Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
81 – Invierno 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
SOMBRAS Y LUCES DE BOHEMIA
El esperpento de Valle-Inclán (I): el feísmo estético de genio español
© Jesucristo Riquelme y Clara Paterna Antón
Voz en off.– Silencien los móviles, por favor. La función va a comenzar: segundos fuera.
El elenco más completo de la asociación cultural Ars Creatio, premio Diego Ramírez Pastor 2024, de Torrevieja, puso en escena, el pasado 18 de diciembre de 2025, en el Teatro municipal de la ciudad, una de las obras más emblemáticas del teatro español del siglo xx: Luces de bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán. Esta representación constituyó el colofón de las actividades del vigésimo aniversario de la inquieta y altruista institución cultural. Y, para ello, recurrieron a una obra centenaria de la máxima vigencia, que no cae del repertorio clásico y contemporáneo con el paso de los años: ¡y ya ha superado la barrera de su centenario!
|
Valle-Inclán
(1866-1936) creó la técnica dramatúrgica más relevante de nuestro teatro
contemporáneo: el esperpento. En el esperpento se amplifica o deforma la
realidad para denunciarla y para mofarse de ella con la combinación de lo
trágico y lo grotesco. El
estrafalario Valle era «La mejor máscara a pie que cruzaba la calle», en
palabras del autor de las Greguerías, Ramón Gómez de la Serna. Si
nosotros tuviéramos la suerte de verlo pasar ahora por las Ramblas, de
Barcelona, o por el barrio del Carmen, de Valencia, o por la calle Alcalá, de
Madrid, o por el Paseo Vista Alegre, de Torrevieja, no podríamos resistirnos
a decirle: «Me quito el cráneo, maestro». Y, con bastante seguridad, le
pediríamos un selfi. |
* * *
A finales de 2017, Luces de bohemia era la única obra de teatro en castellano de todos los escenarios profesionales o semiprofesionales de Cataluña. Fue llevada a las tablas, con éxito de crítica y público, por el grupo Teatre del Sol, en Sabadell (Barcelona), durante muchísimos fines de semana, que se prolongaron a lo largo de 2018. Con aquel motivo, presencié ensayos, actuaciones parciales y funciones completas, y, a petición del grupo, redacté el programa de mano que se repartió en cada una de las sesiones con el aforo repleto. He aquí el texto original.
|
LUCES DE BOHEMIA: ESPERPENTO, DESREALIDAD Y TEATRO
GROTESCO (REÍR PARA NO LLORAR) Luces de bohemia, del cosmopolita gallego Valle-Inclán, fue publicada en 1924. Sabadell, casi como «teatro pobre», llevó a la Palestra por primera vez esta obra en España (25-2-1968), fuera del ámbito de las aulas universitarias. Desde la fundación de Teatre del Sol, en 1988, este es el primer espectáculo en castellano: Luces de bohemia marca un hito en la historia de la dramaturgia europea: es teatro contemporáneo con casi un siglo de resistencia. Con todos sus contrastes, vamos a contemplar una hermosa estética del feísmo, de lo sórdido, de la disonancia, del expresionista claroscuro, del absurdo más lúcido y meditativo. Todo un regalo para el espectador. Dos desahuciados, el ciego Max Estrella y el ladino don Latino, realizan un via crucis hasta descender a los infiernos de la noche madrileña: alegoría de la vida bohemia que en esos momentos históricos carece de sentido para la supervivencia. El montaje de Ramón Ribalta, contra toda alienación, es esmerado al extremo: actores de clara dicción, con inflexiones de acentos intencionadamente chulescos de Madrid o populares de Andalucía o catalanes cuando procede, con un habla ajustada a ritmo y tempo para marcar la ironía y el sarcasmo. El lenguaje deformado y deformante –estemos atentos– es clave en este drama en el que no hay Final feliz, aunque sonriamos al apagarse los focos del proscenio. La escenografía –trece decorados distintos– es un ingenioso alarde de oficio teatral: tres proyectores cenitales pasan imágenes (a modo de NO-DO, a modo de descripción emocional, a veces con breves locuciones en directo para las acotaciones más literarias) con sonidos impactantes y un cromatismo artesano que ambientan y contextualizan el discurso. El
esperpento es una invención de estilo, una nueva técnica de práctica teatral:
surge de la necesidad de crear un mundo artístico extraído de la realidad
histórica más caótica y decadente de una España dolorosamente en crisis:
«Nuestra tragedia no es tragedia», espeta Max Estrella, porque no tiene
héroes ni nobles circunstancias, sino grotescos comportamientos. Era la
España de hoy hace un siglo. El esperpento es denuncia negra con el más negro
humor: muestra el lado cómico de la parte trágica (y grotesca) de la vida
misma en su Historia y en su intrahistoria. Valle crea, primero, un ambiente
escénico de toda España concentrada en un Madrid «absurdo... y hambriento»;
después desarrolla situaciones disparatadas que terminan siendo
desternillantes: los personajes –un microcosmos de 38 en escena– son peleles
o guiñoles, casi carnavalescos: vestuario magnífico, peinados y maquillaje,
émulos de eficientes máscaras, aspavientos, gestos y proxémica, resaltadores
del drama de la trama. No estamos ante un trabajo realista de los actores:
esta estirpe de personajes está lejos de someterse al método Stanislavski;
más bien, por erigirse en un teatro antimimético, un teatro que deforma y
distorsiona la realidad (sin falsificarla nunca), se deben a la técnica de
Meyerhold (actuación grotesca, ligeramente absurda), como precursora de
Brecht (recepción distanciada de fragmentos de una acción discontinua y
destartalada): un teatro audaz de «trágica mojiganga», un teatro épico, que
no renuncia al discurso patético y humanizado,
paradójicamente, a base de cosificación y animalización de figuras y
lenguaje. Valle
no deja títere con cabeza: critica amarga y tragicómicamente el devenir de la
España de su último cuarto de siglo: del desastre colonial de 1898, hasta la
Semana Trágica de Barcelona, en 1909, o los desmanes policiales del periodo
de las presuntas leyes de fugas o las inquisiciones ya previas a la dictadura
de Primo de Rivera (1923). La vigencia del texto invita a la reflexión del
espectador avezado que intuirá esta consigna tácita con la que se sobrevive política y socialmente: «Favores, con los amigos; leyes, con los enemigos».
Sí, esto es hablar de hoy: «Me quito el cráneo» ante Teatre del Sol y ante
Valle-Inclán. Disfrutemos con un teatro diferente: el de los espejos
cóncavos, el del autor en el aire, el que ve a través del fondo del vaso del
vino de la casa… (Sabadell, septiembre de 2017) |
La versión de Ars Creatio contó con treinta y nueve
actores, encabezados por Alejandro Blanco (Max Estrella) y Juan Antonio López
(Don Latino de Hispalis). La dramaturgia, con respeto del texto original de
1924, se debe al saber escénico de sus dos directores: Josefina Nieto y Eliseo
Pérez. El montaje técnico, con numerosos efectos de imagen y sonido, aportó
trece vertiginosos y ágiles cambios de decorado, con el apoyo de proyecciones
como telón de fondo y perspectiva; el vestuario respondió a los quehaceres
individuales que dictó el colectivo: ¡todos iban niquelados, incluso con raya
de planchado y trajes de estreno! Un total de algo más de medio centenar de
personas fueron necesarias para afrontar el reto del esperpento en las tablas
de un teatro con cuarta pared.
La ovación del incondicional público premió el esfuerzo y el talento de un colectivo que, para tantos feligreses, se hace imprescindible en el pulso cultural de Torrevieja y pide a gritos salir de sus fronteras.
Tienes ante tus
ojos, y en tu cerebro, la posibilidad de descubrir y comprender, entre bohemia
y sonrisas, el valor de una obra de teatro tan seriamente desternillante y tan
lúcidamente sombría. Pero, por lo pronto, ahora, por favor, responde antes de
seguir bajando estas páginas cibernéticas: ¿Tú luces de bohemia? ¿Tú luces de
bohemio? (En la imagen, Juan Antonio López –Don Latino– y Alejandro Blanco –Max
Estrella–. Foto: Darío Pérez. TorreviejaOn).
