Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
81 – Invierno 2026
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Enrique Aparicio recorre la historia del estudio de los eclipses e informa sobre los que podremos ver el año próximo
El
21 de noviembre, en el parque natural de las lagunas, tuvo lugar la observación
astronómica programada en la XVII Semana de la Ciencia (2025) de Ars Creatio, y
organizada por la Asociación Universitaria de Astronomía Astroingeo-Ciudad de
las Estrellas, con el Departamento de Expresión Gráfica, Composición y
Proyectos, y el Ayuntamiento de Torrevieja.
Previamente
se desarrolló la conferencia de Enrique Aparicio Arias, profesor de la
Universidad de Alicante y presidente de Astroingeo, con el explícito título
«Eclipse de sol total: 12 de agosto de 2026». Animó a los presentes a vivir un
eclipse —en particular, uno de sol total—, por tratarse de un acontecimiento
excepcional que nos lleva a experimentar unas sensaciones fuera de nuestro
alcance.
El
ponente se remontó a los primeros pueblos observadores de los eclipses. De los
sumerios destacó que, ante su desconocimiento de lo que producía la vida y la
muerte, el día y la noche, suponían que el cielo estaba lleno de dioses, que
castigaban o premiaban las acciones de las personas. Al concluir que el Sol es
fuente de vida, le rezan y, con el tiempo, crean escuelas de astronomía. Mérito
de los sumerios, entre muchos otros en esta materia, es el descubrimiento de
los ciclos de Saros: periodos de 18 años y 11 días, correspondientes a 223
meses sinódicos (los transcurridos entre dos mismas fases de la Luna), que
permiten la predicción de eclipses. También empiezan a identificar y dar nombre
a las constelaciones.
Los
egipcios y los griegos mejoraron los calendarios sumerios. A los primeros les
interesaba un calendario anual por estar su vida ligada al río Nilo, y
representan con frecuencia a los dioses Ra, Anubis y Nut. Los segundos
introducen las matemáticas aplicadas a la geografía y la astronomía, y crean
escuelas de filosofía y ciencias físicas. Tales de Mileto, impulsor de la
geometría con sus teoremas, fue el primer griego que escribió sobre los
eclipses, y su discípulo Anaximandro midió los solsticios y los equinoccios.
Para los chinos, los eclipses eran combates cósmicos entre fuerzas celestiales.
La explosión de una estrella masiva en 1054 que originó la nebulosa del
Cangrejo fue registrada por astrónomos chinos y árabes.
Los
mayas y los aztecas llamaban «sol roto» a los eclipses. Se cuenta que Bartolomé
Colón (hermano del descubridor), sabiendo cuándo iba a ocurrir un eclipse,
convenció a los indígenas de que la «luna de sangre» del 29 de febrero de 1504 era
una señal de enojo divino causado por no proporcionar alimentos a él y a su
tripulación; la tribu, asustada, accedió a mantener a los recién llegados hasta
que meses después fueron rescatados.
Cervantes
narra en uno de los capítulos (XII de la primera parte) del Quijote una
conversación entre el protagonista y Pedro el cabrero sobre un eclipse:
«—Principalmente
decían que sabía la ciencia de las estrellas, y de lo que pasan allá en el
cielo el sol y la luna, porque puntualmente nos decía el cris del sol y de la
luna.
»—Eclipse se
llama, amigo, que no cris, el escurecerse esos dos luminares
mayores —dijo don Quijote».
Al final de su conferencia, Enrique Aparicio ofreció toda la información sobre los próximos eclipses que podremos ver desde amplias zonas de España, más concretamente el total de sol del 12 de agosto de 2026 (que entrará por Galicia y saldrá por Baleares), los lugares y las horas exactas, así como su duración. Subrayó que en Burgos (una de las ciudades donde se observará con mayor claridad) los hoteles están preparando reservas para el acontecimiento. En Torrevieja no llegará a ser total, sino que se verá un halo superior. Recomendó mucha precaución y usar utensilios adecuados (gafas elaboradas al efecto, que se revalorizarán según se acerque la fecha, o cámaras oscuras estenopeicas). Asimismo, mostró fotografías de eclipses anteriores obtenidas en distintos lugares del mundo. Como conclusión, Aparicio afirmó que la vivencia de un eclipse conciencia sobre la pequeñez del ser humano en comparación con el firmamento.
Después de la teoría llegó la práctica, con la observación directa, tras las explicaciones de situación. Los jóvenes investigadores, que habían plasmado en el papel sus respectivas versiones de los astros, los tuvieron a su alcance visual gracias a los telescopios de Astroingeo. Aunque la noche era fría, la claridad del cielo permitió acceder a las estrellas con total nitidez.
Fotografía: Astroingeo