Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
73 – Invierno 2024
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Risa y humor
El ser humano necesita reírse como reacción alegre
ante la vida y sus circunstancias, como vínculo social, de sí mismo o de otros,
ante la adversidad propia o ajena, ante emociones extremas como puede ser el
miedo. Se trata pues de mejorar la existencia, de hacerla más asumible y
llevadera.
Los beneficios físicos y mentales de la risa son
claros y contundentes: mejora la respiración, estimula el corazón y los
músculos, aumentan las endorfinas que se liberan en el cerebro, activa y reduce
la respuesta al estrés al rebajar los niveles de cortisol, mejorando de paso el
sistema inmunológico, el carácter y el estado anímico, alivia el dolor y
socialmente mejora las relaciones interpersonales.
La risa es al humor lo que las castañuelas a las
sevillanas, necesarias pero no imprescindibles. ¿Se puede dar el humor sin su
sonoridad? La respuesta es sí, se puede, incluso reír por y hacia dentro, es el
caso de esas personas cuyo divertimento comienza por la reflexión.
Pongamos un ejemplo llevando al absurdo la teoría de
Jean Baptiste Lamarck: «La función crea el órgano y la necesidad crea la
función».
Si necesito andar rápido y comienzo por poner cara de
velocidad (mandíbula adelantada, dientes encajados, boca prieta)..., ¿conseguiré
ir más deprisa? Seguramente no, pero habré suscitado una sonrisa en las
personas que se crucen conmigo, y eso ya es algo.
Esto es equivalente al clásico chiste del tren, ya
saben, aquel del pasajero que se negaba a sentarse porque tenía prisa.
Los españoles somos unos maestros en toda esta
cuestión; nos surge el humor con relativa facilidad. Los hay oportunos que
funcionan como el grifo de las fuentes, a golpes que dejan sin palabras y con
la boca abierta al interlocutor que se queda perplejo primero para después estallar
en carcajadas.
Podemos hacer humor casi de cualquier cosa: de
políticos, de profesiones, de lugares geográficos, etcétera. Sólo debemos tener
el adecuado conocimiento y nivel cultural para entenderlo o expresarlo con
fluidez.
Es obvio que la incongruencia, lo sorpresivo, lo
inusual, hace que nuestra percepción del humor se amplíe, haciendo surgir la
sonrisa interna, madre del ingenio, de la búsqueda de sensaciones, donde el
verdadero humor se nutre y baña con aparente pero inteligente despreocupación.
Hay poderosos provocadores, conocidos humoristas en
nuestra historia, como Miguel Gila, con su humor blanco y familiar, crítico con
la guerra y con todo tipo de violencia, o los maestros del absurdo Tip y Coll,
cuyo humor inteligente siempre navegaba al filo de lo políticamente correcto.
Actualmente existen muchos más, inspiradores siempre
de ese fenómeno llamado chiste y que ha pasado a ser, sin duda, unos de los
deportes intelectuales nacionales más relevantes.
El humor se clasifica en tres grandes grupos: humorístico,
satírico, irónico. Pero existen más clasificaciones con matices increíblemente
variados, casi para cubrir cualquier acontecimiento humano por complicado que
sea.
Si mantenemos nuestra propia sonrisa interna, veremos
que ante un ataque verbal inmerecido, nos surge la respuesta oportuna en forma
de ironía o sarcasmo, con lo que habremos convertido el humor en un arma
defensiva, y si somos suficientemente observadores-reflexivos podremos
disfrutar de nuestro propio ingenio, que brotará de una forma natural y sin
casi proponérnoslo.
Aunque llegado este punto hay que hacer una advertencia: ¡cuidado con la enfermedad del chiste Witzelsucht! Es un trastorno neurológico caracterizado por hacer bromas, contar chistes malos, utilizar juegos de palabras o historias sin sentido. Las personas que lo padecen no pueden parar y siguen de forma compulsiva hasta en las circunstancias sociales más inadecuadas, creando situaciones esperpénticas que desarrollaremos en otra ocasión...