Les rogamos que no presten atención: la van a necesitar para concentrarse y comprender mejor la obra: un drama que no tiene desperdicio y que emerge a flote despedida de los espejos incluso si lo sometemos a la prueba del amateurismo más recamado.
Vamos a analizar la obra, en tres entregas, a partir de su texto dramático, es decir, a partir del documento escrito, y también a partir de las puestas en escenas presenciadas. Esto, con la ayuda del juicio joven de Clara Paterna, nos permitirá intentar aproximar el sentido de esta compleja obra al público interesado. Retomamos el estudio preliminar que preparé con la colaboración entonces de mi hijo Carlos R. Talamás, para la versión más cuidada de los últimos años: Luces de bohemia, Micomicona, Valencia, 2017, edición de Pedro de la Horra, pp. 6-100. ISBN: 978-84-945559-9-2.
|
Parte I. El feísmo estético de genio español Eximio escritor: ¿extravagante
ciudadano? Dos ediciones (1920 y 1924): ¡Segundas
partes... fueron buenas! Censuras y mutilaciones Superación del Modernismo y del 98 Título: luces –de bohemia La bohemia: la poetambre El descenso a los infiernos: un viaje
con-sentido. Argumento La situación histórico-trágica de España La
obsesiva necesidad del dinero |
|
Parte
II. El callejón del Gato, un callejón con salidas «La tragedia nuestra no es tragedia». El género de un nuevo
teatro El
esperpento es deformación grotesca: negra denuncia y humor negro El
esperpento: superación del dolor y la risa Fuentes de Luces
de bohemia: crítica hidráulica Citas y
referencias literarias en Luces de bohemia El espejo del Gato: rasgos y rasguños del
esperpento Degradación de los personajes Deformación del espacio Situaciones chirriantes y descabelladas Chocante lenguaje manipulado: registros estilosos
para todos los gustos La última noche de luces de bohemia. Me quito el cráneo:
contenidos Via
crucis: estructura del drama —Primer momento climático: el calabozo (LB, 6) —Segundo momento climático: la calle (LB, 11) |
|
Parte III. El espejo nacional Personajes de crápula: retablo
nacional La angostura
del tiempo: una noche sin estrella
Espacio: cuadro de luces Puesta en escena: otros elementos Mucho luces en Luces de
bohemia: estiloso idioma Teatro para leer. Las acotaciones Referencias bibliográficas |
|
Reparto
(personajes y actores) Max
Estrella: Alejandro Blanco Vega Madama
Collet: Marisol Cos Delgado Claudinita:
Esther Elkouss Coronas Don
Latino de Hispalis: Juan Antonio López Jordán Zaratustra:
Francisco Manuel Sánchez Fernández Don
Gay Peregrino: Antonio Pérez Boj Un
chico: Violeta Gálvez Torres Otro
chico: Carla Gálvez Torres La
chica de la portería: Elisabeth Atamanenko Pica
Lagartos: Eliseo
Pérez Gracia Un
mozo de taberna: Carlos Sánchez Munuera Enriqueta
la Pisa-bien: Carolina Martínez López El
rey de Portugal: Jaime Sanchís Gómez Zacarías:
Damián Romero Pérez Dorio
de Gádex: Pablo Vílchez García Clarinito:
Manuel Sánchez Martínez Pérez:
Pablo Hernández Ferrández El
capitán Pitito: Javier Nieto Roca Un
sereno: Enrique Fernández Valdés Guardia:
José Miguel Toro Carrasco Serafín
el Bonito: Ferrán Alarcón Correcher Un
preso: Antonio Manuel Berná Ortigosa Don
Filiberto, redactor jefe: Javier Nieto Roca Ministro
de Gobernación: Andrés Iglesias Castelao Dieguito,
secretario de S. E. el ministro: Federico
Alarcón Martínez El
ujier: Germán Gutiérrez Gómez La
Cotillona: Amparo
Moreno Viudes La
Lunares: María
Belén Pérez Queipo Rubén
Darío: Antonio Sala Buades Un
joven desconocido: Enzo Blanco Pérez Romualda:
María José García Marcos La
empeñista: Marina Gallud Carbonell Una
portera: Carolina Medina Martín Una
vecina: Trini Gómez Pérez La
costurera: Paqui Delgado Cano La
señá Flora: Emma Pérez Beviá La
Cuca: María
Luisa Molina Gallego Basilio
Soulinake: Héctor Lucas García El
Pollo del pay-pay: Juan de Dios Conesa Girona La
Pacona: Ana
Meléndez Zomeño |
|
Equipo técnico, decorados y atrezzo Emma Pérez Beviá, Laura Gutiérrez Gómez, Antonio Ruiz
Hurtado, Marisol Cos Delgado, José Antonio Vallejos González y José Miguel
Toro Carrasco |
|
Maquillaje María José Conesa Bleda e Inés Martínez Conesa |
|
Colaboraciones especiales Carlos Urrutia, Museo de la Imprenta, Real Club Náutico de
Torrevieja, parroquia de la Inmaculada, Sociedad Cultural Casino de
Torrevieja y Berbois S. L. |
|
Diseño
de cartel César Rodríguez Mateo y Natividad Pérez Caselles |
|
Dirección Josefina Nieto Gómez y Eliseo Pérez Gracia |
Valle-Inclán. Eximio escritor: ¿extravagante ciudadano?
«Estuvo el comienzo de mi vida lleno de riesgos y azares. Fui hermano
converso en un monasterio de cartujos y soldado en tierras de Nueva España. Una
vida como la de aquellos segundones hidalgos que se enganchaban en los tercios
de Italia por buscar lances de amor, de espada y de fortuna. Como los capitanes
entonces tengo una divisa, y esa divisa es como yo, orgullosa y resignada:
"Desdeñar a los demás y no amargarse a sí mismo"».[3]
Por ello,
máximo divulgador de su patraña, debido a su carácter pendenciero y provocador,
cuando era detenido, se identificaba como coronel general en Tierra Caliente. Y
pronto devino en contestatario, insumiso y bohemio: «Flaco hasta la
momificación», con «una barba ninivita del siglo
xix antes de Cristo», mediana estatura, casi siempre con anteojos, capa
y sombrero, al decir de Ricardo Baroja. Su conducta vehemente le hizo perder el
brazo izquierdo a consecuencia de una riña con el periodista Manuel Bueno en la
Café de la Montaña, del Hotel París de la capital española, en 1899: corría el
bulo, alimentado, entre otros, por Valle, de que Bueno cobraba como ¡ama de
cría! en el Ayuntamiento de Madrid, rebajado de servicio; en una ocasión, Valle
disertaba, entusiasmado, sobre el duelo como una de las Bellas Artes; la
animadversión de Bueno le hizo intervenir para quejarse de que el duelo era
improcedente ya que uno de los contendientes era menor de edad, y que además
era ilegal; a Valle molestó la interrupción y amenazó; Bueno le propinó un
bastonazo en la muñeca izquierda que le clavó el gemelo y le rompió los huesos
del antebrazo: provocó una gangrena y hubo que amputar el brazo.
A principios
de siglo Valle-Inclán pasó por ser el nuevo sacerdote del arte modernista:
cuidó su estrafalario aspecto, con larga barba de pelo cano, chambergo y
chalina. Y, aunque llegó a vivir casi en la indigencia y pasó hambre, nunca
aceptó limosna o comida por caridad, y jamás se planteó alterar sus obras para hacerlas
más comerciales: optó por ser coherente con su arte aunque no fuera comprendido
ni rentable.[4]
Sin duda,
Valle-Inclán es el más insigne autor de novela modernista española y el creador
de una nueva técnica teatral vanguardista y comprometida con su sociedad. En
sus cuatro Sonatas (1902-1905) y en Flor de santidad (1904) muestra su
anhelo exhibicionista de belleza y su desprecio de lo vulgar y ramplón. En las Sonatas, el protagonista es el marqués
de Bradomín, personaje de pensamiento carlista, que encarna sus propios
ideales, aunque el carlismo de Valle, confeso, siempre fue una pose: veía en el
carlismo «el encanto solemne de las bellas catedrales».
