Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 74 – Primavera 2024
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

Poliomielitis y pulmones de acero: una historia para no olvidar

 



La poliomielitis, denominada «parálisis infantil» por su afectación preferente en rangos de edad comprendidos entre 0 y 5 años, es una enfermedad viral, muy contagiosa, causada por tres serotipos de poliovirus que se propaga de persona a persona. Sus vías de penetración son la nariz y la boca, se multiplica en la garganta y en el tubo digestivo para diseminarse luego a través de la sangre y del sistema linfático. Tiene preferencia por el sistema nervioso central causando parálisis en estos casos. Una de cada 200 infecciones produce una parálisis irreversible, generalmente de los miembros inferiores, y un 5% a 10% de estos casos fallecen por parálisis de los músculos respiratorios.

La presencia de brotes epidémicos de poliomielitis en las décadas iniciales y centrales del siglo XX constituyó un importante problema de salud pública agravado por afectar a edades infantiles, la ausencia de tratamientos eficaces y por las secuelas paralíticas. La gravedad del problema, que afectó fundamentalmente a países europeos —los nórdicos en primer lugar— y norteamericanos, sobre todo en los años cuarenta, favoreció la creación de entidades supranacionales como la Asociación Europea contra la Poliomielitis, las conferencias internacionales sobre el particular y las reuniones e informes técnicos de los grupos de expertos de la recién creada Organización Mundial de la Salud.

La polio puede afectar los centros respiratorio y circulatorio en el tronco del encéfalo y comprometer la función respiratoria. Cuando se ven afectados el diafragma o los músculos intercostales, se produce una insuficiencia respiratoria y puede producir incluso la muerte. Esta situación de auténtica angustia es la que los médicos comentaban en sus escritos y en los testimonios orales del periodo epidémico. Y ese fue el motivo principal para el uso de unos artefactos que ya se conocían desde los trabajos de Phipill Drinker y Louis Agassiz Shaw en los años veinte del siglo pasado, pero que adquirieron una importancia decisiva en las epidemias de polio. Se trata de los denominados pulmones de acero (iron lungs), ventiladores de presión negativa que permitían a una persona respirar cuando se había perdido el control de los músculos respiratorios. La única forma de sobrevivir era estar introducidos dentro de estos tanques de acero que dejaban únicamente su cabeza al exterior. El interior de la cámara se cerraba herméticamente manteniéndose en ella una circulación de aire bombeado que, de forma periódica, aumentaba o reducía la presión, con lo que se facilitaba la tarea de respirar imitando la propia fisiología de la respiración humana.

  Las salas de los hospitales se llenaron de pulmones de acero durante el brote de poliomielitis de los años 1940-1950 y, si bien suponían en muchos casos la única forma de sobrevivir hasta que los síntomas mejoraran (lo cual no sucedía en todos los casos), la imagen de las personas —la mayor parte de ellas, niños— encapsuladas en estos aparatos, a veces durante varias semanas o meses, despertaban una profunda compasión y fueron un acicate para sensibilizar a la población y para aportar recursos para la investigación en la producción de vacunas, por parte de los estados y de fundaciones privadas, en particular en EEUU, donde el propio presidente Franklin D. Roosevelt resultó afectado. En un contexto de penuria económica, en España, por ejemplo, la crisis epidémica activó campañas benéficas, con notable presencia social en los medios, como el NO-DO, para conseguir nuevos aparatos.





En España, desde 1940, parte de los sanitarios tuvieron interés en usar los respiradores Drinker, pero la mayor parte de los hospitales españoles carecía de estos aparatos. Para atender a las víctimas, desde el régimen franquista comenzaron a adoptarse medidas legislativas y creación de centros y servicios sanitarios especializados, aunque la mayor parte de ellos apenas cristalizaron hasta la década de los sesenta. El Servicio Nacional contra la Poliomielitis instalado en el Hospital del Rey contaba con este tipo de aparatos, además de los instalados en otros hospitales y centros asistenciales como el Hospital del Niño Jesús y el Sanatorio Marítimo Nacional de la Malvarrosa de Valencia.

Con el éxito mundial de los programas de vacunación y la llegada de ventiladores modernos que controlaron la respiración a través de la intubación de la vía respiratoria, el uso del pulmón de acero declinó bruscamente.