Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
78 – Primavera 2025
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
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La Ofrenda musical BMW1079
Nos
encontramos delante de una obra cumbre, no sólo dentro de la inmensa producción
de Johann Sebastian Bach sino también de toda la historia de la música
occidental. Una de las grandes aportaciones de Bach a la música del período
barroco es la aplicación de la retórica de los afectos, propia de la monodia
dramática vocal del barroco que se dio en llamar “seconda prattica”, a la
música denominada como “prima prattica”, anterior a 1600, o lo que es lo mismo,
la música contrapuntística, imitativa, basada en procedimientos totalmente
musicales y ajena a la melodía acompañada.
No
en vano las tres últimas obras del Cantor de Santo Tomás son tres monumentos
contrapuntísticos que cierran no sólo el barroco como estilo sino el arte del canon,
la fuga, la variación y el ricercar. A saber, la Ofrenda Musical, el Arte de la
Fuga y las Variaciones para órgano “Von Himmel hoch”. Un testamento musical y
teorético que entronca el arte imitativo renacentista con el envoltorio en
ocasiones del nuevo “estilo galante”, en un intento de fundir los estilos y
concepciones musicales en una especie de “arte musical total”. Es notorio el
parentesco entre el tema de la Ofrenda Musical y el de su homóloga el Arte de
la Fuga. En do menor el primero y re menor el segundo, muestran un
comportamiento musical similar.
En
ambos casos el tema comienza con la tónica de la tonalidad, pasando por el
tercer y quinto grado para ir a reposar sobre la sensible o séptimo grado, momento
éste de máxima tensión que se resuelve en apoyatura en el caso del tema del
Arte de la Fuga, y en un “passus duriusculus” o progresión cromática
descendente, a modo de lamento, en el ámbito de un intervalo de sexta, en el
caso de la Ofrenda Musical.
Tensión
intelectual, cálculo, juego y lenguaje iniciático gobiernan la Ofrenda Musical
y el Arte de la Fuga, dos de las más importantes antologías de la especulación
musical bachiana, probablemente dos de las más arduas pruebas de rigor
normativo que la historia de la música nos ha legado. Podríamos hablar de
“comunicaciones científicas”, disertaciones, que bajo el signo de un único
organismo temático, debidamente variado y manipulado, presentan soluciones
nunca antes holladas.
Sabemos
que en la primavera de 1747, Bach, que entonces contaba 62 años, viaja a Prusia
acompañado de su primogénito, Wilhelm Friedemann, con objeto de visitar a su
otro hijo, Carl Philipp Emanuel, a la sazón clavecinista del joven rey de
Prusia, Federico II, y de esta manera responder a la invitación a la corte que
le había hecho el soberano. Asimismo encontraría a su viejo amigo Johann
Joachim Quantz, compositor y maestro de flauta del rey.
Los
veinte o más músicos reunidos por el rey Federico en su capilla estaban entre
los mejores que podían encontrarse en la época, e incluían a figuras tan
distinguidas como los hermanos Carl Heinrich y Johan Gottlieb Graun
(Kapellmeister y maestro de conciertos), los hermanos Franz y Johann Georg
Benda, así como el antes mencionado maestro de flauta del rey, Johann Joachim
Quantz (todos muy conocidos de Bach). Los Graun habían estudiado en Dresde, y
Johann Gottlieb, antiguamente maestro de conciertos en Merseburg, fue profesor
de violín de Wilhelm Friedemann Bach. Los Benda eran de la capilla de la corte
de Dresde cuando aceptaron sus plazas de violinista y violista en el recién
creado conjunto del entonces príncipe heredero Federico; Quantz se unió a
ellos, también procedente de Dresde, en 1741. Éstos fueron los que tuvieron la
oportunidad de escuchar al Kapellmeister de Leipzig tocando los nuevos
pianofortes construidos por Silbermann con las considerables mejoras técnicas
propuestas por el mismo Bach, y también presenciar cómo desarrollaba e
interpretaba la fuga sobre “el tema real”.