Políticamente
evolucionó desde posiciones tradicionalistas y religiosas –carlista
conservador, antiliberal, antiburgués, pero con cierto sesgo nobiliario– hasta
el republicanismo y el compromiso solidario. Este cambió se fragua con su visión
estelar de un momento de guerra, en 1916, durante su estancia en la Francia
de la I Guerra Mundial: acérrimo aliadófilo, ese año escribe La media noche[5]. Sin dejar de
considerarse un esteta –un escritor de constante voluntad de estilo–, progresa
hacia una relación arte-vida adversa al modernismo, por considerarlo en esta
época un baluarte del inmovilismo de la tradición:
«[A mi literatura] la amé tanto como aborrecí esa otra, timorata y
prudente de algunos antiguos jóvenes que nunca supieron ayuntar dos palabras y
por primera vez [e], incapaces de comprender que la vida y el arte son una
eterna renovación, tienen por herejía todo aquello que no hayan consagrado tras
siglos de rutina» (Corte de amor,
1908).
Se opuso al
Gobierno de Alfonso xiii
(1902-1931) y, en especial, luchó contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera
(de 1923 a 1930), hasta que, en 1933, se afilia al Partido Comunista de España
(PCE) y preside el I Congreso de escritores y artistas revolucionarios y la
Asociación de amigos de la Unión Soviética (URSS). En 1935 ostentará la
presidencia de honor de la campaña nacional contra la pena de muerte. Primo de
Rivera, poderoso rival, lo tachó de «eximio escritor y ciudadano extravagante».
En 1907,
contrajo matrimonio con la actriz Josefina Blanco, de la que se separa en 1932,
y con quien tuvo una hija, María Concepción.
La imagen de
intelectual polemista y las acendradas críticas al establishment, le granjearon numerosos enemigos. La desafección del
presidente de la RAE, Antonio Maura, y de su secretario, Emilio Cotarelo y Mori
(de 1913 a 1936), le cerraron la puerta de la Academia, «la Docta Casa».[6]
En homenaje a tan egregio escritor, el Círculo de Bellas Artes, de Madrid, ha institucionalizado «La noche de Max Estrella» que consiste en una ruta guiada por calles y callejuelas de la bohemia madrileña de principios de siglo xx la noche del 26 de marzo, víspera del Día internacional del teatro: dramatizaciones, performances, happenings, librerías y bares donde pernoctar leyendo, bebiendo y comiendo.
Dos ediciones (1920 y 1924): ¡Segundas partes... fueron buenas!
La editio princeps de Luces de bohemia apareció, por entregas sabatinas, en el semanario España (Madrid), dirigido por Luis
Araquistain:[7]
desde el 31 de julio al 23 de octubre de 1920. Se publicaron doce escenas.[8]
En 1924, Valle añade tres escenas (II, VI y XI) y realiza ligerísimos retoques en el resto:[9] se edita en formato de libro (imprenta cervantina, Madrid, editorial Renacimiento), con fecha de colofón de 30 de junio de 1924. ¿Por qué modifica la obra? ¿Son cambios sustanciales?
Sí. En apenas cuatro años (de 1920 a 1924), el autor tiene una visión nueva de España: la Historia Moderna es pura golfería amoral –venía a afirmar Valle-Inclán–, ya que, tanto políticos como militares, reyes como lumpen y pueblo llano: «los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime». (LB, 6).[10] En la edición de 1920 el sentido de la obra se reducía a Max Estrella «vivaqueando por las tabernas y calles del submundo madrileño»: el drama resultaba una expresión nihilista, pues Valle no deja títere con cabeza, todo es maldecido y no hay futuro esperanzado. Sin embargo, en 1924, el dramaturgo ha experimentado una evidente toma de conciencia que quiere compartir con sus lectores: Valle, como Max Estrella, conjuga lucidez y desesperación, y se pone del lado de las víctimas (aunque sin maniqueísmo, ya que retrata las debilidades morales y los vicios de Max, por ejemplo). Las tres escenas son claves para resaltar una intención más punzante del drama: en esas tres escenas aparece escénicamente (aunque no se persone) el Preso, y acaecen las dos muertes por violencia de Estado: el Preso (asesinato) y un niño (¡daño colateral!). Con este primer desenlace del drama, pierde el sentido que el artista se guarezca en la torre de marfil –trasunto literario del guardillón o casa de Max Estrella–: carece de sentido la bohemia modernista y purista del arte por el arte. Ahora lo estético y lo ético se funden: para ello las escenas VI y XI son irrenunciables e insustituibles. Pero aún es más: con la incursión de las tres escenas de 1924, el dramaturgo da entrada a personajes que no son grotescos, o que se resisten más a la degradación teatral: el Preso, como dijimos, la Madre y el Albañil. El Preso es un héroe al modo clásico, un mártir; el Albañil confiere algo de esperanza al proletariado militante: el proletariado, como colectivo, es el nuevo protagonista revolucionario, el nuevo héroe de la Historia que comienza a llegar a España después de las revoluciones francesa (1789) y rusa (1917). Con la escena XI se incorpora –menos mal– el auténtico dolor que subyace a la superficie del «hiperbólico andaluz». Es el reflejo del «sentido trágico de la vida española» (LB, 12). El humor de Luces de bohemia, antitrágico, nos permite digerir la angustia del protagonista, en la nueva línea estética del esperpento: contraste de lo trágico y lo grotesco, de patetismo y comicidad. En las dos imágenes contemplamos a los actores Eliseo Pérez y a M.ª Luisa Molina, que encarnaron a Pica Lagartos y a la Cuca, respectivamente, en el estreno de Ars Creatio; las fotos son gentileza de Darío Pérez. TorreviejaOn, a quien agradecemos su generosidad al permitir ilustrar esta serie de artículos con numerosas instantáneas de su propiedad.
Censuras y mutilaciones
Lamentablemente la obra no fue estrenada en vida del autor. Durante los años del franquismo (1939-1975), Luces de bohemia estuvo censurada y, cuando se permitió su publicación, fue mutilada. Se omitieron, por ejemplo, pasajes de la escena X (el diálogo entre Max y la Lunares) y la escena VI completa.[11]
Superación del Modernismo y del 98
La producción
literaria de Valle-Inclán pertenece al movimiento estético finisecular del xix y de albores del xx: el Modernismo y la generación del
98. Ahora bien, en 1920-1924, el propio Valle considera superadas estas
corrientes[12] y da comienzo a una
propuesta de vanguardia con un modelo teórico-práctico que él mismo bautiza
como esperpento y que es válido tanto
para la novela como para el teatro. En la narrativa, el paradigma de gran
novela esperpéntica es Tirano Banderas
(1926); en el drama, el paradigma de gran teatro esperpéntico es Luces de bohemia (1920-1924).
Todavía en
1904, cuando fue concedido el Premio Nobel al dramaturgo español José Echegaray
(1832-1916), Valle-Inclán no quiso adherirse al escrito de rechazo de tan
elevado galardón por tachar al laureado de excesivamente conservador. Firmaron,
entre otros, en contra de Echegaray, Unamuno, los Machado, Rubén Darío, Azorín,
Baroja o Maeztu; sin embargo, Valle pronto empezó a llamarlo viejo idiota. Exaspera a Valle que casi
todas las obras de Echegaray girasen alrededor de la infidelidad de una
historia personal en el matrimonio –«autobiografías de un marido engañado»–: de
hecho, se ha afirmado que, en Luces de
bohemia, se inspira Valle en Echegaray cuando Serafín el Bonito (escena V) afirma: «Sepa usted
que don Paco es mi padre»; quizás el gallego está rememorando una supuesta
anécdota (tal vez pura leyenda): al acercarse un hijo de Echegaray, le dijo
algo similar: «Sepa usted que don José es mi padre», y Valle le espetó: «¿Está
usted seguro?».
