Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 81 – Invierno 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

 

Mujeres casi desconocidas y con frecuencia ignoradas

 

Sofonisba Anguissola

 



Año aproximado de 1535, en Cremona (Lombardía, Italia). Bianca Ponzone, de ascendencia noble, está de parto de su primer hijo. Su esposo, Amilcare Anguissola, miembro de la baja nobleza cremonesa, espera en otra estancia, quizás nervioso pero ilusionado, el feliz momento de oír llorar a la criatura, de verla y abrazar a su esposa para agradecerle el hermoso regalo.

Por fin el llanto se oye y Amilcare corre al cuarto donde Bianca acaba de dar a luz a la primera hija del matrimonio. La alegría de los padres es inmensa y ambos contemplan a la pequeña y ya piensan en el nombre que le impondrán.

La familia pertenece a la nobleza italiana más antigua que durante cuatro generaciones anteriores tuvo una importante conexión con la historia antigua de Cartago. Por ello, en honor del gran general Aníbal, decidieron llamar a su hija como la trágica protagonista cartaginesa: Sofonisba, una aristócrata hija del general Asdrúbal Giscon, nacida en el siglo iii antes de Cristo, que en la segunda guerra púnica decidió poner fin a su vida antes de caer capturada por los romanos.

Así pues, la pequeña llevaría el nombre de su heroica antepasada: Sofonisba. Fue la primera de seis hijas (y un hijo) que tuvo el matrimonio, a las que impusieron nombres relacionados con la historia antigua: Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva y Annamaría. Al hijo lo llamaron Asdrúbal.

Amilcare siempre animó a sus hijas e hijo a estudiar y a desarrollar su talento. Todas las hermanas demostraron aptitudes hacia la pintura y el padre las animó a que las cultivasen, pero fue Sofonisba la que más consiguió destacar en ese arte, y la más famosa.

Elena, la segunda hija, profesó en un convento (hay un retrato de ella pintado por Sofonisba) y dejó de pintar.

Annamaría y Europa también dejaron la pintura al casarse (cosas de la época y de los hombres). Lucía, mejor pintora que sus hermanas, murió pronto. Minerva era escritora y latinista. Asdrúbal estudió música y latín, pero no se inclinó por la pintura.

Así pues, como podemos observar, todas las hermanas y el hermano fueron instruidos en las bellas artes, en el latín y demás conocimientos de la época, gracias al empeño del padre, que no distinguió al hijo de las hijas y procuró a todos una buena educación.

Pero a Sofonisba le esperaba un gran futuro y su padre estaba dispuesto a que lo consiguiera, por lo que a la edad de catorce años la envió, junto con Elena, a estudiar pintura con un considerado retratista y pintor religioso de la Escuela Lombarda: Bernardino Campi, también de Cremona. Con él dieron sus primeros pasos en el arte del retrato las dos hermanas Anguissola. Más tarde, Sofonisba siguió sus estudios con el pintor Bernardino Gatti el Sojaro, discípulo de Corregio. Es posible que durante tres años prosiguiera con Gatti sus estudios.

Algo importante que destacar es que al llevar a cabo su formación con artistas locales, Sofonisba sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte, pues la moral de la época no contemplaba la posibilidad de que se desplazasen solas a estudiar en ciudades alejadas de sus familias.

De la época en que estudió con Bernardino Gatti destaca la obra Bernardino Gatti pintando a Sofonisba Anguissola, de 1550, que se encuentra en la Pinacoteca Nacional de Siena.


           

                                                       Miguel Ángel                                           Boceto de Niño mordido por un cangrejo, de Sofonisba Anguissola

 

En 1554, con diecinueve años, viaja a Roma, donde conoce al gran Miguel Ángel. Este encuentro sirvió para que fuera instruida por el gran maestro. Se cuenta que cuando el pintor le pidió que pintara un niño llorando, ella dibujó Niño mordido por un cangrejo (Museo de Capodimonte en Nápoles). El gran artista del Cinquecento italiano, al verlo, reconoció el gran talento de Sofonisba, y a partir de ese momento le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su propio estilo, recibiendo consejos y formación del maestro. Dicha formación duró unos dos años, que fueron un sólido aprendizaje para ella.

Giorgio Vasari, arquitecto pintor y escritor italiano, nacido en Arezzo en 1511, dijo de ella: «Anguissola ha mostrado su mayor aplicación y mejor gracia que cualquier otra mujer de nuestro tiempo en sus empeños por dibujar, por eso ha triunfado no sólo dibujando, coloreando y pintando de la Naturaleza, y copiando excelentemente de otros, sino por ella misma, que ha creado excelentes y muy bellas pinturas».

A pesar de todo, no pensemos en ningún momento que lo tuvo fácil: las normas y costumbres de la época eran muy rígidas y difíciles para las mujeres. A pesar del coraje y del apoyo con el que contó, más que otras mujeres de su época, no se le permitió ir más allá de los límites impuestos para su sexo.

