Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 74 – Primavera 2024
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

En memoria de Joaquín Chapaprieta, un torrevejense ilustre


En memoria de Joaquín Chapaprieta, un torrevejense ilustre

El libro Otros alicantinos ilustres de Joaquín Santo Matas, que se presentará antes del verano en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante como homenaje a su autor, contiene 31 conferencias de las cuales hay una dedicada a un torrevejense ilustre: Joaquín Chapaprieta Torregrosa, quien fuera honrado y eficaz ministro de Hacienda en la época de la II República. En efecto, su tocayo Joaquín Santo lo describe en el subtítulo de su conferencia como «jurista, ministro y jefe del gobierno durante la II República». El conferenciante lamenta que «este personaje ni siquiera tiene una calle en Alicante».

Su relación con Torrevieja está más que acreditada. Nos dice Joaquín Santo: «Vino al mundo el 26 de octubre de 1871 en Torrevieja en la calle que lleva su nombre, cediendo su casa natal para que se construyeran en 1923 las Escuelas Graduadas donde hoy en día se encuentra la Biblioteca Municipal. Era hijo del comerciante de origen genovés Vicente Schiapaprieta Fortepiani y de Vicenta Torregrosa Lorenzo. En vista de lo complicado de transcribir el primer apellido, se castellanizó en Chapaprieta. Los Fortepiani, oriundos también de tierras genovesas, estaban igualmente establecidos en Torrevieja y se dedicaban al negocio de la sal».

El cronista oficial de Torrevieja, Francisco Sala Aniorte, es citado por Joaquín Santo como fuente de algunos datos que maneja y que nos presenta a Chapaprieta como miembro de una familia acomodada con negocios en la zona y como un joven que realiza brillantes estudios de Derecho, especializándose en el contencioso-administrativo, lo que le permitirá posteriormente acceder a los más altos puestos de la política.

En el retrato de Chapaprieta que traza Joaquín Santo nos lo presenta como un hombre íntegro y con valores: «De mentalidad liberal, en 1898, con solo 27 años, es elegido diputado provincial por Madrid, distrito de La Inclusa-Getafe, luchando contra las injusticias sociales, o los nombramientos a dedo por Real Orden de diputados». Además resalta su «óptima preparación jurídica y brillante oratoria». Chapaprieta además era extraordinariamente trabajador. Cuenta en sus memorias que comenzaba su jornada a las cinco y media de la mañana y la concluía muchas veces después de las diez de la noche.

En 1916 fue nombrado subsecretario del Ministerio de Hacienda, cargo que se prorrogó hasta 1919. Durante este periodo, siempre según el conferenciante J. Santo, «desarrolló una ímproba labor encaminada a controlar el enorme déficit público con medidas que no siempre eran comprendidas». En diciembre de 1922, que fue el último gobierno antes de la dictadura de Primo de Rivera, se le nombró ministro de Trabajo, Comercio e Industria. En solo nueve meses, su labor regeneracionista y su impulso a una nueva legislación laboral se consideró dinámica y brillante. Su figura ha sido muy bien valorada por analistas posteriores como el historiador Carlos Seco, quien lo define como «un técnico anterior a la tecnocracia». Con el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, decidió cesar en su puesto y retirarse, momentáneamente, de la política.

Pese a residir en Madrid por sus compromisos laborales, nunca se olvidó de su tierra natal, en la que hizo reformas y mejoras. Estatalizó el único puerto privado que había en Torrevieja, resolvió problemas con las salineras y llevó la luz eléctrica a la pedanía torrevejense de La Mata.

En las elecciones de noviembre de 1933 obtuvo un escaño por Alicante como republicano independiente, siendo el más votado. Fue un adelantado a su época al entender la importancia de los medios de comunicación para difundir y promocionar sus ideas, en su caso a través del periódico Diario de Alicante.

Como gran economista que era, se mostró partidario de acometer la regeneración del sistema impositivo español y de la maquinaria de Hacienda. Propuso la revisión de las exenciones fiscales, así como una inversión de cinco mil millones en obras extraordinarias para reducir el paro obrero con una fiscalidad progresiva según ingresos y un plan de ajuste que eliminara gastos innecesarios. Su rigor presupuestario redujo el gasto público e incrementó la recaudación para el Estado de tal forma que en solo tres meses aumentaran los ingresos en 152 millones de pesetas de la época. Lamentablemente, la falta de apoyo a sus medidas por parte de partidos como la CEDA forzó su dimisión en 1935.

En 1936, el triunfo del Frente Popular provocó un desorden social que destrozó la sede de su periódico Diario de Alicante. También saquearon el local de su Partido Republicano Independiente. Quiso la buena suerte que el 18 de julio del 36 Chapaprieta, su esposa y sus dos hijos estuvieran en Suiza, concretamente en Zurich, donde iban a operar a uno de sus hijos. Eso le libró de ser asesinado por las hordas descontroladas de milicianos que fueron a buscarlo a su piso de Madrid y, al no encontrar a nadie, se conformaron con destrozarlo y saquearlo.

Suiza le sirvió de refugio seguro durante la guerra civil. En 1937 redactó su libro La paz fue posible. Memorias de un político, que no se publicó hasta 1972 y que se oponía al del líder de la CEDA José María Gil-Robles, No fue posible la paz. Su dimensión humana la da el hecho de que, como tantas otras buenas personas, colaboró en la salvación de judíos librándolos de los nazis. También intervino en la puesta a salvo de cuadros del Museo del Prado que quedaron bajo la tutela de la Sociedad de Naciones de Ginebra.

Al finalizar la guerra civil volvió a Madrid. Mostrándose opuesto al régimen franquista por considerarlo dictatorial, se cuenta que estuvo ocho años sin salir de su domicilio en una postura de simbólica protesta; de ahí que el escritor Juan Manuel de Prada lo describiera como «el eremita del Paseo de la Castellana». Y en ese mismo lugar, Paseo de la Castellana 59, donde tenía su domicilio, falleció en 1951, a punto de cumplir los 80 años. Estaba entonces tan olvidado que ningún medio de prensa alicantino se hizo eco de su muerte.

En Torrevieja se le recuerda gracias a la calle que lleva su nombre, como también lo lleva el Instituto Municipal de Cultura y lo que fue Escuela Graduada, que lo mantiene en su fachada. Finalizamos este modesto homenaje a un torrevejense ilustre con la mención de que en 2015 el grupo teatral de Ars Creatio representó una obra (ampliada y repuesta en 2021) de Eliseo Pérez Gracia, evocando su exilio en Zurich y resaltando sus anhelos de paz y de concordia.