Procedente de
las inquietudes de la generación del 98, Valle suma a las preocupaciones
estéticas un alcance ético del arte, esto es, plantea y defiende la simbiosis
arte-compromiso social (implícito); por ello, en el Valle-Inclán postrero
contemplamos la denuncia de lo inicuo y de lo negligente, de lo corrupto y de
lo insolidario.
Así y todo, el
arte literario de Valle-Inclán deriva de sus gustos anteriores y algunas de sus
características se mantienen, aunque adaptadas, en sus esperpentos. ¿Cómo
manifiesta Valle indudable la superación del Modernismo, como derivación de la
corriente neorromántica?
—La necesidad de escapar de la
sociedad burguesa dominante se expresa en el Modernismo de dos maneras: con el
exotismo espacial y el alejamiento temporal hacia el pasado, y con el
cosmopolitismo. Valle data y ubica el esperpento en el aquí y ahora. Del 98
recupera el «Me duele España», de Unamuno, es decir, el tema de España: se
decanta contra la mala praxis política, contra la generalización de la penuria
económica y de la deficiencia cultural y moral de la población en todas sus
esferas. De aquí que recoja las consecuencias funestas de la política espuria
con sucesos de la intrahistoria: lo cotidiano y lo individual como sórdida
trama del argumento, si bien son frecuentes las referencias y menciones de vida
política de la reciente historia de España.
—Desaparecen los temas eróticos,
o amorosos, y toman protagonismo los de la sátira y la parodia socio-política.
En el teatro, predomina lo español (Luces
de bohemia); en la novela, lo hispanoamericano (Tirano Banderas).
—El predominio de lo subjetivo se
manifestaba en reacciones vitalistas (o eufóricas) y pesimistas (o decadentes),
con exaltaciones tanto de los placeres como de la melancolía o la frustración,
respectivamente. El esperpento valleinclanesco retoma preocupaciones
existenciales: expresa disconformidad por la angustia vital que sufre el
menesteroso pueblo español. En Luces de
bohemia domina la vertiente reflexiva del pesimismo profundo del filósofo
Arthur Schopenhauer: v. gr., la
muerte (o el suicidio) como huida, alejado de la consideración tradicionalista
y conservadora de la religión reaccionaria. Solo la muerte dignifica, parece
decir el Valle-Inclán de Luces de bohemia:
la muerte del Preso, la muerte de Max... y la muerte de su familia.
—La delectación por el estilo de la obra perfecta se mantiene, pero, en el último Valle-Inclán, la belleza no es función estética solamente, sino que su innovación lingüística incorpora un ingrediente de mordacidad en su literaturización: metáforas cosificadoras o animalizadoras, sinestesias y descripciones sensoriales creadoras de atmósfera ridiculizada.
Max Estrella rompe con el Modernismo explícitamente en LB, 4:
DORIO: Los poetas somos
aristocracia.
MAX: Yo me siento pueblo.
Título: luces –de bohemia
Del título de
nuestro drama teatral emanan contrastes que recuerdan el libro póstumo del
bohemio Alejandro Sawa, Iluminaciones en
la sombra: luces y tinieblas: una recopilación de artículos de 1901 a 1905
que suponen el primer diario de la intimidad literaria. El título de la obra de
Valle-Inclán, «en el plano real, alude al ambiente bohemio, nocturno, alumbrado
artificialmente por velas, candiles y lámparas de acetileno (...), pero, en el
plano simbólico, (...) juega con el significado de la palabra luz como ‘inteligencia’ o ‘lucidez’, y
hace referencia a la capacidad de Max Estrella para llegar a la verdad, para
alumbrarla (Estrella) en un mundo (noche) en el que la actitud más general
es mantener los ojos cerrados».[13] La oscuridad, los
claroscuros, el tenebrismo simboliza, en todo el drama, el profundo fracaso
existencial y artístico de la sociedad española de los últimos lustros.
Quizás esas
luces de bohemia a las que evoca el título sean los rasgos esperanzadores entre
tanta sombra para un público observador y emprendedor.
Estamos ya en disposición de someternos a una nueva pregunta: ¿Qué era la bohemia de principios de siglo xx? ¿Acaso somos nosotros bohemios? ¿Tú, que estás leyendo esto ahora, eres un bohemio, una bohemia?
La bohemia: la poetambre
El personaje
de Max Estrella, el personaje central sobre el que pivota la obra hasta la
escena XII, está basado, sin duda, en dos escritores reales: el sevillano
Alejandro Sawa (1862-1909) y el propio Valle-Inclán. Ambos literatos
representan la bohemia heroica del Modernismo español: la bohemia más digna, la
del insobornable modernismo víctima del aburguesamiento y del capitalismo
exacerbado del realismo y del naturalismo: la bohemia de la poetambre.[14]
¿Qué se
entiende por bohemia literaria en estos instantes del declive español tras el
desastre de 1898? El concepto de bohemia
procede del Romanticismo: la primera persona en usar la expresión fue, a
mediados de siglo xix, George Sand
–pseudónimo bajo el que se esconde una escritora francesa–: «una actitud de inadaptación y de
protesta romántica e individualista contra el capitalismo y la clase burguesa»:
«reivindicación, pues, de libertad, de hedonismo vital, del placer de la
literatura y el arte, es decir, de valores despreciados socialmente por la
mentalidad burguesa dominante»[15], esto es, por el llamado
filisteísmo. Frente a los ramplones filisteos, Valle-Inclán propuso un «refinar
de sensaciones». (La foto de Valle sentado, es foto de estudio debida a la
habilidad de Alfonso [Alfonso Sánchez García], 1930).
No obstante,
para sobrevivir en un ambiente caótico y enviciado que no ofrecía empleo –ni,
mucho menos, oficio literario–, los bohemios como Valle se ven obligados a
«hinchar telegramas» en las redacciones de periódicos o a «perpetrar
traducciones» (LB, 4). Nuestro autor,
para cubrir sus mínimas necesidades de comer, se rebajó a ocupaciones villanas
como la de componer versos publicitarios a modo de eslóganes y a escribir
novelas folletinescas (por entregas) que tanta repugnancia le daban: La cara de Dios (1899, inédita).[16]
Ahora bien, sabemos que Valle siempre se aferró a su vocación de escritor para
afrontar la vida de la sobrevivencia. He aquí la historia de los versos
dedicados por Valle a la Harina
Plástica, específico-remedio de todos los males de estómago y de la garganta,
registrado, en 1900, por el empresario catalán
Teodoro Llopis. Para dar a conocer su producto, el señor Llopis decidió seguir
la misma estrategia que empleaban los dueños del jabón de los Príncipes del
Congo, que acostumbraban a publicar en las revistas Mundo Gráfico y Nuevo
Mundo versos como éstos: «Desde Toledo a Busdongo, / desde la China al
Japón, / no hay nada como el jabón / de los Príncipes del Congo». Para ello
recurrió a Ramón del Valle-Inclán quien, según narró Mario Verdaguer en su
libro Medio siglo de vida íntima barcelonesa (editorial Barna, 1957), recordaba el hecho de esta manera:
«Acepté porque los tiempos eran terribles y les hice esta cuarteta:
En toda
fiesta onomástica
os digo: comed, bebed,
atracaos, absorbed
la dosis de Harina Plástica».
Ricardo
Baroja ratifica el hecho en su libro Gentes del 98: arte, cine y
ametralladora (editorial Juventud,
1952) y afirma que también sería de Valle-Inclán la siguiente
composición:
Retorciendo
la filástica,
un cordelero enfermó;
pero al punto se curó.
