Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
82 – Primavera 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
La calculadora humana
«Sus cálculos resultaron tan cruciales para el éxito del programa de alunizaje Apolo y el inicio del programa del trasbordador espacial como lo fueron para esos primeros pasos en el viaje del país al espacio» (NASA)
26 de agosto de 1918 en Sulphur Springs
(Virginia occidental, EE. UU. de América). Nace Creola Katherine Coleman, cuarta
hija de Joylette Roberta y Joshua McKinley Coleman. Joylette era maestra y
Johsua tenía varios oficios: leñador, granjero, empleado de mantenimiento, trabajaba
también en un hotel.
La
pequeña Katherine demostró muy pronto un gran talento para las matemáticas,
pero aparecen dos peros... Situémonos en 1918 en EE. UU., donde las leyes de
segregación racial impedían que los afroamericanos pudieran estudiar más allá
del octavo curso en el condado en que vivían los Coleman. Claro, no lo había
dicho y no debería haber tenido que decirlo: era de raza negra y eso era
suficiente para apartarla de su brillante porvenir. Pero, además, otro elemento
más estaba en su contra, y es que era mujer en un mundo discriminatorio para
los que no eran blancos ni hombres.
Afortunadamente
tenía unos padres luchadores que consideraban de vital importancia la educación
y la formación de sus hijos, razón por la cual se mudaron a Institute, un
municipio del condado de Lenoir en Carolina del Norte. Allí estaba el West
Virginia Colored Institute para afroamericanos. Así quedó solucionado el
problema de la formación. La familia alternaba las dos poblaciones, durante el
curso escolar residían en Institute y en el verano en Withe Sulphur Springs. La
futura científica tenía diez años.
Katherine
se gradúa a los catorce años en la escuela secundaria y a los quince ingresa en
la Universidad Estatal de Virginia Occidental, también en Institute. Diríamos que
qué bien, que no tuvo que cambiar de población para seguir sus estudios
universitarios a tan temprana edad, en plena adolescencia... Es que era una
universidad para negros.
Durante
sus años de estudios universitarios tuvo la ayuda y el apoyo de varios de sus
profesores, entre ellos Angie Turner King, química y matemática que ya le había
dado clases en secundaria, y el matemático W. W. Schieffelin Claytor, el tercer
afroamericano en obtener un doctorado en Estados Unidos. Éste añadió asignaturas
de matemáticas especialmente para Katherine, que en 1937 se graduó summa cum
laude (con el máximo honor) en matemáticas y francés a los dieciocho años.
Comienza
su nueva etapa de graduada enseñando matemáticas, francés y música en una pequeña
escuela pública para afroamericanos en la ciudad de Marion (Virginia), un lugar
con mayoría de población blanca. Allí vive episodios de racismo y sufre las
consecuencias de la segregación racial.
Fue
la primera mujer afroamericana en terminar con la segregación racial en la
Universidad de Virginia Occidental, en Morgantown, con la intervención de John
W. Davis y después del fallo de la Corte suprema de los Estados Unidos, que en
1938 dictaminó que los estados que brindaban educación superior pública a estudiantes
blancos también tenían que brindarla a los negros, ya fuera estableciendo
colegios y universidades para ellos o admitiéndolos en las universidades para
blancos. Fue una de los tres estudiantes afroamericanos seleccionados para
hacer estudios de postgrado y la única mujer.
En
1939 se casa con James Goble, abandonando la docencia para matricularse en un
programa de postgrado en Matemáticas que dejó un año después, cuando esperaba
su primera hija, para dedicarse a su familia. Con Goble tuvo tres hijas:
Constance, Joylette y Katherine. Las tres siguieron carreras relacionadas con
las matemáticas. Constance falleció en 1910, y Joylette y Katherine trabajaron
en la NASA, siguiendo el camino de su madre.
Desde
1953 hasta 1986 lleva a cabo su vida activa en los campos de la informática
teórica, física, ingeniería de aviación, matemática y profesorado, trabaja
dentro de las áreas de astrodinámica, ingeniería aeroespacial, matemáticas,
matemática computacional y física. Un curriculum impresionante para una mujer
afroamericana en EE. UU, y en los años de mayor discriminación y segregación
racial.
En
1956 muere su primer marido y en 1959 contrae nuevo matrimonio con Jim Johnson,
un oficial del ejército de los EE. UU. que moriría en 2019 a los noventa y tres
años.