Es
relevante señalar la opinión de Bach sobre el nuevo instrumento de teclado, al
referirle al rey lo siguiente:
El pianoforte es sin duda el teclado de la nueva música por sus
cualidades dinámicas y su sonido redondo, aunque para mi música no sirve, por
su carácter contrapuntístico. Las voces internas en este instrumento se diluyen
y uno tiene la misma sensación que se produce al escribir con tinta sobre papel
mojado.
El
mismo Carl Philipp Emanuel nos refiere lo sucedido en su Necrología dedicada a
la memoria de su padre. Dice así:
En el año 1747, él hizo un viaje a Berlín y tuvo en esta ocasión el privilegio de tocar en Postdam ante la presencia de Su Majestad el Rey de Prusia. Su Majestad mismo tocó un tema de fuga que mi padre desarrolló seguidamente. Inmediatamente después el rey quiso escuchar una fuga a seis voces obligadas, sobre un tema compuesto por él mismo, orden ésta que fue inmediatamente satisfecha por mi padre, con gran regocijo del rey y de los músicos presentes. De retorno a Leipzig, mi padre escribió una composición a tres voces y un ricercare a seis, amén de otras composiciones sobre el tema que le había sugerido Su Majestad, dedicando al rey la obra grabada en cobre.
En
el frontispicio de la obra, una inscripción latina manuscrita a modo de
acróstico, titula la primera composición, indicando al mismo tiempo sin ambigüedad
el objetivo de la obra entera: “REGIS IUSSU CANTIO ET RELIQUA CANONICA ARTE
RESOLUTA”. Las iniciales forman la palabra “RICERCAR”. Tal y como ha definido
el exégeta bachiano Christoph Wolff, la expresión debe ser traducida refiriendo
la palabra “resoluta” tanto a “cantio” (nominativo singular), como a “reliqua”
(neutro plural), donde “cantio” no indica el “tema regio”, como ha sido
entendido por Phlipp Spitta y otros estudiosos bachianos, sino un tipo de
elaboración polifónica (el ricercar a tres voces); la traducción correcta
sería: “Pieza realizada por orden del rey y otras obras resueltas según el arte
del canon”.
La
adopción del término “ricercar” fijado en el acróstico para indicar un tipo de
composición polifónica se justifica también a la luz de la doble función que el
concepto adopta en la historia de la música; según el primer significado, el
más arcaico, el “ricercar” es una especie de preámbulo, exordio, principio,
proemio o preludio y sigue un estilo casi improvisado, libre, típico del
“tastar de corde”, a modo de probar el instrumento para verificar afinación,
temperamento y calidad sonora; según el otro significado, en cambio, el
“ricercar” es una pieza en estilo rigurosamente contrapuntístico, observado,
afín al motete. En ambos casos, obviamente, el principio básico viene sugerido
por la etimología italiana, equivalente a “buscar repetidamente”, aludiendo a
la réplica intensiva a una determinada acción, figura, o construcción.
Dado
que son dos los “ricercari” (el primero a tres voces, el segundo a seis),
parece lógico inserir el segundo, a modo de exordio u “obertura” de la segunda
parte de la obra. Pensemos en el ejemplo de las “Variaciones Goldberg” y
también en la cuarta Partita del Klavierübung I.
Recordemos
también las dos citas latinas que adornan los cánones cuarto y quinto de los
“Canones diversi super thema regium”. La leyenda al cuarto canon a 2, per
augmentationem contrario motu, reza así: “Notulis crescentibus crescat Fortuna
Regis”, es decir: “Pueda aumentar la fortuna del rey como crece el valor de las
notas”.
En
el quinto canon a 2, per tonos, figura: “Ascendenteque Modulatione ascendat
Gloria Regis”, cuya traducción es: “Y que con la modulación ascendente se eleve
la gloria del rey”.