¿Cómo? Con la Harina Plástica.
Por
cada composición Valle-Inclán recibía dos duros [10 pesetas]. Así estuvieron
cierto tiempo hasta que el escritor gallego le propuso al cliente la siguiente quintilla
(para superar las redondillas anteriores):
La
pesadilla fantástica
os agobia de infernales
noches, los estomacales
jugos, con la Harina Plástica
reconfortaos. ¡Animales!
«El
inventor se alarmó. Discutimos», explicaba Valle-Inclán a unos amigos que le
habían organizado una cena homenaje en Barcelona con motivo del estreno de La
Cabeza del Bautista en la ciudad condal (25 de marzo de 1925), dirigida por
Cipriano Rivas Cherif: «Le aseguré que aquello era simbólico y me dio los dos
duros, a pesar de que la quintilla no apareció ni en el Nuevo Mundo ni
en el otro». El primero en publicar esa quintilla fue Ricardo Baroja en Gentes
del 98: los versos que habían provocado el cisma entre el escritor gallego
y el empresario, en realidad, no eran de Valle-Inclán, sino de uno de los
jóvenes escritores que acudían a sus tertulias y que, con ese tipo de
aportaciones literarias, pretendían echarle una mano al maestro, que siempre
las podía ofrecer al empresario a cambio de diez pesetas.
Los valores que se arroga el bohemio heroico –el de la
santa o auténtica bohemia– son, sintéticamente, los siguientes: libertad,
independencia, desprecio de las convenciones y prejuicios, anhelo de
singularizarse por encima de la mediocridad social circundante, culto a la
literatura.[18]
El tiempo ya no es oro: el tiempo es, a lo sumo, laborocio del arte por el
arte. Ello aboca al bohemio a construir un personaje, con aspecto y talante que
logre épater le bourgeois; Unamuno lo
tradujo con ironía y dureza como «dejar turulato al hortera»: escandalizar,
molestar con exabruptos virulentos o boutades
y con estrafalarias indumentarias, barbas, etc. a la clase acomodada: ser
personal y políticamente incorrecto.
¿Cómo se pagan estos gestos de protesta? Con una
condenación voluntaria de marginación y cierta miseria; para Sawa y para
Valle-Inclán fue una vivencia tan feroz como feraz. La penuria extrema les
alcanzó en ocasiones, condenados a un malestar social: y ello porque el arte se
concebía como dolor –al socaire del malheur[19],
de Baudelaire.
Los bohemios, empero, no constituían un sector de
compromiso activo y eficaz, como pretendieron los arribistas del siglo xviii y los promotores de la propaganda
de agitación (agitprop) inminente: el bohemio habla, pero no ejecuta;
imagina proyectos, pero no los desarrolla. Desencantados
de la política –y por la política oficial–, solo el arte confiere sentido a su
existencia. Ese pasotismo se nutre de su desesperanza por poder cambiar el
mundo. Es un pesimismo que conecta con el spleen
decimonónico de Larra («Escribir en Madrid es llorar»), ya que la literatura se
ha depreciado: «Pienso, como tú, que una oda es buena / de un billete del Banco
al dorso escrita», se lamentaba G. A. Bécquer cincuenta años antes; para Max
Estrella «La literatura es colorín, pingajo y hambre» (LB, 8). Un paso más para que, en los albores del siglo xx, fascine a los artistas bohemios el
efecto destructor de la violencia anarquista. La bohemia concienciada –como Max
Estrella a partir de hablar con el Preso catalán en LB, 6– quiere lanzar explosivos estéticos con los que atentar
contra el aburguesamiento dominante, quiere erigirse en un hombre de letras con
pólvora en su tintero.[20]
Alex Sawa lo pasó tan mal que se vio obligado a escribir una doliente carta a Rubén Darío (14 de julio de 1908) reclamándole que le pagara su trabajo de negro:[21]
¿Me impulsas a la violencia? Pues sea. Yo no soy el amigo herido por la desgracia que pide ayuda al que consideraba como un gran amigo suyo: soy un acreedor que presenta la cuenta de su trabajo. Desde el mes de abril hasta el mes de agosto de 1905, yo he escrito por encargo tuyo hasta ocho cartas (de las cuales conservo en mi poder seis) que han aparecido con tu firma en el periódico de Buenos Aires, La Nación, en las fechas y con los títulos siguientes: (...) No me has pagado por esos trabajos, como recordarás, sino setenta y cinco pesetas en dos veces. Estos artículos, por su extensión, por ser yo el autor de ellos y por la importancia del periódico donde se publicaron, valen cien pesetas cada uno, aplicándoles una evaluación modesta. Descontadas, pues, las setenta y cinco pesetas recibidas, quedan a mi favor 525, que yo te invito a pagarme enseguida, puesto que no tengo consideración ninguna que guardarte y que las necesito. (...) No te extrañe que en caso de insolvencia por tu parte lleve el asunto a los Tribunales y dé cuenta a La Nación y a tu Gobierno de lo que me pasa. Yo lo haré todo y lo intentaré todo por rectificar estas anomalías de tu conducta. En cambio, puedes contar con mi más absoluto silencio a satisfacción, sin escándalo a mis reclamaciones. Serás en lo porvenir, como un muerto, o, mejor, como si no hubieras existido jamás. [Y en otro momento] Creyendo en mi prestigio literario he llamado a las puertas de los periódicos y de las cavernas editoriales [apunta A. Sawa] y no me han respondido; crédulo de mis condiciones sociales –yo no soy un ogro ni una fiera de los bosques– he llamado a la amistad, insistentemente, y esta no me ha respondido tampoco. ¿Es que un hombre como yo puede morir así, sombríamente, un poco asesinado por todo el mundo y sin que su muerte como su vida hayan tenido mayor trascendencia que la de una mera anécdota de soledad y rebeldía en la sociedad de su tiempo?… Ven y levántame, tú que vales más que todos… si en las letras españolas tú eres como un Dios, yo he tenido la suerte de ser tu victorioso profeta.
Valle-Inclán
detecta en la bohemia el síntoma de una
dolencia. No sitúa al esperpento dentro exclusivamente de la bohemia,
porque su sátira no se ciñe solo a lo marginal: se circunscribe a todo un mundo
«absurdo, brillante y hambriento». La bohemia, en efecto, desempeña una función
simbólica en el todo que es España:[22]
es un sector aislado, en el que cae inexorablemente la maldición de la
indiferencia del poder establecido. Mas la sátira salpica a todos los
estamentos: los del mando (políticos, policía...) o los del mando y el interés
(en pos del dinero) o los mandados del pueblo llano y anónimo.
En conclusión: Valle coincidió en muchas de las pautas y costumbres de la bohemia: complacencia por la automarginación de los círculos acomodados y convencionales, interés cultural y artístico, relativa penuria económica, vida nocturna, gusto por el cosmopolitismo vital (Madrid, México, Roma), con abundantes cambios de residencia, satisfacción por llamar la atención con el desarreglo de su aspecto, vida familiar mínimamente ordenada; pero no sucumbió a la bebida ni a la droga. A muchos de los bohemios este tipo de vida les llevó a un final luctuoso: caso palmario fue el de Dorio de Gádex –pseudónimo del gaditano Antonio Rey Moliné (1887-1924)–, poeta muerto en Madrid con toda seguridad por una inyección de morfina que le pidió a su mujer el día antes de su trigésimo séptimo cumpleaños, recién leído su nombre en el guion de Luces de bohemia.[24] Por el contrario, Valle se concentró en dignificar su propia obra hasta el último aliento de vida. Fue la suya, pues, una bohemia controlada y fecunda: la genialidad del artista sin el talento para vivir.
El descenso a los infiernos: un viaje con-sentido. Argumento
El argumento de Luces de bohemia se reduce, concisamente, a la ruta o paseo de una pareja de desahuciados poetas, durante una noche, por la bohemia madrileña de principios de siglo xx. La acción se distribuye en quince escenas (o secuencias), a modo de retablo dramatúrgico.[25] El hilo conductor, hasta la escena XII es Max Estrella, poeta, ciego, pobre, cesante y alcoholizado[26]. A continuación, viene el entierro y el devenir de don Latino.