Antes
de trabajar en la NASA lo hizo en su predecesor, el Comité Asesor Nacional para
la Aeronáutica (NACA), de 1953 a 1958, donde se ganó el reconocimiento y la
reputación de dominar cálculos manuales complejos y contribuyendo al uso
pionero de computadoras para realizar tareas. Destacó su contribución a la
aeronáutica y a la carrera espacial de Estados Unidos. Sus cálculos de la
mecánica orbital como empleada de la NASA fueron fundamentales para el primer y
posteriores vuelos espaciales tripulados. A partir de 1958 y hasta 1986
desarrolla su actividad en la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y
del Espacio), donde trabaja en el cálculo de trayectorias, ventanas de
lanzamiento y rutas de retorno de emergencia para los vuelos espaciales del
Proyecto Mercury, incluidos los de los astronautas Alan Shepard, primer
estadounidense en el espacio, y John Glenn, el primer estadounidense en órbita.
Calcula rutas para el módulo lunar Apolo y módulo de mando en vuelos a la Luna.
Sus cálculos también fueron esenciales para el comienzo del programa del
trasbordador espacial. Trabajó también en los planes para una misión a Marte.
Entre
los numerosos premios que recibió destacan:
En
2015, la Medalla Presidencial de la Libertad otorgada por el presidente
Obama, quien dijo de ella: «Katherine G. Johnson se negó a ser limitada
por las expectativas de la sociedad sobre su género y raza mientras expandía
los límites del alcance de la humanidad».
2016. Recibe el premio
Silver Snoopy, un honor especial que otorga la Agencia Espacial a sus empleados
y contratistas por sus logros vinculados a la mejora de la seguridad o por el
éxito en una misión (el premio es una estatuilla de plata del famoso perro
Snoopy vestido de astronauta) y además un premio al logro grupal de la NASA.
2018. El College of
William & Mary le otorgó un doctorado honoris causa.
La
Universidad Estatal de Virginia Occidental estableció una beca en su honor y
erigió una estatua de ella a tamaño natural en el campus.
La
empresa Mattel anunció una muñeca Barbie con la imagen de Johnson y una
insignia de identificación de la NASA. Esta muñeca se encuentra difícilmente en
venta como muñeca de colección. El último precio que yo he encontrado ha sido
de 999 euros.
El
Distrito Escolar Independiente DeSoto en DeSoto, Texas, inauguró la Academia
Magnet de Tecnología Katherine Johnson. Es una escuela que tiene un plan de
estudios basado en tecnología que incluye robótica, programación, ciencias de
la computación, arte digital y música para alumnado desde el jardín de infancia
hasta el quinto grado.
2019. Medalla de oro
del Congreso de los Estados Unidos.
Universidad
George Mason: pone el nombre de la científica a su edificio más importante, «Katherine
Johnson Hall».
2020. La Fuerza
Espacial de los Estados Unidos pone su nombre a uno de sus satélites GPS III Space
Vehicle 08 Creola Katherine Johnson, que fue lanzado el 30 de mayo de 2025.
El
6 de noviembre se lanza al espacio un satélite que lleva su nombre, «Katherine»
COSPAR 2020-079G.
En
2021, ya fallecida, fue incluida en el Salón Nacional de la Fama de las
Mujeres.
Una
nave espacial destinada a abastecer la estación espacial internacional es
bautizada como «SS Katherine Johnson».
Llevan
su nombre numerosos centros escolares de su país.
El
24 de febrero de 2020, a los ciento un años, murió Katherine Johnson en una
residencia de ancianos de Newport News.
Sus
seis nietos, sus once bisnietos y sus estudiantes siempre fueron animados por
ella a estudiar y a seguir carreras de ciencia y tecnología.
Hasta aquí los datos más destacados que he encontrado sobre ella, pero no quiero terminar esta pequeña biografía de una gran científica sin expresar lo que me impresionó la historia de esta mujer, sin más, una mujer luchadora e inteligente que supo sobreponerse a la injusticia y al desprecio por algo tan superfluo como su color o su sexo, con la que entré en contacto por primera vez cuando vi la película Figuras ocultas (2016), basada en el libro de Margot Lee Shetterly. Narra la historia de Katherine Johnson y de otras dos mujeres afroamericanas que trabajaron como calculadoras en la NASA: Mary Jackson y Dorothy Vaugham.
Si la encontráis y no la habéis visto, os la recomiendo.
Torrevieja, marzo de
2026
María José
González Vicedo
Maestra