No se le permitió, por ejemplo, estudiar anatomía, conocimiento tan importante para el dibujo de la figura humana, o dibujar del natural con modelos humanos, porque ello era inaceptable para una mujer; pero Sofonisba no se arredró, buscó otra forma de expresarse y desarrollar su arte, retratando personajes con poses informales, utilizando como modelos a su propia familia o a sí misma, como podemos contemplar en Autorretrato (1554, Museo Kunsthistorisches de Viena)

 

 

 

Partida de ajedrez (1555, Museo Nacional de Poznan, Polonia) donde pinta a sus hermanas Lucía, Minerva y Europa

 

Retrato de Amílcar, Minerva y Asdrúbal Anguissola (1557-1558 Niva, Dinamarca)

 

Estas obras son un nuevo estilo de pintura que ella explora representando entornos domésticos, muy alejado de los escenarios más amplios que eran populares en la época.

En 1558 se marcha a Milán, donde empieza la época de retratos de personajes muy importantes como el de Fernando Álvarez de Toledo, tercer duque de Alba, quien en el verano de 1559 prepara en París la boda de Felipe II, rey de España y Portugal, con Isabel de Valois, que tenía una gran afición por el dibujo. El duque selecciona el grupo de damas que van a acompañar a España a la joven reina y entre ellas incluye a Sofonisba. Escribe a Amilcare Anguissola para que permita el viaje de su hija a España y éste accede.

 

Isabel de Valois sosteniendo el retrato de Felipe II, de Sofonisba Anguissola (se puede observar el retrato del rey en la mano derecha de la reina).

 

Febrero de 1560: Sofonisba llega a la Corte española y aquí permanece hasta 1573. Llega como dama de la reina Isabel de Valois, y cuando ésta muere queda como tutora de las infantas, en especial de Isabel Clara Eugenia. Durante este periodo pinta Isabel de Valois sosteniendo el retrato de Felipe II y retratos de otros miembros de la Corte. La reina la aprecia mucho y le otorga su confianza.

En Madrid, villa y corte, conoce a Alonso Sánchez Coello y trabaja estrechamente con él, tanto que Coello se ve influenciado por el estilo de Sofonisba; en esta ocasión ella es la maestra, tanto es así que el famoso Retrato de Felipe II en edad mediana, conservado en el Museo del Prado, ha sido atribuido al pintor durante mucho tiempo; recientemente se ha reconocido que su autora es Anguissola.

En los años siguientes, siendo pintora de cámara, sigue retratando a personajes de la Corte y haciendo los retratos oficiales de los reyes y de la familia real.

En 1570, aún soltera y dada su edad, 35 años, piensan que hay que buscarle un marido (cosas de la época), y el propio rey se responsabiliza de ello. Como no se puede negar, pide que su futuro esposo sea italiano; le encuentran a Fabrizio Moncada, hijo del virrey de Sicilia, que tiene ascendencia aragonesa. Se celebra la boda con gran lujo y fiestas y el rey le regala 12.000 escudos (una gran fortuna). El matrimonio se traslada a Sicilia en el verano de 1573. Residirán en Palermo hasta 1578, en que muere de su esposo.

En 1579, en el barco que la lleva de regreso a su ciudad natal, Cremona, conoce a Orazio Lomellino, noble genovés, bastante más joven que ella y capitán del barco. Se enamoran y se casan en Pisa contra los deseos de Felipe II, que no autoriza la boda. Al final ella escribe al rey y le dice que el matrimonio se había consumado antes de que llegase la negativa; el rey cede y además le da una cuantiosa dote, que junto a la fortuna de su marido les permite gozar de una vida cómoda y a ella tener su propio estudio para pintar.

Muchos pintores, algunos más jóvenes que ella, la visitan, y a algunos les enseña y cogen su estilo. Desde 1581 hasta 1615 residió en Génova gozando de mucho prestigio y un privilegiado contacto con la Corte española. En 1623 la visitó el pintor flamenco Anton Van Dyck, quien hizo algunos bocetos de sus visitas a Sofonisba en su famoso cuaderno, que está en el Museo Británico de Londres. Ya muy debilitada su vista, quizá por causa de las cataratas, siempre se mantuvo mentalmente muy alerta, según el mismo Van Dyck comentó.

En 1625, a la edad de noventa años, Sofonisba Anguissola muere en Palermo. Siete años después, su viudo colocó el siguiente epitafio en su tumba: «A Sofonisba, mi mujer (...) quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre (...) Orazio Lomellino apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer».

 

Comienzo una serie de biografías de reconocimiento a esas mujeres casi desconocidas y con frecuencia ignoradas con esta mujer, que me impresionó cuando contemplé su pintura en el Museo del Prado, y a la que admiro por su tenacidad y su saber hacer en pleno siglo xvi, en el que las mujeres no eran muy consideradas dentro de las bellas artes, y en el que la moral reinante en la época las mantenía relegadas. Afortunadamente el padre de Sofonisba fue un auténtico humanista en todos los sentidos.

Torrevieja, a 12 de enero de 2026. María José González Vicedo, maestra.