1. Casa (buhardilla) de la familia de Max Estrella. Mujer e hija de Max, bastante andrajosas, quedan sin cena que llevarse a la boca. Atardecer en el centro de Madrid. 2. Librería de Zaratustra. Acompañado de su lazarillo y presunto amigo, don Latino de Hispalis, decadente escritor menor, intenta recobrar unos libros suyos que don Latino empeñó a un librero avariento. No lo logra. 3. Deciden ir a tomar unos vinos baratos a la taberna de Pica Lagartos;[27] la hija de una vendedora requiere a Max un décimo de lotería que no ha pagado: lo devuelve, pero empeña su capa para recuperar después el décimo capicúa. La chica de la lotería se ha marchado: de noche, con frío (y sin capa), se lanza a la calle a la búsqueda de la suerte que lo saque de la miseria. 4. Calle y Buñolería Modernista. Por fin, Max compra el décimo. Se produce un encuentro con un nutrido grupo de Modernistas: un coro de seis poetastros; bastante borracho y eufórico, Max jalea en la calle, se ríe de un policía y es detenido. 5. Comisaría de policía. Es conducido a la comisaría por alboroto público y falta de respeto a los guardias que le recriminan su actitud. Continúa la burla y es encarcelado esa noche. 6. En el calabozo conoce a un preso catalán, un anarquista al que persiguen sin descanso desde su participación en la Semana Trágica de Barcelona y al que han maltratado físicamente. Max toma clara conciencia de la diferencia entre el idealista puro, firmemente comprometido con el pueblo, y la actitud crítica pero pasiva o alienada y poco comprometida de los bohemios. 7. Simultáneamente a la escena del calabozo, don Latino y el grupo de Modernistas acuden a la redacción de un periódico para que, desde allí, se presione y se exija la libertad de Max a las autoridades políticas. 8. Una vez libre por esta acción de poder fáctico tan determinante como la prensa, Max sube al despacho del ministro de la Gobernación [hoy diríamos de Interior]: protesta por el abuso de poder de la policía, pero se olvida incomprensiblemente del caso del anarquista catalán; su denuncia se centra en su personal deterioro y su penuria. El ministro se apiada y ve la oportunidad de comprarlo con una paga mensual (una paga del fondo de Reptiles[28]: el de la misma Policía que torturó al Preso) y unos billetes en mano. Indolente, ante el ministro, nada reivindica de un pueblo sometido a desmanes y empobrecimiento. 9. Aprovecha el dinero del ministro para darse una buena cena con su amigo don Latino, en un café de lujo (el Café Colón), donde tropiezan con Rubén Darío a quien asimismo invita, en evocación del gran París. Nunca recuerda Max la situación penosa de su famélica familia. 10. Ciegos de alcohol, Max y don Latino continúan su paseo: ahora conversan y retozan en medio de un jardín poco iluminado con unas prostitutas que ejercen su oficio con la complicidad de la policía a la que sobornan. 11. Prosigue el descenso al infierno de estos bajos fondos madrileños: en medio de la calle acontece una trifulca entre manifestantes y policías o grupos paramilitares a la que no se hace caso: en este trance de disparos y tumulto por una carga policial, solo se vive y se escucha en primer plano un coloquio trivial; no obstante, una bala perdida hiere mortalmente a un niño en brazos de su madre: esta llora a gritos sin soltar a su bebé. Max, de nuevo destrozado al oír a la trágica mujer, se enoja por la indiferencia de la mayoría de los vecinos presentes, preocupados en ellos y ni siquiera en consolar a la pobre madre. Ante el clamor de la madre, Max vuelve a tomar conciencia de la tragedia colectiva: siente que ya no puede aguantar más la angustia de su corazón; pero la situación emocional de Max se agrava al comunicarle en ese instante de clarividencia que una ráfaga ha causado la muerte del preso catalán, en aplicación de la perversa ley de fugas. 12. Deshecho anímicamente, Max llega a la puerta de su casa al amanecer: aterido y afligido, languidece de frío y de tristeza; sin embargo, don Latino no se entera de qué ha sucedido y de qué está sucediendo: se niega a abrigarlo y, cuando reconoce que está moribundo o muerto, le roba el décimo de lotería. 13. A la mañana siguiente, unas horas después, vecindario y gente conocida acuden al velatorio de Max: su mujer y su hija quedan en situación de absoluto desamparo. 14. Por la tarde, para el entierro, concurren en el cementerio solo Rubén Darío y el marqués de Bradomín, don Latino y el ministro amigo. Los sepultureros entran en curiosa y banal conversación con Bradomín y Darío. 15. Concluye el drama en la taberna de Pica Lagartos. Don Latino está en la taberna gastándose el dinero del décimo de lotería que había salido premiado: no pensó en ningún momento en compartirlo con la viuda y la hija huérfana de Max. En la apestosa taberna, todos los presentes quieren parte de ese botín. En medio de la disputa, leen una noticia del diario de la tarde y se enteran del más que probable suicidio de la mujer y de la hija de Max Estrella, que han muerto sin saber que el ministro les había adjudicado una pensión y que don Latino tenía el décimo de lotería premiado.[29]
La situación histórico-trágica de España
¿Cuál era la situación histórica de España? ¿Provocó
esa situación el nacimiento de un nuevo género literario como el esperpento?[30]
La grave situación de España y los atropellos del
sistema de poder marcan un cambio en lo que el artista quiere (y debe)
re-presentar y, además, influye en proponer una nueva forma de presentarlo:
partiendo de la caricatura, la sátira y lo grotesco, Valle-Inclán inventa un
nuevo género: el esperpento.
Tracemos un hilo cronológico de los hitos que son relevantes para la creación del trasfondo histórico en el que se sumerge el esperpento de Luces de bohemia, desde la Restauración –la restauración borbónica–. El primer suceso determinante sobre el que gravita nuestra pieza teatral es la Semana trágica de Barcelona (del 26 de julio al 2 de agosto de 1909). En Luces de bohemia, hay referencias y alusiones históricas, pero sin el respeto del orden cronológico ni la clase didáctica: los acontecimientos se mezclan, se superponen, sin caer necesariamente en el anacronismo. Solo incumbe al dramaturgo forjar una atmósfera de aconteceres históricos de los tres últimos lustros (1909-1924). El atraso y la pobreza secular del pueblo español obligan a los escritores más intelectualizados a comprometerse. La supuesta grandeza de una España beligerante y soberbia, que ha perdido las colonias de ultramar, carece de fundamento: el belicismo para defender las posesiones del norte de África arruina al país y provoca tensiones gravísimas entre las autoridades y la población que es obligada a ir a la guerra; para no ir a la guerra, había que pagar unas cuotas: es decir, solo iban los pobres. (Traigamos a colación, los cuadros La carga [1899], del barceloní Ramón Casas y Carbó, Museo comarcal de la Garrocha, en Olot, y Después de la refriega (1904), del valenciano Antonio Fillol Ganel, Museo de Bellas Artes, en la capital del Turia).
Valle, desde 1916 con claridad, experimenta
un giro: la literatura modernista dará paso a una posición que, en
Valle-Inclán, es un retorno a las posiciones de la generación del 98: es el
«hijo pródigo del 98», en palabras de Pedro Salinas, pero con ribetes de
sarcasmo y de rebeldía que venían a exigir y proponer cambios. La represión
política y policial es tan aterradora y tan fuera de escrúpulo que lo ético es
tomar partido y comprometerse. Valle denuncia y protesta, porque se ha impuesto
la leyenda negra como realidad –no como invento o esperpento surrealista–: «La
Leyenda Negra, en estos días menguados, es la historia de España» (se duele
Max, LB, 11, «mascando ortigas»).[32]
España se había desconectado de Europa (y de la
modernidad): son males arraigados sin visos de solución. Exclusivamente
quedaba, para pavonearse en el extranjero, la gloria del modernismo artístico:
Rubén Darío, en la literatura, Antonio Gaudí, en la arquitectura. No había
florecimiento en otros menesteres de trascendencia ciudadana y colectiva:
declive de la cultura laica y democrática, inexistencia de estructuras económicas
de nueva productividad, inmovilismo en las transferencias de propiedad: todo
ello incrementaba el estado de miseria generalizado y cada vez más profundo.
