Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
71 – Verano 2023
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Introducción
Los estudios con carácter histórico que han abordado ciertos aspectos de la administración o explotación de las salinas de La Mata, hasta el momento, han focalizado la atención en períodos cronológicos distantes entre sí. Por un lado, conocemos aspectos fundamentales acerca del arrendamiento y administración de la explotación de esta regalía durante la Baja Edad Media y su vinculación comercial con Génova (Hinojosa Montalvo, 1993), así como datos acerca de su aprovechamiento en el siglo XV, o la producción de sal y su volumen mercantil hasta principios del siglo XVI (Soler Milla, 2013 y 2019). En otra instancia, conocemos detalles de la evolución de su administración, infraestructuras, organización y aprovechamiento de los recursos de su entorno, de los diferentes amojonamientos levantados en las inmediaciones de la laguna, así como del origen de las poblaciones de La Mata y Torrevieja durante el siglo XVIII (Galant y Gil, 2017; Paños Serna, 2006; Navarro Paredes, 2021).
Al margen de los trabajos mencionados, y de algunas otras aportaciones puntuales dentro de un marco geográfico más amplio (Alberola Romá, 2005; Banacloche Giner, 2005; Salvador Esteban, 1982), apenas se ha profundizado en temática alguna sobre las salinas de La Mata durante el siglo XVII. El presente artículo pretende ser un punto de partida para el conocimiento de la administración y comercialización de la sal de La Mata durante dicha centuria, basándose, en gran parte, en la conferencia que realicé dentro del marco de las VI Jornadas «Lagunas de Torrevieja y La Mata: paisaje cultural, historia y patrimonio» (Navarro Paredes, 2023).
Administración y arrendamiento en las salinas de La Mata en el siglo XVII
Para el estudio de la administración en las salinas de La Mata en el siglo XVII contamos con dos importantes fuentes de información. En primer lugar, los capítulos recogidos por Luis de Ocaña sobre la manera de administrar los reales derechos en la Gobernación de Orihuela y Alicante, en cuya recopilación se incluye la manera en que se administraba la regalía de las salinas de La Mata. Por otro lado, el Llibre y mà comuna de arrendaments y coses concernents a les Salines de la Mata, que contiene la documentación producida por la Junta Patrimonial de Alicante entre 1661 y 1677 en todo lo relativo a los arrendamientos concertados en las salinas de La Mata en ese período.
Las salinas de La Mata, como propiedad y regalía de la Corona, era uno de los principales derechos que ésta tenía reservados en la Gobernación de Orihuela-Alicante, dado que su sal se vendía exenta del impuesto de la Generalitat. Su gestión estaba delegada o reservada al Baile general y a los oficiales patrimoniales, quienes constituidos en Junta Patrimonial tenían plena capacidad para redactar sus capítulos de subasta y arrendamiento. El contexto político o económico y el impacto de la coyuntura internacional en el volumen comercial fueron factores que llevaron a la Monarquía y a la propia Junta Patrimonial a decantarse, según cada momento, por el arrendamiento o la administración directa. Para los casos en que se optaba por esta última, se nombraba administrador mediante Privilegio Real, facultado con una serie de prerrogativas.
Según Ocaña, en el momento de su recopilación, el período acostumbrado de arrendamiento tenía una previsión de cuatro años firmes que podían ser extendidos voluntariamente a otros cuatro, previo aviso seis meses antes, y se concertaba con la mejor de las propuestas que fuesen presentadas. En la entrega al arrendador se libraban las infraestructuras de las salinas (torre, cortijo, aljibe, cargador, etc.), así como la Casa del Rey, un almacén cuya construcción fue ordenada por Felipe II en 1590, para el almacenamiento de hasta 1.000 modines de sal.

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Figura 1: Portada del Libro de Capítulos de Ocaña (1613). Fuente: Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid. |
Previo inventario, se le cedían los útiles, herramientas y pertrechos que se encontraban en el cortijo y la sal amontonada en las eras de las salinas y en el cargador. Todo ello debía ser devuelto al final del arrendamiento en las mismas calidades y condiciones que fueron entregados, aunque en cuanto al mantenimiento de las edificaciones, cualquier reparación sería consultada con la Junta Patrimonial y en caso de ser obra necesaria, su coste tendría que ser adelantado por el arrendador, reembolsándose en el último año de su contrato.
