Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
78 – Primavera 2025
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Compón conmigo, IA: el
auge de la música artificial
En noviembre del año pasado, desde la asociación Ars
Creatio de Torrevieja me contactaron para impartir una charla sobre inteligencia
artificial (IA) dentro de su XVI
Semana de la Ciencia. Debo reconocer que soy una apasionada de la enseñanza y
la divulgación, así que no dudé en decir que sí. Lo que percibía como
una tarea fácil (al fin y al cabo, llevo ya varios años aplicando la IA en mi
trabajo y me siento cómoda explotando sus capacidades a nivel «usuario») se
convirtió en un proceso de descubrimiento. Durante mi preparación, buceé en los
avances más recientes de la IA y seleccioné aquellos que consideré más
interesantes e impactantes para mi audiencia. En ese proceso, probé decenas de
herramientas nuevas y revisité algunas de mis favoritas. Entre ellas, Suno, una
herramienta para la generación de canciones a partir de letras predefinidas o
creadas por la propia aplicación.
Como guiño a mi audiencia, y dado el cariño con el que
recuerdo Torrevieja, donde de adolescente iba a menudo a visitar a amigas y
familia, me animé a «cocrear» junto con ChatGPT una letra que reflejara
esos recuerdos: el olor a mar, la luz reflejándose en sus salinas, esos
primeros amores adolescentes... Fueron quizás unos 60 minutos de trabajo, en
los que los prompts iban y venían, junto con mis ediciones manuales,
hasta que logré una letra que me resonaba, que me «hablaba», que me movía por
dentro. O más bien debería decir que fue una hora de disfrute, porque ver cómo
una idea que tienes apenas esbozada en tu cabeza se despliega ante ti y, casi
sin darte cuenta, te arrastra a un estado de flow, en el que las
palabras de la IA se mezclan con las tuyas..., para alguien como yo,
informática y tecnóloga, es apasionante.
La segunda parte del proceso fue aún más sencilla. Pedí a ChatGPT
que me describiera el ritmo y la melodía típicas de las habaneras (nuevamente,
un guiño a esta tierra a la que tengo tanto cariño) e introduje la letra y la
descripción en Suno, que hizo su magia. Fui generando melodías y ajustando mi
descripción del tipo de música que buscaba... y, cuando oí la melodía que
tenéis disponible en YouTube, supe que había encontrado «mi» canción para la
charla, una canción que cedí a Ars Creatio, que a su vez la ha publicado en su
canal, totalmente libre de derechos.
Obviamente, no soy ni la primera ni la única que usa
tecnología para crear una canción. La tecnología lleva décadas transformando la
producción musical, desde los sintetizadores analógicos de los años 60, pasando
por los samplers que revolucionaron la música electrónica en los 80,
hasta el software de edición digital que democratizó la producción en
casa en los 2000. Hemos pasado de manipular cintas magnéticas a usar Autotune
para corregir voces, de crear ritmos con cajas de ritmo Roland a producir
sinfonías completas en un ordenador portátil. Mi opinión es que la IA es
simplemente el siguiente paso en esta evolución: una herramienta más en la caja
de recursos de los creadores, que permite ampliar las fronteras de la
composición musical, automatizar tareas repetitivas y explorar territorios
sonoros antes impensables. Como cualquier tecnología, no está pensada para
sustituir la creatividad humana, sino para potenciarla y redefinirla. No creo
que vaya a quitar el trabajo a los creadores: les da una herramienta más con la
que trabajar. Baste como ejemplo la experiencia reciente de Diego Cantero (funambulista)
y David Otero, quienes han usado la IA para cocrear letras de canciones y
videoclips con un resultado, en boca de sus creadores, «muy guay». Otros
artistas como Danna Paola defienden su preferencia por los métodos
tradicionales en la creación musical para preservar una verdad y autenticidad
que, según ella, se pierden si se trabaja con IA. La artista, sin embargo, sí
se muestra favorable a otros usos, como la transformación de grabaciones
vocales en sonidos de instrumentos que el artista no domine. También los hay
que han sufrido abusos que los han puesto en contra de esta tecnología, como el
caso de Bad Bunny, que vio cómo se hacía viral una canción que imitaba su voz y
su estilo musical, y, comprensiblemente, no lo llevó demasiado bien.
Como vemos, el debate está abierto y hay argumentos válidos
en todas las posturas. Para mí, el proceso de crear Torrevieja, mi puerto y sal
fue sin duda un proceso creativo, con un resultado que superó mis expectativas,
donde plasmé «mi» verdad y que hoy sigo escuchando con emoción. No copié la voz
de nadie ni su estilo musical, y aunque la IA se «inspira» en todas aquellas voces
y melodías que «escuchó» durante su entrenamiento, considero que los autores
también tienen referentes musicales que marcan sus creaciones, consciente o
inconscientemente, sin que eso menoscabe el valor de su obra.
Muy a mi pesar, lo cierto es que no habría sido capaz de
crear esta canción sin las herramientas de IA que tenemos hoy a disposición de
manera gratuita. Es esta dependencia absoluta de la IA, unida a mi falta de
conocimientos y criterio para discernir creaciones de calidad de otras más
mediocres, lo que me distingue de los verdaderos músicos. Para quienes abracen
la IA con un conocimiento profundo de la música, los resultados serán sin duda mucho
más impactantes que los míos. Porque, amigos y amigas, la IA, mientras más
sabes, más te ayuda. Y esto creo que se cumple para todas las disciplinas,
también las creativas.
En cualquier caso, para mí, el tema importante no es tanto la discusión sobre qué valor tiene una obra cocreada con IA, quién es su autor o cuánto debe éste haber contribuido para poder registrarla: la Oficina de Derechos de Autor de EE. UU. ha dicho recientemente que el humano debe haber añadido suficientes elementos expresivos en la creación, pero claro, «el diablo está en los detalles»... Es decir, en qué entiende cada uno por «suficientes». Lo fundamental desde mi punto de vista es asegurar que el proceso sea transparente. Del mismo modo que quiero saber si un cantante usa Autotune o cualquier otro enhancer cuando pago una entrada para escucharlo en un concierto, creo que se debe reconocer y documentar cualquier uso de la IA en las creaciones artísticas. A partir de ahí, cada uno le otorgará el valor que considere.
En noviembre de 2024, la robot humanoide Ai-Da vendió una obra titulada A. I. God por 1’08 millones de dólares en una subasta de Sotheby’s en Londres. Este hecho provocó un debate inevitable: algunos argumentan que jamás comprarían una obra generada por un robot, pues consideran que carece de ese «toque humano». Otros, en cambio, ven en esta tecnología un campo fértil para nuevas formas de expresión artística, donde lo relevante no es tanto quién o qué crea la obra, sino la emoción que despierta en quien la contempla. Y, en un mundo donde el arte es una cuestión de percepción y significado, creo que ambas posturas son defendibles. ¿Y tú? ¿En qué posición te sitúas ante este dilema?