Las glorias nacionales son producto del populismo interior: toreros y folklóricas.[33]
Valle arremete contra los causantes políticos, verdaderos peleles que solo
tienen tiempo para guardar su silla: «Con mi rebeldía creo que soy el más
patriótico de todos mis contemporáneos. Y creo que, siendo la gobernación
actual cosa tan detestable y aborrecible, colaborar con la obra del Estado es
contribuir con nuestro esfuerzo a la perdición de España: Yo, cuando alguno de
mis amigos se hace político –¡político!– y como tal se encumbra y medra, dejo
de saludarlo».
En El Heraldo de Madrid (30-6-1925), poco después de la edición completa de Luces de bohemia, Valle responde a una entrevista:
Mire: si usted me pregunta «¿Cree usted que deben intervenir en política los intelectuales que cobran tres o cuatro sueldos del Estado, los intelectuales que tienen una posición cómoda y miedo de perderla?», entonces le responderé que no. Ésos me explico muy bien que no quieran arriesgarse a los azares de la política. Pero los demás..., los demás podemos y debemos intervenir resueltamente.
El obrero no estaba representado en absoluto por ningún político del Parlamento español hace cien años. Como colectivo, es, probablemente, una de las primeras veces que toma conciencia de que debe gritar «¡Basta!» y salir a la calle a reivindicar sus derechos. De aquí que la represión que sirve de fondo o que tiene incursiones en la acción de Luces de bohemia se realice en lugares abiertos (en la calle): atropellos, ráfagas, carreras de manifestantes... y la ejecución de la ley de fugas, implantada manu militari en 1921 y denunciada con premonición por el Preso (LB, 6): «A esto llaman justicia los ricos canallas».
La obsesiva necesidad del dinero
Muchos de los personajes de Luces de bohemia andan buscando, de donde sea, dinero: son
menesterosos que lo necesitan desde la escena I, cuando expulsan a Max del
periódico: «¿Dónde gano yo veinte duros?», o la escena II: «intelectuales sin
dos pesetas», o la escena III: «Por siete pesetas, (...) me sacarán la vida»...
¿Cómo se ganan la vida los personajes del inframundo
retratados en Luces de bohemia? El
dinero se obtiene de operaciones relacionadas con la lotería, el consumo
desaforado de vino y buñuelos, los empeños de prendas, la usura y compra-venta
de segunda mano, la prostitución... Y los que están situados en los estamentos
del poder cobran con sospecha de fraude y corrupción: prensa y administración
del Estado corrompidas, policía y guardias sobornados o paniaguados.
Los mismos protagonistas de la trama –antihéroes de la
acción–, Max y don Latino, se acanallan en escena a la vista de todos (lector/espectador):
don Latino con el engaño confabulado con el librero Zaratustra (LB, 1 y 2) y con el robo del décimo de
lotería sin hacer partícipes a sus dueñas verdaderas (LB, 12ss.); Max muestra su debilidad forzado por la situación de
escasez económica y acepta ser untado por el ministro (LB, 8), pero, lo que es peor aún, no comparte su dinero con su
famélica y expectante familia (LB,
9ss).
Sobre el concepto de propiedad también se expresan, sin pudor ni alipori, algunos personajes de Luces de bohemia. Interesa confrontar dos posiciones: quienes defienden a ultranza y sin miramientos de represión la propiedad privada (Pica Lagartos –el tabernero–, el Empeñista y el Refugiado) y quienes la repudian radicalmente (el Preso anarquista): «El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza»... para que no surjan herederos, apostilla (LB, 6).
1909
Semana trágica.
Contra Maura.[34]
Represalia del
general Weyler[35]
1910 (-1919)
Revolución mexicana
1914 (-1918)
I Guerra mundial
(Valle-Inclán en Francia, 1916)
1917
Crisis y huelgas:
sin alternativas de la Restauración.
Las Juntas de Defensa (militares)
y paramilitares de los patronos.
Revolución rusa
1918
Paro y hambre
1919
Subidas del IPC:
huelgas y carestía de vida,
represión de asalariados
1920 (agosto)
Huelga general
400 muertos en Barcelona
Atraso en textil, agricultura.
Pistolerismo blanco
contra sindicatos
Fundación del PCE (15 abril)
LB: 1.º ed. (por entregas: julio-octubre)
1921 (verano)
Desastre de Annual.
Asesinato de Eduardo Dato,
presidente del Gobierno.
Ley de fugas[36]
I congreso PCE (marzo)
1922 (enero)
Expediente del general Picasso sobre
corrupción e ineficacia de Ejército y Monarquía
1923
(13 de sept)
Golpe de Estado del general Primo de Rivera
(y Alfonso XIII).
1924
LB: ed. ampliada y definitiva en libro (30
de junio)
Elenco actoral de Ars Creatio (Luces de bohemia, Teatro municipal, Torrevieja 18 de diciembre de 2025. Foto Miss Flamingo. Toda nuestra gratitud a Esther Elkouss, Miss Flamingo, por su atención al poner a la disposición de este artículo cuantiosas fotografías del trabajo teatral de Ars Creatio.
___________________________________
[1]
Su nombre completo era Ramón José Simón Valle Peña.
[4]
El novelista Eduardo Zamacois (1873-1971), contemporáneo de Valle, lo describe
así en sus memorias (Un hombre que se va):
«Puso un temblor de curiosidad en ambiente tan familiar [como era el de
Madrid], la aparición de un joven, como de treinta años, a quien su extremada
flacura, el ébano [la negrura, entonces] de sus melenas que le alcanzaban a los
hombros, sus barbas flotantes y la palidez de sus mejillas, daban cierta
apariencia espectral. Lo más llamativo de tan extravagante personaje era su
andar, rápido, nervioso, decidido, y el mucho tamaño de sus lentes de concha,
al que asomaban unos ojos llenos de insolencia. // Hablo de don Ramón del
Valle-Inclán, el primer escritor español que cultivó el arte de posar. (...) Este preclaro maestro
del idioma y excepcional sacerdote de la mentira, se movía en un mundo
imaginario, enteramente suyo» (Barcelona, Editorial EHR, 1964, p. 178).
[6]
Valle vitupera a Cotarelo mofándose en «¡Aleluya!» (La pipa de Kif, 1919) para épater
le bourgois: «Por la divina primavera / me ha venido la ventolera / de
hacer versos funambuleros / –un purista diría grotescos– / (...) / Cotarelo la
sien se rasca / pensando si el Diablo lo añasca [‘lo enreda’] / (...) / En mi
verso rompo los yugos, / y hago la higa a los verdugos. / Yo anuncio la era
argentina / de socialismo y cocaína, / de cocotas con convulsiones / y de vastas
revoluciones».
[8]
La primera semana salió solo una página de la escena I; a la semana siguiente
se completó la escena con dos páginas más. A partir de entonces, cada semana
salía una escena más (casi siempre en dos páginas de triple columna): trece
entregas.
[9]
Entre otras modificaciones, podemos rescatar estas: el retrato de Max Estrella:
«un poeta andaluz, borrachón y autor de cantares» (1920), «un hiperbólico
andaluz, poeta de odas y madrigales» (1924); o sobre el sillón vacante de la
RAE y el sustituto de Benito el Garbancero:
«se lo darán a don Torcuato el Aceitero»
[Torcuato Luca de Tena] (1920), «Nombrarán al sargento Basallo» [el cordobés
Francisco Basallo Becerra (1892-1985), militar sin relevancia literaria, fue
autor del prólogo de Mi cautiverio en el
Rif, escrito realmente por Álvaro de la Merced (con el título original de Memorias del sargento Basallo) y editado
en junio de 1923] (1924).