Es posible resumir a grandes rasgos las facultades otorgadas a los arrendadores. Principalmente, la capacidad para requerir un alguacil al Baile general en la convocatoria anual de trabajadores y carreteros, que como obligados, tenían que acudir a los trabajos de extracción, transporte y cargazón de la sal. También tenían facultada la venta de sal desde la Casa del Rey en Alicante al mejor precio concertado, así como nombrar y fletar una nao para el servicio de las salinas y portar sal a Levante y Poniente. A todo ello se sumaría la posibilidad de mantener una guarda en la Torre de las Salinas cargando con su coste.
Por otro lado, éstos tendrían que cumplir con la obligación de acudir al pago del arrendamiento, la presentación de fianzas, tributar el impuesto del marco y medio marco sobre la cantidad anual pactada, el pago de los costes de la mano de obra en la extracción, transporte y embarque, la restitución de la sal entregada mediante alfarraz y de los bienes librados y el mantenimiento de la torre y cortijo. Finalmente, debían mantener un precio fijo de 12 reales por modín en la sal destinada a abastecer a la gabela de Nápoles, es decir, a aquellas embarcaciones llegadas con provisión del Virrey o del Juez de Sal napolitano. Los mencionados 12 reales por modín estaban previstos para su embarque en el cargador de La Mata, pero en caso de que a petición de los interesados hubiera de transportarse la sal hasta el Lugar Nuevo (Santa Pola) o hasta Alicante, se le sumaría el gasto (Ocaña, 1613).
De la documentación de la Junta Patrimonial podemos extraer datos de interés acerca de la comunicación de ésta con el Consejo de Aragón, así como las cartas y Reales Órdenes recibidas, los diferentes inventarios, alfarraces y memorias de las obras y reparaciones, así como las gestiones, las propuestas, el protocolo y ceremonial relativo al concierto de los arrendamientos.
En los arrendamientos concertados en los años 1661, 1667 y 1675 se aprecian ciertas variaciones e incorporaciones de capítulos respecto a los capítulos de Ocaña de principio de siglo, destacando la petición de los arrendadores de obtener Privilegios de Administrador, sobre todo facultad para otorgar pasaporte a los navíos, y asegurar la protección frente a embargos particulares y generales de las embarcaciones que acudan a cargar sal. Otro elemento que omite Ocaña es la entrega de 3 jornales de tierras sembradas anexas a la torre y cortijo, que probablemente se mantuvieron en cultivo para el consumo de los animales de tiro. En algún caso se expresa que ni la Corona, ni el arrendador, podrían modificar o pedir la rescisión del contrato salvo que durante dos años seguidos no se produjese el cuajo de sal en la laguna o éste se rompiese por las lluvias e impidiese su extracción, tratando así de dar cierta seguridad a la empresa de los arrendadores. Finalmente, los arrendamientos de este período se realizaron por cinco años fijos y la posibilidad de ampliar a tres años voluntarios (ARV: PRA, III, 5382).

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Figura 2: Recreación de la Torre y Cortijo de La Mata. Elaboración propia. |
Realizando una primera aproximación, puede postularse que en las salinas de La Mata hubo una mayor predilección por la administración que por el arrendamiento, bien es cierto que todavía queda por estudiar las diferentes administraciones y las decisiones políticas y económicas que llevaron a la elección de cada modalidad en cada uno de los períodos. En el caso que nos corresponde, el período comprendido entre 1661-1679 lo abarcaron tres arrendamientos en los que participaron grandes mercaderes de Alicante, entre los que destacamos algunos a continuación.
El primero de ellos, Joan Batista Patricio, mercader genovés residente en Alicante, primo del antiguo administrador Pablo Gerónimo Ribanegra (1638-1646) y casado con su hija. Su padre participó en dicha administración con una consignación del 2% de las cargazones concertadas (ARV: RA, PRA, III, 5382, 237r.). La compañía comercial Patucio-Ribanegra había tenido gran presencia en la exportación de lana castellana a Italia, así como en la importación de mercaderías holandesas e inglesas por el puerto de Alicante (Montojo Montojo, 2006; Sánchez Belén, 1996). Fue el principal partícipe del arrendamiento de 1661-1666, junto con Pedro Van Halen, teniendo por fiadores a los Ribanegra, a Vicente Zaragoza y Pedro Juan Doménech, entre otros, también mercaderes de Alicante. Tras renunciar a los tres años voluntarios logró concertar un nuevo arrendamiento (1667-1675) con una rebaja de algo más de 10.000 reales de plata, aprovechando el contexto de la guerra angloneerlandesa de 1665-1667 y la reducción del tráfico comercial marítimo.
