Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
82 – Primavera 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
¿Qué dicen las calles de Torrevieja sobre las mujeres?
Una ciudad se puede leer de muchas
maneras: a través de su arquitectura, de sus plazas y de sus monumentos.
También se pueden mirar los nombres de las calles. Son ellas las que revelan a
quién se recuerda y a quién se deja fuera. Para quien llega es una lección
rápida de historia. Yo, desde el principio, me fijé en una cosa: ¿dónde están
las mujeres?
Así llegué a la calle de Rosa Mazón
Valero (1926-2012), comadrona que ayudó a traer al mundo a miles de habitantes.
En las primeras elecciones democráticas tras la muerte del general Franco, se
convirtió en alcaldesa de Torrevieja (1979-1984). Durante su mandato se
completaron, entre otras cosas, la red de alcantarillado, la depuradora, el
primer centro de salud y la circunvalación, y se implantó la limpieza sistemática
de las playas. Su calle conduce a una plaza donde hay conciertos, fiestas y el
mercadillo de los viernes; seguro que habéis pasado por allí más de una vez, ¿a
que sí?
Doña Sinforosa, es decir, Sinforosa
Moreno Covos (1882-1950), no tiene calle, sino un parque. Su casa y el jardín
estaban abiertos a quienes lo necesitaban, y durante la guerra civil se
convirtieron en hospital. Hoy es uno de los pocos lugares de la ciudad donde se
puede bajar el ritmo: la sombra de los árboles antiguos, un templete donde a
veces suena hip-hop y otras, tango. Entre los bancos se pasean loros y
gallinas. Este lugar tiene algo mágico, algo distinto. La playa del Acequión
está a un minuto andando. Quizá por eso, desde hace años, las inmobiliarias
intentan hacerse con el parque para levantar otro magnífico edificio.
La ciudad también recuerda a Delfina
Viudes Menchón (fallecida en 1990), conocida en el espacio urbano simplemente
como Delfina Viudes. Tiene una avenida, aunque su nombre no me decía mucho. Me
lo explicó Patrycia de la Cavada Fernández-Coronado, profesora de español en la
Escuela Oficial de Idiomas: «Delfina introdujo el ballet en Torrevieja». De su
escuela, fundada con el apoyo de la alcaldesa Rosa Mazón Valero, salieron
grandes bailarinas, bailarines y profesorado de danza. Es la avenida donde se
encuentra la sede de Avanza y también un edificio enigmático que, según se
dice, será un centro para personas con discapacidad. Por allí también se llega
al mercadillo, al día de la paella o a conciertos.
¿Conocéis a María Parodi (¿?-¿?)? Si vais
a la biblioteca o buscáis algo en el centro, su nombre aparece en algún cruce.
Procedía de una familia de comerciantes locales. Se casó y se trasladó a
Madrid. Durante la guerra, su pareja fue detenida. Su familia le pidió que
regresara a Torrevieja. No lo hizo. Poco después, también fue arrestada. No se
sabe qué fue de ella. Gracias a ella, hoy entiendo algo que pesa: las víctimas
de las guerras no son anónimas. Tienen nombre. Y tienen su propia historia.
Ahora, una nota personal: vivo en la
calle María Gil Vallejos, torrevejense (1892-1981). En sus grabaciones se
escucha el susurro del disco antiguo, los chasquidos, la voz de Conchita
Supervía y un piano que no sólo acompaña: dialoga. Introduce la emoción, la
sostiene y, de pronto, deja al oyente con la sensación de haber vivido algo
extraordinario. ¿Habría escrito este texto si viviera en una calle, por
ejemplo, de las Acacias? Para ser justos, es un nombre precioso, y se puede
encontrar paseando cerca de la laguna rosa.
Una calle larga lleva el nombre de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), escritora que defendió que las mujeres pudieran pensar y expresarse con voz propia. Muy cerca está Rosalía de Castro (1837-1885), que escribió en gallego cuando se consideraba una lengua «demasiado baja» para la literatura. Su mundo eran los de abajo: los pobres, los invisibles. Y, sobre todo, las mujeres reales.
Como soy polaca, también busqué una huella de mi país. Encontré a María Sk?odowska-Curie (1867-1934), nacida en Varsovia, doble premio Nobel: de Física en 1903 y de Química en 1911. Aquí aparece como Madame Curie. Sin nombre propio. Sólo con el apellido del marido.
Tras cuatro años caminando por
Torrevieja, empecé a ver algo más claro: no hay tantas calles dedicadas a
mujeres reales. En cambio, abundan diosas y musas (Venus, Diana, Atenea,
Afrodita, Euterpe), personajes ficticios (Dulcinea, Luscinda, Doña Rodríguez, Bella
Lola), figuras religiosas (Santa Petra, Virgen del Carmen, Virgen del Mar, la
Purísima) o incluso barcos (Joven Pura, Joven Trinidad, Marcelina, Bella
Antonia). Hasta las gaviotas tienen su calle. Pero Clara Campoamor (1888-1972),
que logró el voto femenino en España en 1931, no. Existe una calle Campoamor,
sí, pero comienza junto a la estatua del poeta Ramón de Campoamor (1817-1901).
No es Clara. Si algún día alguien añade su nombre, por favor, que no lo
relacione conmigo...
Torrevieja tampoco ha dedicado una calle
a Victoria Kent (1892-1987), jurista y una de las primeras diputadas de la
Segunda República; ni a María Moliner (1900-1981), filóloga y autora del Diccionario
de uso del español, que escribió ella sola; ni a Carmen Conde (1907-1996),
poeta y primera mujer en la Real Academia Española. Y está el caso de Mariana
Pineda (1804-1831), luchadora por la libertad y heroína nacional: tuvo calle en
Torrevieja y hoy ya no.
¿Qué he aprendido, entonces, sobre las mujeres en las calles de Torrevieja? Da la impresión de una ciudad que prefiere a las diosas y hasta a las gaviotas antes que a las mujeres de carne y hueso. Ojalá eso cambie. Porque las calles no sólo sirven para orientarse: también dicen a quién decidimos recordar y a quién consideramos importante. Quizá por eso la pregunta ya no es solo qué dicen sobre las mujeres las calles de Torrevieja, sino también qué es lo que todavía no dicen.
P. D. Tengo un acertijo: hay una calle en
Torrevieja llamada Matilde Peñaranda. ¿Quién fue? Yo apuesto por... el nombre
de un barco.