[12] Antes de 1920, en efecto, Valle-Inclán había
repudiado el Modernismo en la literatura: era un movimiento alienante y
enajenador por su carácter inmovilista y exclusivamente estético.
[14]
Poetambre: neologismo inventado por
Cervantes en Viaje del parnaso
(1614): poeta + hambre. Cit. y
reutilizado por Arnar Soler (2017).
[16] La Cara de Dios está inspirada inicialmente en un
drama de costumbres populares de Carlos Arniches, en tres actos en prosa,
divididos en once cuadros, con breves acompañamientos musicales del maestro
Ruperto Chapí. Fue estrenado este drama en el teatro de Parish [William Parish],
de Madrid, la noche del 28 de noviembre de 1899. Sobre la repulsa de Valle
a las novelas por entregas, véase LB,
2, donde descalifica a don Latino como ruin y vendido escritor.
[18]
Vid. Aznar Soler (2017: 18). Emilio
Carrere, en Retablillo grotesco y
sentimental (edit. Mundo Latino, ca.
1921), distingue dos grandes tipos de bohemio: el bohemio heroico y el bohemio
golfante; el heroico estaba representado por Sawa, Valle-Inclán y, a su modo,
Rubén Darío; el golfante –envilecido y abyecto– corresponde al personaje de don
Latino de LB. De este tipo de bohemio
existe una clasificación gradual: el lúgubre, el tabernario (como Pedro
Barrantes), si sublima su fracaso con el alcohol, y el pintoresco (como Pedro
Luis de Gálvez: Gálvez en LB) si,
también como don Latino, p. ej., da sablazos limosneros para ir malviviendo.
Pero no debemos confundir bohemia con golfería o golfemia ni con el lumpen o el
hampa, ni con la bohemia divina –la
impostura burguesa– o el dandismo aristocrático.
[20]
Pedro Barrantes consagró poemas al puñal y a la dinamita (en Delirium tremens, 1910); el Maeztu
radical de 1901 vociferaba «¡Mueran los jesuitas!»; el personaje
valleinclanesco del marqués de Bradomín (en Sonata
de invierno) bramaba «¡Viva la bagatela!», que como grito generacional
–Viva la cosa de poco valor o poca enjundia– ya había proferido Azorín (en Tiempos y cosas, 1904), a quien se
refiere en LB, 7.
[21]
Sawa, cuyo nombre de pila se hipocorizaba en Álex, falleció a los pocos meses
de remitir la misiva: el 3 de marzo de 1909. Darío también conoció la penuria
incluso en su delegación diplomática, en la que no alcanzaba ni a pagar los
gastos de consumo eléctrico. Sawa no recibió respuesta a esta carta: Darío
prologó la obra póstuma Iluminaciones en
la sombra, que editó Valle-Inclán: según Ernesto Bark, autor de La santa bohemia (1913), con rostro de
Alejandro Sawa en la cubierta, la obra de Sawa era la biblia de la bohemia.
[23]
Juan Antonio Hormigón, Ramón M.ª del
Valle-Inclán: la política, la cultura, el realismo y el pueblo, Madrid,
Comunicación B, 1972, p. 363.
[24]
Antonio Rey disfrutó de fama y de dinero, hasta que a los veintisiete años cayó
en la bohemia, se desorientó, padeció tuberculosis y falleció en la indigencia
diez años después. Dice la leyenda que admiraba tanto a Valle-Inclán que se
presentaba en sociedad diciendo falsamente que era hijo ilegítimo de Valle.
[25]
Valle ordena por escenas aunque técnicamente son breves cuadros en los que hay
entradas y salidas de personajes, pero un único espacio.
[26]
Este descenso a los infiernos que recuerda al Dante de la Divina comedia, de la mano del maestro Virgilio, tiene también otra
fuente clásica: el Satiricón, de
Petronio, más grotesco y paródico y con más presencia de lenguaje popular y
vulgar que en Dante Alighieri.
[27]
La gente modesta, y los bohemios de modo especial, abandonaban sus inhóspitas
casas y se refugiaban en tascas y baretos (aunque sórdidos). En ellos se tomaban
bebidas baratas para pasar el tiempo o socializar: las estrellas de la carta
eran el café de recuelo –el café
recolado y usado varias veces con agua caliente– y el vino de la casa –el que se recogía de las cortinas y los solajes,
es decir, de las sobras de los vasos no apurados del todo. ¡Qué limpieza y
ambiente no habrá en la taberna que el propietario se llama Pica Lagartos, o
sea, que mata o destroza reptiles (animales o personas)!
[29]
Para el dramaturgo Antonio Buero Vallejo, el final insinuado del probable
suicidio de madre e hija de Max Estrella es «arte de consumado autor teatral»,
el arte de la relación, el arte de que sucesos importantes para la acción o
para el sentido de la obra no ocurran ante los ojos del espectador.
[30]
La situación histórica produjo una literatura en Europa que abocó a algunos
autores a recurrir a lo grotesco y al absurdo: desde finales del siglo xix, el francés Alfred Jarry, el checo
Franz Kafka o los expresionistas alemanes.
[31]
El sentido de la democracia entonces escaseaba: el voto era censitario: solo
votaban los propietarios y nunca las mujeres. En 1886, tenía derecho de voto el
2,1% de los españoles. El sistema político implantó la alternancia entre los
conservadores (Cánovas del Castillo) y los liberales (Sagasta): se garantizaba
el resultado apetecido con el pucherazo o con el encasillado. El pueblo humilde
sabía que llevándose bien con el cacique se obtenía empleo, ascensos,
recomendaciones. Existía una máxima tácita: «Con los amigos, favores; con el
enemigo, la ley». Las Cortes (en Madrid) se movían por dinero y por parentesco:
de ahí que en LB se denuncie el
nepotismo (o yernismo): «un yerno
más» (LB, 7).
[32]
Max Estrella, después de la escena VIII, es visto por el lector/espectador como
un canalla más: se ha envilecido rindiéndose al sutil soborno del ministro;
ahora bien, mantiene su conciencia y la incrementa en la escena XI: solo ve
como solución digna –como regeneración: y esto es lo tremendo– la muerte, su
muerte. Y así lo decide quien puede, el autor-demiurgo: la muerte de Max no es
heroica, como no lo fue su encarcelamiento en el calabozo (escena V): no es un
suicidio romántico: es una muerte tan
prosaica y miserable como la triste realidad española.
[33] Entre las folklóricas, destacaba Pastora Imperio; entre los toreros –la afición más popular de todas, muy por encima del fútbol–, descollaban Rafael El Gallo, Belmonte y Joselito. Los modernistas de la poetambre rechazaban también a artistas del gusto burgués como el escultor de Crevillente (Alicante) Mariano Benlliure, famoso imaginero.
[34] Antonio Maura fue cinco veces presidente del Gobierno de España: 1904, 1907-1909, 1918, 1919 y 1921-1922; y fue cuatro veces consecutivas presidente de la RAE (desde 13-10-1913 hasta su fallecimiento, 13-12-1925).
[35] El general Valeriano Weyler (1838-1930) es el correlato de El Enano de la Venta, personaje citado en Luces de bohemia. La desobediencia cívica contra la movilización obligatoria para reclutar soldados que lucharan en Marruecos dio pie a la Semana trágica de Barcelona: el septuagenario capitán general de Barcelona entonces ordenó los furiosos y brutales ataques contra los manifestantes en 1909.
[36] Severiano Martínez Anido, gobernador civil de Barcelona (del 8-11-1920 a 1922), y después ministro de la Gobernación (con Primo de Rivera), aplicó con mano de hierro las leyes de fuga.