Por
último, en el canon a 2 de la segunda parte, que sigue al Ricercar a 6, se lee:
“Quaerendo Invenietis”, es decir: “Buscando encontrarás”. Toda una revelación
del “Ars enigmatica” que preside la composición.
Una
construcción de este tipo, además de obedecer a criterios de simetría, parece
provenir de la aplicación de un principio tradicional propio del “Ars
rhetorica”. Y es razonando en estos términos que Ursula Kirkendale se ha
atrevido recientemente a formular una hipótesis tan sugestiva como convincente,
según la cual “La Ofrenda Musical” recalca el esquema de la oración fijado en
la “Institutio Oratoria” de Quintiliano, texto seguramente cercano a Bach,
ilustrado y comentado en 1738 por Johann Matthias Gesner, ex rector de la
Thomasschule de Leipzig y amigo del compositor. Kirkendale ha sabido verificar
una perfecta correspondencia entre la disposición de las piezas seguida por
Bach y la estructura formal de Quintiliano y de esta manera ha podido
registrar, paso a paso, la concordancia entre la exposición suministrada por el
escritor latino y los elementos característicos del discurso bachiano.
Eliminando
los argumentos de menor relevancia, el esquema general de “La Ofrenda Musical”
puede ser reconducido a los puntos esenciales de la “Institutione Oratoria”,
tal y como Quintiliano, seguidor de Cicerón los determina:
PARTE
I
1.-
Ricercar a 3..................................Exordium (principio)
2.-
Canon perpetuus..........................Narratio brevis
3.-
Cánones enigmáticos 1-5.............Narratio longa (narración repetida)
4.-
Fuga Canonica in epidiapente......Egressus (salida)
PARTE
II
1.-
Ricercar a 6..................................Exordium II (Insinuatio)
2.-
Canon a 2 y a 4...................Argumentatio (Probatio+Refutatio)
(Argumentación-prueba+refutación)
3.-Sonata
(4 Movs)........................Peroratio in adfectibus (conclusión en lo
afectivo-invocación a los oyentes para conmoverlos)
4.-
Canon perpetuus..........................Peroratio in rebus (conclusión de todo
el asunto-retorno a la simplicidad. Material similar al final de la 1ª parte)
Se confia a los dos “Ricercari” —y se trata de
los dos únicos casos en la producción bachiana donde se recurre a este término—
la función de exordio, en el sentido etimológico de la palabra (el término
latino “exordiri” significa “comenzar a tejer”). El segundo “Ricercar” cumple
la función de “insinuatio” (insinuación) y responde a ese tipo de exordio que,
en la retórica ciceroniana, tiende a captar el ánimo de los oyentes, en este
caso recurriendo al más sofisticado y complejo de los sistemas
contrapuntísticos.
Los
cánones, por el contrario, corresponden a la “Narratio” en su doble vertiente —breve
y larga—, elemento fundamental de la “persuasión”, que es el fin último de la
retórica. La ulterior propuesta de una “Fuga canónica” y de otros cánones en
función de “Argumentatio” y de “Peroratio” (argumentación y conclusión) no hace
más que subrayar el modo de lectura más consonante a esta colección que,
camuflado en los entresijos de un rígido formalismo, esconde un sentido arcaico
y sacramental, inescrutable y hermético.
Vértice
y conclusión al mismo tiempo de este “modus operandi” es la “Sonata a trío”
que, como el canon perpetuo final, prevé un orgánico constituido por flauta
travesera, violín y continuo (clave y violoncello). Las dos conclusiones o
“perorationes”, oportunamente diferenciadas por obedecer a dos proposiciones —la
de la “Sonata” corresponde a la moción afectiva, mientras que el canon perpetuo
lo hace a la “razón irrefutable”— constituyen los polos sobre los cuales debe
regirse el discurso final que, en homenaje al rey, consumado flautista, eleva
la flauta travesera a la condición de protagonista.
