueron muchos los libros que pasaron por mis manos, seguro más que aquellos que lo hicieron después. Así recuerdo bastantes páginas sobre pintura, no menos sobre teatro y, haciendo gala de amor al sofá, con efusión fagocité al cine como forma de tener junto a mí a Audrey Hepburn enfrentados a un copioso desayuno, o a Bogart, a mi lado, en la barra de un rancio club de jazz, cigarrillo en boca y un whisky dibujado entre las sombras.

Admito que el nombre José Estruch me decía poco; sabía de su vinculación a la Comedia Nacional del Uruguay, a Margarita Xirgu, el Club de Teatro y toda la escena independiente, actores y autores uruguayos o llegados a aquel Montevideo que mascaba a la par teatro, solidaridad y sueños, bonanza de una sociedad que, a la inversa de la europea, saboreaba un esplendor social y económico al tiempo de respirar cultura con C mayúscula al tiempo de abrazar el generoso aporte de recién llegados al país como José Bergamín o María Zambrano. Una pléyade de seres que dejaron allende el océano sus vivencias e incertidumbres, mezclaron el «tú» con el «vos» y concibieron un horizonte nuevo, ese horizonte que invitaba a ser transitado y participado por todos quienes tuvieron el privilegio de vivir esa bendita efervescencia en una ciudad que se preciaba de tener más teatros que cines y mecer sus ilusiones en un río ancho como mar.

Pese a no vivir (cuestión de edad) esa agitación existencial, no fue óbice para que, años después, a través de notas, libros y testigos, fuera conociendo parte de la misma. Pero fue tan sólo una década atrás cuando retornó a mi memoria, ya lejos de Montevideo y por voz de amigos como Israel Chaves y ex alumnos como Paco Alberola, un comediante cabalgando cual Quijote, que se hacía emplazar por un sencillo Pepe y conocer por el más «afortunado» (y extraño para mí) Estruch. Fueron muchas las palabras y más los testimonios, anécdotas, con que inicié la regresión más allá del dificultoso ejercicio de la memoria (la suma de los años la entorpece aún más), y pasé a recuperar ese personaje dentro del convulso presente, pero sí gentil en mostrarme en esa imagen su legado, su extensión humana y artística. Un hombre que esparció sus huellas por las tierras en que residió y con especial generosidad en Montevideo, la misma ciudad que vio crecer a quien esto escribe. 

Pero debo aceptar que nunca sentí a Estruch tan vivo y tan cerca como cuando se posó ante mí este libro coordinado por uno de sus más aventajados alumnos, Paco Alberola Miralles, y que recorre diferentes etapas de la vida del maestro, material e intelectual, y que, junto al aporte de otros teatreros más, prodiga el homenaje escrito en el que armonizan tanto el conocimiento de su obra como la devoción a un personaje sembrador de palabras, coherencia e ideas cultivadas en diferentes lugares, las que en especial (soy reiterativo), por decisión propia, germinaron en Uruguay.

El título que prologa el libro: Estruch, maestro de maestros, a cargo de Marta Shinca, y la presentación La memoria recuperada, a cargo del propio Paco Alberola, nos introducen sin cortapisas en ese carácter de maestro de la escena y las letras y su esencia en un compendio de humor, sensibilidad y amor por el teatro y la vida. Estruch, auténtico humanista, supo unir el arte con la generosidad, la pedagogía con la sensibilidad y la vida con la creación.

Bien define Alberola la cualidad esencial del libro al decir que «éste no sólo contiene lo creado por él [Estruch], sino que aquí está su obra y su incuestionable actitud vital… Está en sus escritos: el modo de construcción, en los verbos que utiliza, en el certero color con que tiñe o matiza sus expresiones».

Los escritos de Pepe Estruch van más allá de una biografía, un homenaje o la simple divulgación de su obra; el libro en sí es la búsqueda frenética de la verdad, una manifestación de amor y tributo a una manera de entender y transitar la vida, de proclamar el arte y la comunión de dos patrias con la misma eucaristía, la del compromiso de Estruch con su pueblo, sus alumnos y la sociedad que ellos simbolizan. Es el (su) pasado trasplantado desde Alicante, en la costa mediterránea, previa escala en Francia e Inglaterra, a un Río de la Plata efervescente, cosmopolita y ansioso por mostrar a la vieja Europa su más enriquecida mirada cultural, y allí Estruch, entre 1949 y 1967, fue uno de los animadores más entusiastas del Montevideo que calzaba a su medida.

Conforme van pasando las páginas del libro, la figura de Pepe Estruch, desde el compromiso total con su tiempo y en distintas manifestaciones de expresión, realza su arraigo y sentir, al que suma un compromiso y respeto total con el espectador, lector, a quienes deja lo mejor de su esfuerzo con el fin de que la recepción ofrezca la impronta de un trabajo honesto y bien hecho... Así esas sensaciones que produce la lectura se acentúan más aún cuando el personaje va dejando paso al hombre.

Que yo comente (más bien intente escribir) sobre este libro no es algo en absoluto necesario. La pedagogía y el saber de Alberola destaca todo lo referente al Estruch total; lo matiza, lo define y expone sus conclusiones sin un ápice de neutralidad para definirlo como «un maestro austero, sin adorno, sin necesidad de halago ni bombo. Estruch nunca creyó en la lisonja y menos en el boato… [Fue] un funambulista siempre andando por el espacio mínimo».

Para este libro, Los escritos de Pepe Estruch, no es necesario preámbulo alguno. Todo se condensa en las palabras de quienes fueron sus discípulos y en el propio legado de José Estruch, guardado sin pretensiones dentro de un baúl.

Tanto las semblanzas como sus textos corroboran la reciprocidad y concordancia de quienes escriben, evocando siempre su humanidad y la natural capacidad de plasmar hechos y situaciones con que el mero hecho de existir le presentaba y desafiaba. Luego, sus textos, tanto teatrales como de poesía, son la autobiografía de un hombre que, en consciencia con sus ideas, dejó la tierra natal, cultivó la docencia en Francia, el teatro en Londres, y atravesó el Atlántico para volcar en el nuevo mundo su experiencia del «renacimiento cultural» en la España republicana. Así enriqueció a un Uruguay que quiso respirar a pleno pulmón el leitmotiv de su trayecto, al tiempo de asimilar y divulgar su forma de entender y pensar al ser humano.

Pepe Estruch regresó a España en 1967 y continuó fiel al teatro y sus principios. Fue intérprete de su propia vida. Educador, cronista, actor, director de teatro, decidió marcharse temprano, sin prisas, intacto el bagaje de no haber traicionado sus sueños. Vivió y se fue como el mar de su canto: «Como un mar tu cuerpo dormido/ Como el mar que me envuelve/ y a cuya orilla no quiero llegar».

Las palabras de Sol López son la síntesis del sentir de quienes le rodearon: «Pepe…, le agradezco a la vida mi suerte. Pero le reprocho que no durara más».

En 1990 le fue otorgado el Premio Nacional de Teatro.

 

Manuel Pérez García