Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
83 – Verano 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Mujeres
casi desconocidas y con frecuencia ignoradas
Hipatia
de Alejandría
9 de octubre de 2009. Alejandro Amenábar estrena Ágora,
la película que narra la vida… y la muerte de Hipatia de Alejandría,
coincidente con la caída del Imperio romano. La película obtuvo el Premio Goya
al mejor guion original y varios premios Goya más: al mejor diseño de
vestuario, a la mejor dirección de producción, a la mejor fotografía, a los
mejores efectos especiales, al mejor maquillaje y peluquería y a la mejor
dirección artística.
Pero
¿quién es Hipatia?
Nació
en el 355-370 de nuestra era, en Alejandría (Egipto). Su padre fue Teón de
Alejandría, matemático y filósofo griego.
Hipatia
fue una mujer adelantada a su época, una mujer matemática que destacó en los
campos del álgebra y de la geometría, astrónoma y filósofa que enseña en su
casa y en la Escuela Neoplatónica de Alejandría, donde ocupó la cátedra de
Filosofía enseñando las obras de Platón y Aristóteles. Llegó a ser líder de
dicha escuela.
Ayudó
a su padre en sus trabajos y fue una de sus principales colaboradoras, según
dicen, llegando a superarlo. Fue comentarista y sus comentarios facilitaron a
sus alumnos el aprendizaje. No se conservan sus obras, pero se conocen gracias
a alguno de sus discípulos, como Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría.
Comentario
a la Aritmética de Diofanto de Alejandría, en 13 libros.
Canon
astronómico.
Comentario
a las secciones cónicas de Apolonio de Perga. Ésta es su obra más importante.
Tablas
astronómicas: revisión de las del astrónomo Claudio Tolomeo, conocida por su
inclusión en el canon astronómico de Hesiquio.
Gracias
a las epístolas de Sinesio de Cirene, cristiano de familia rica y poderosa —alumno
y gran amigo de Hipatia—, tenemos gran información sobre ella. Por ellas
conocemos sus obras, aunque no se hayan conservado. Conocemos también los
nombres de varios de sus discípulos: el propio hermano menor de Sinesio,
Euoptio, su tío Alejandro, Hesquio de Alejandría (gramático y gobernador de
Libia Superior) y su hermano Eutropio, el gramático Teodosio, el sacerdote
Teotecno... Sinesio cita a varios más. Todos ellos forman un grupo muy unido de
aristócratas, paganos y cristianos que, en algunos casos, alcanzaron altos
cargos. Entre otros de sus alumnos cabe destacar a Orestes, el futuro prefecto
imperial de Egipto.
A
pesar de los diferentes cultos que sus discípulos profesaban, no hubo tensiones
entre ellos, y la filósofa tampoco estableció diferencias en el trato con unos
o con otros. En la escuela de Hipatia las diferencias se quedaban fuera, a
pesar de que en la ciudad sí que había peleas.
Adquirieron
tanta fama sus lecciones que venían alumnos de todas partes del Mediterráneo,
procedentes de clases acomodadas, quienes llegaron a alcanzar puestos
importantes en el Imperio. Este hecho, junto con la pretensión de los alumnos
de que se mantuviera en secreto el contenido de las clases, ha hecho imposible
el conocimiento a posteriori de sus lecciones, y también el alejamiento entre
el pueblo y la maestra, que no tenía nada en común con él ni era apreciada.
Continuando
siempre con las epístolas de Sinesio, observamos que siente un gran aprecio por
ella, como ya hemos dicho, pero no sólo él, sino todos sus alumnos. La nombra
como «madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea
honrado, tanto de nombre como de hecho».
De
alguna manera la consideraban sucesora de Platón. Algunos la creían elegida por
Dios para llevar a cabo la misión del descubrimiento de los misterios de la
Filosofía. A esta santificación contribuyó su condición de virgen, pues era muy
exigente consigo misma en cuanto a las virtudes morales, privilegiando el mundo
inmaterial y el espiritual para alcanzar aquella virtud a la que todos los
filósofos helenísticos aspiraban: la «sofrosine», la virtud que representa el
equilibrio mental basado en cuatro principios: la moderación, el autocontrol,
la sensatez y la templanza. Conseguir este equilibrio llevaba al individuo a
evitar el exceso y la arrogancia.
No está mal. ¡Cuántos deberíamos buscar también la sofrosine! ¡Qué necesitado está nuestro mundo de ella! Es algo a lo que sin duda no llegaron los poderosos patriarcas cristianos de Alejandría y Constantinopla con constantes luchas por el poder.
Egipto,
en el siglo V, era una de las comunidades cristianas más importantes del
Imperio, y el patriarca de Alejandría gozaba del máximo prestigio e influencia
junto a los de Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Roma.
Pero
entonces no era muy considerada la autoridad suprema de Roma, y durante los
siglos IV y V, los conflictos doctrinales y las luchas de poder eran muy
frecuentes entre los distintos patriarcados, especialmente entre Alejandría y
Constantinopla, como ya se ha dicho. Podríamos decir que eran grandes y
poderosos señores feudales en sus territorios que intentaban alzarse con el
mayor poder posible, y para ello empleaban los medios que fuesen.