La
Ofrenda musical no es una obra cíclica con una secuencia que vincule los
movimientos, sino que comprende más bien varias piezas solistas y de conjunto,
y cada arreglo individual se basa en el tema real. Era el objetivo del
compositor tratar este tema de la manera más variada, desde el estilo libre
hasta la técnica más estricta del contrapunto, desde el contrapunto al estilo
antiguo (especialmente en el Ricercar a 6 partes) hasta los manierismos más
modernos. El movimiento central lento de la sonata, en particular, con su
gestualidad melódicamente compleja, rítmicamente diferenciada, armónicamente
sorprendente, y dinámicamente matizada, demuestra de manera impresionante cómo
Bach era capaz de adaptarse al lenguaje musical del “Empfindsamkeit”
(sensibilidad), tan de moda entre sus colegas más jóvenes de Berlín, llegando
incluso a superarlos.
En
conjunto, la Ofrenda musical demuestra que el “viejo Bach”, como lo llamaron en
su recibimiento en Potsdam, no se limitaba a emular a tientas los géneros más
remotos, sino que seguía siendo el brillante músico virtuoso y maestro de todos
los métodos de composición. En cierto sentido, esta obra contiene un
autorretrato: el del compositor en pleno dominio de su capacidad como genio del
teclado y maestro de la fuga, Kapellmeister y músico de cámara, contrapuntista
y erudito de la música.
En
el caso de la “Sonata”, y como excepción a la conducta de la colección, Bach
renuncia a proponer la técnica contrapuntística desarrollada en los cánones,
ricercari y fuga para dejar libre el camino a una manifestación de pura
elocuencia musical, bajo el signo premonitorio del “Empfindsamkeit” —estilo
sensible— que es propio de la escuela berlinesa y que nació precisamente en la
corte de Federico II, siendo Carl Philip Emanuel Bach su máximo representante.
Por
otra parte, es difícil imaginar que una obra de semejante calibre tuviera por
único objeto la dedicatoria al soberano. La edición impresa hace presumir un
destino diverso o, por lo menos, indica que el homenaje al rey no era el único
objetivo. Los reglamentos que regían la “Societät der musicalischen
Wissenschaften” (es decir, “Sociedad de la Ciencia Musical”, fundada en Leipzig
por Lorenz Christoph Mizler en 1738) imponían, entre otras cosas, que cada
socio presentara anualmente una disertación científica, al menos hasta cumplir
los 65 años. Desde el momento de su ingreso en la “Sociedad” (junio, 1747),
Bach fue autorizado a sustituir la prevista disertación por una composición
musical de alto contenido teórico-científico; aquel año Bach presentó las
“Variaciones canónicas von Himmel hoch” —BWV769—, la composición que debía
presentar en 1748 era la “Ofrenda Musical” —Mizler hace saber que un ejemplar
de la edición impresa fue enviado a la “Sociedad”— y del mismo modo, en 1749
tenía que haber sido “El Arte de la fuga”, suceso que no se llevó a cabo debido
a la enfermedad que condujo a Bach a la tumba en 1750.
Así
pues, vemos una doble finalidad en la composición de la “Ofrenda”. Por un lado
la intención de pagar al rey, que era un gran admirador de Cicerón, el tributo
propio de reconocimiento y sumisión con una obra impregnada de las reglas del
“Ars rhetorica” ciceroniana, como ha demostrado Ursula Kirkendale, y por otro,
la voluntad de participar regularmente en la actividad de la “Sociedad”
dirigida por Mizler, disfrutando de una particular dispensa, con una obra de
rigurosa aplicación especulativa, incidiendo en el siempre consagrado
sentimiento de la música racional y absoluta.
Las circunstancias de la vida hicieron que Bach no se desviara más de este sentimiento, y así el siguiente paso fue la composición de “El Arte de la fuga”, probablemente la obra cumbre del “Stylus gravis”, sin conceder espacio a las imágenes de la música viva, para buscar, en el crepúsculo, la caleidoscópica luz de la “boeziana” música mundana, la música de las esferas celestes en movimiento, esa música que al oído humano no le es dado percibir.