Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 83 – Verano 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

 

La cosecha dorada

En el corazón del desierto, la luna desvelaba arcanos como un farol de plata en la intemperie. Los suricatos, en asamblea alrededor de un puñado de monedas que habían distraído a los intrusos con sus ágiles manos, debatían el destino que le esperaba a tan preciado botín. Pensaban sortearlo en la tribu y usarlas como pesas de gimnasio, fichas de juegos o trofeos de campeonatos.

El líder del grupo, Cinéreo Estro, el suricato con una cicatriz en la oreja herencia de Jackal Dick, levantó la cabeza y la voz para formular su ingeniosa propuesta. Un empellón del siroco levantó partículas de arena, haciendo que los demás se apretaran unos contra otros, expectantes.

—Las plantaremos para cosechar muchas más el año que viene y que alcancen para todos.

Ahora, todos, y yo también, esperan impacientes con ojo inquieto si la lluvia tarda.

 

 

Orden internacional 

«La lucidez es la herida más cercana al sol». (Emil Cioran, Silogismos de la amargura).

Inocencio, mi vecino de consulta, sufrió un extraño síndrome que ha apagado su estrella. Ahora habita en un error metafísico. Sostiene que hurgar su fosa nasal derecha inclina el destino de Estados Unidos; la izquierda precipita a China. No atiende a nuestras razones fundadas, sobre todo a las mías, que acompaño de ostensibles y graves gesticulaciones. Desvaría tanto que ahora ha añadido otra conjetura a su escalada insana: cada gas expulsado convoca a bombas genocidas. La culpa lo ha vuelto asceta; rehúye fabadas y todo alimento prolijo en sombras.

Pero en Nochevieja, traicionado por el vino, se atracó de carbohidratos y ha llorado la noche entera repitiendo entre singultos: «Es el holocausto nuclear».