Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
78 – Primavera 2025
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Costa
Rica, un paraíso para la biodiversidad
En nuestra vida cotidiana hemos perdido el tipo de contacto natural en el que se ha desarrollado la evolución de nuestra especie, vivimos simplemente en una burbuja artificial que muchas veces atenta contra nuestra propia salud física y mental. Por ello, viajar a un paraíso natural no sólo es un placer para los sentidos, sino que al menos de forma temporal restaura un vínculo esencial de nuestra vida.
Costa
Rica es uno de los países que en un espacio relativamente pequeño poseen una
biodiversidad abrumadora, en una muestra de paisajes tan variados que cubren
desde el denso bosque tropical hasta una costa rica en manglares y zonas
volcánicas relativamente libres de vegetación. Este periplo se inicia, sin
embargo, en su capital, San José, moderna y bien urbanizada, pero que posee en el
carácter de los costarricenses (los ticos, como se llaman a sí mismos)
su mejor baza. En sus plazas y mercados bulliciosos de vida, el viajante ve un
pueblo risueño y orgulloso como no hay otro en Centroamérica, con unas cotas de
bienestar elevadas en comparación con los países de su entorno.
Nuestro viaje natural se inicia con el desplazamiento a las zonas de bosque secundario de La Fortuna, que rodean al imponente volcán Arenal en el centro del país. En estas zonas, donde se mezclan áreas de bosque con cafetales y pequeñas aldeas, nos sorprende encontrarnos con animales tan exóticos como el icónico perezoso, que tiene que ponerse a salvo de las bandas de coatíes, en las que algunos de sus elementos más jóvenes siempre andan a la gresca en la búsqueda de conflictos con sus congéneres. El colorido de la fauna local se manifiesta de forma especial en los brillantes tonos rojos, amarillos y verdes de los tucanes que aparecen salpicando las copas de los árboles que surgen en los laterales de nuestra ruta.
Esta primera toma de contacto con la naturaleza exuberante de Costa Rica elevará su nivel en biodiversidad según nos acercamos a la región cubierta del denso bosque nuboso tropical, bien representado en la Reserva Natural de Monteverde. Aquí encontraremos una jungla densa matizada por todo un muestrario de tonalidades de verde, y constituida por árboles monumentales que forman una tupida cúpula a 25 o 30 metros del suelo. En este templo natural saturado de sonidos animales, conviven grupos de monos araña y aulladores con aves tropicales de colores irreales, pitones esmeraldas, y ya en su parte baja, pecaríes y una miríada de insectos y ranitas que muestran una saturación de color que difícilmente asumimos para un animal. A destacar dos experiencias que te llevan a casi llorar por la contemplación de su belleza. La primera, observar las docenas de colibríes de diferentes especies que vuelan en los bebederos del Café de los Colibríes, justo a la entrada del parque natural, ¡no he visto nada parecido!; la belleza y agilidad de estas pequeñas aves no tiene igual en el mundo natural. La segunda experiencia, tener la suerte de contemplar el colorido simpar de una rana de ojos rojos, todo un símbolo en este país en cuanto a lo extraordinario de sus colores, ¡es como ver algo de otro mundo!
Después
de visitar los paraísos verdes, la última parte de nuestro precioso viaje se
dedicó a ver los azules turquesa de su costa atlántica en el Parque Nacional
Manuel Antonio, cercano a la ciudad de Quepos. En el camino pasamos por el rio
Tárcoles, que posee los cocodrilos americanos de mayor tamaño, visibles desde
un concurrido puente. Ya en la costa, el bosque tropical limitaba con zonas
amplias de manglares poblados de cangrejos multicolores y monos capuchinos tremendamente
descarados en su afán de obtener comida de los turistas. En los manglares, la
vida vegetal y animal es exuberante, y realizar un paseo en barca con guía
natural es todo un placer que no se debe obviar, observando aves tropicales, reptiles
diversos, murciélagos y los citados monos capuchinos, especialistas en vivir en
dicho hábitat. Finalmente, y antes de abandonar Quepos para volver a la capital,
es fundamental tomar un barco para observar delfines y ballenas que visitan
dicha costa, que por otro lado presenta una variedad enorme de peces tropicales.
El
último día en San José lo dedicamos a visitar museos de historia de la
civilización maya precolombina y del establecimiento contemporáneo de la
pacífica nación costarricense, así como el Museo de Arte Contemporáneo de Costa
Rica, un brillante colofón cultural para unas vacaciones de ensueño en una
tierra con una biodiversidad desbordante.
Fotos
1. La
bandera costarricense ondea en los mercados de San José
2. Perezoso
de tres dedos
3. Joven
coatí
4. Tucán
piquiverde
5. Colinas
de bosque nuboso
6. Colibrí
morado
7. Rana de ojos rojos
8. Mono capuchino