¡Qué lejos de la sofrosine y de las
enseñanzas de Cristo!
Después del edicto de Tesalónica en 380,
por el que Teodosio el Grande convirtió la religión cristiana en religión del
Estado, vino, diez años después, el Edicto de Constantinopla, que prohibía
todas aquellas actividades no cristianas, incluyendo las prácticas religiosas
en el ámbito privado. Esto provocó una importante reacción entre los paganos y
las distintas interpretaciones del cristianismo, que quedaron convertidas en
herejías que habrían de ser perseguidas y erradicadas. Los enfrentamientos entre
las distintas facciones de cristianos llegaron en ocasiones a ser violentas.
Volviendo a Hipatia y a sus lecciones, no
se metía en cuestiones de paganos y cristianos, y mientras el obispo Teófilo
estuvo en el patriarcado de Alejandría no tuvo ningún problema. Pero cuando fue
sustituido por el obispo Cirilo, la situación cambió y los filósofos
neoplatónicos, como Hipatia, fueron presionados para convertirse al
cristianismo, a lo que Hipatia no accedió, a pesar de que algunos lo hicieron y
de los consejos de sus amigos. Incluso Orestes, prefecto augustal y alumno
suyo, se había bautizado en Constantinopla antes de ocupar su puesto en Egipto.
Sin embargo, se aconsejaba de ella a pesar de ser pagana.
Hipatia fue muy apreciada y protegida por
las élites intelectuales cristianas, siendo muy popular como consejera de las
más altas personalidades y magistrados de Alejandría.
«Vestida con el manto de los
filósofos, abriéndose paso por en medio de la ciudad, explicaba públicamente
los escritos de Platón, de Aristóteles o de cualquier filósofo, a todos los que
quisieran escuchar (…) Los magistrados solían consultarle en primer lugar para
su administración de los asuntos de la ciudad...». Así dice la Suda,
una gran y antigua enciclopedia bizantina.
Mientras Teófilo fue patriarca de
Alejandría, Hipatia pudo seguir con sus enseñanzas y su labor de consejera sin
que nadie la molestara, pero en el año 412 muere el obispo y es sucedido por
Cirilo, no sin luchas entre él y su oponente Timoteo. El motivo de esas luchas
era el gran poder del Patriarcado alejandrino, que podía interrumpir envíos de
grano a la capital imperial y poseía grandes riquezas.
Cirilo persiguió a las distintas
comunidades religiosas enfrentándose a Orestes, prefecto imperial, que veía en
el poder del obispo una amenaza a la autoridad del emperador. Persiguió a los
judíos con gran violencia, y pese a la protección del prefecto consiguió
expulsarlos, y la multitud robó todos sus bienes. Llegó un momento de
enfrentamiento entre el poder civil y el religioso, llegando a la ruptura total
entre ambos. Esta situación tuvo graves consecuencias para Hipatia, pues corrió
el rumor de que era la culpable de esta ruptura por ser amiga y consejera de
Orestes, y por lo tanto enemiga de Cirilo.
En el año 415, en el mes de marzo, Hipatia
es asesinada.
Según narración de Sócrates Escolástico,
historiador griego de la Iglesia cristiana, en plena Cuaresma, mientras Hipatia
regresaba en carruaje a su casa, un grupo de fanáticos la sacaron del carro y
la arrastraron por las calles de la ciudad hasta llegar al Cesáreo, un templo
que mandó edificar el emperador Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y
que se había convertido en la catedral de Alejandría. Allí fue desnudada y
golpeada con piedras y tejas y descuartizada. Pasearon sus restos en triunfo
por la ciudad hasta llegar al Cinareo, donde los incineraron. La edad a su
muerte se piensa que estaba entre los 45 y los 60 años; hay historiadores que
se inclinan por la segunda cifra.
La muerte de Hipatia, según el historiador
Sócrates Escolástico de nuevo, está vinculada a Cirilo; manifestaba este autor
que «este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a los alejandrinos».
Porque no hay nada más opuesto al cristianismo que el crimen, y los asesinos de
Hipatia actuaron por un ímpetu furioso, no por el celo «divino», añadiendo que
su muerte empañó la reputación de la Iglesia alejandrina.
La historiadora polaca Dzieslka asegura
que el asesinato de Hipatia no fue por motivos religiosos sino políticos:
Cirilo quería ganar la lucha que mantenía contra Orestes y conseguir más
influencia y poder local.
La mayoría de los historiadores apuntan a
Cirilo como inductor del crimen. Las motivaciones pueden ir desde la envidia,
el deseo de hacer daño a Orestes matando a su consejera... Fuesen cuales fueran,
lo cierto es que a Cirilo se le conoce en los libros de historia como el
inductor del asesinato de Hipatia de Alejandría.
Quizás debido a la propia película de
Amenábar se conozca a Hipatia más por su ignominiosa y terrible muerte que por
su obra científica y filosófica. Lo cierto es que fue una víctima de tiempos
muy convulsos, del odio, del ansia de poder y posiblemente de la envidia.
Por encima de todo, lo cierto es que Hipatia de Alejandría fue una mujer sabia.
María José González Vicedo. Maestra de Educación Primaria