En 1675 fue Adrián Riera y Móxica, mercader vecino de Alicante, que había establecido contactos comerciales con judíos sefardíes holandeses (Montojo Montojo, 2010a), quien se hizo con el arrendamiento de las salinas de La Mata tratando de evitar que Patucio lograse un nuevo concierto, ya que éste le debía dinero por un adelanto dado para cubrir los costes de la extracción de sal años atrás (ACA: CA, Legajos 791, n.º 8/2). Esta vez, también asociado con Pedro Van Halen, quien parece ser que fue el representante tanto en el primer arrendamiento de Patucio como en éste.

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Figura 3: Arrendamientos entre 1661 y 1679. Fuente: ARV: RA, PRA, III, 5382. Elaboración propia. |
Respecto a Pedro Van Halen, la documentación nos indica su origen flamenco. Residente en Alicante, constó como sobrestante en las administraciones de Francisco Pascual de Ibarra y de Luis Pallás, dirigiendo la saca de sal y las cargazones (ACA:CA, Legajos 607, n.º 37; ARV: PRA, III, 2166). Todo ello hace bastante probable que tuviera una función similar durante los arrendamientos de Joan Batista Patucio y de Adrián Riera y Móxica.
En cuanto a los administradores reales, una vista superficial permite aproximarnos a algunas cuestiones, si bien tendrán que ser estudiadas con mayor profundidad. Entre 1636 y 1659, la administración de las salinas de La Mata estuvo delegada en genoveses o descendientes de ellos. Por ejemplo, J. A. Ansaldo, natural de Cartagena e hijo de genoveses, que hizo carrera política, llegando a ser jurado en Alicante tras introducirse como alguacil de la Inquisición y probar su nobleza en 1649-1652 (Alberola Romá, 1983; Montojo Montojo, 2017), el ya comentado Pablo Jerónimo Ribanegra, o Bernardo Berardo, genovés naturalizado que logró el título de Caballero de la Orden de Santiago al probar su nobleza (AHN, OM, Caballeros Santiago, Exp. 1009). No sería extraño que esta situación fuese propiciada por la situación bélica de la Monarquía Hispánica, tratando de mantener el flujo comercial de la sal hacia las provincias italianas mediante administradores con contactos comerciales en las provincias italianas.
En el año 1679, tras varios informes favorables de Francisco Pascual de Ibarra, asesor de la Bailía General, sobre los mayores beneficios que propiciaría la administración por cuenta real de las salinas de La Mata, se le encargó alcanzar un acuerdo con los arrendadores para renunciar a continuar en su asiento. Además, no sólo se le encargó la administración de las salinas, sino también de los derechos reales de Alicante, que desde aquel año fueron administrados conjuntamente el resto de la centuria. Tras su cese en 1682, la Corona optó por otorgar el cargo de administrador a diferentes ministros reales del Reino de Valencia que no fueran naturales de la Gobernación de Orihuela-Alicante, tales como Luis Pallás, receptor de la Bailía General de Valencia, o los titulares de dicha Gobernación, Jaime Borrás y Joseph de Borja Llanzol, sucesivamente.

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Figura 4: Administradores y arrendadores de las Salinas de La Mata entre 1623 y 1696. Fuentes: ACA:CA, Legajos 607, n.o 37; ARV: PRA, III, 2166 y 5382; Alberola Romá, A. (1983), Montojo Montojo, V. (2006). Elaboración propia. |
La sal de La Mata en el comercio internacional del siglo XVII
Los navíos holandeses se habían consolidado en la Tregua de los Doce Años (1609-1621) como los principales transportistas de mercancías por vía marítima entre España e Italia, por encima del tráfico genovés, que décadas atrás había sido esencial en las rutas marítimas mediterráneas. Con la reanudación de las hostilidades entre la Monarquía Hispánica y las Provincias Unidas de los Países Bajos, la pretensión de la Corona española se centró en revertir la dependencia comercial de los transportistas holandeses en el Mediterráneo, tomando por objetivo fundamental impedir el acceso de éstos a las salinas de La Mata e Ibiza, así como prohibir la recepción de mercaderías procedentes de dichos territorios y el comercio con barcos de pabellón holandés (Israel, 1982a y 1982b).
En 1621, al momento de la ruptura de la tregua, se encontraban once barcos holandeses cargando en las salinas. Tuvieron que unirse al convoy militar enviado por las Provincias Unidas al Mediterráneo para evitar ser embargadas, siendo escoltadas, junto con una treintena de embarcaciones mercantes, fuera del Estrecho de Gibraltar (Israel, 1982a, 93). Todo parece apuntar a que la reducción del tráfico marítimo holandés tuvo gran repercusión en la bajada de producción y venta de sal en La Mata, tanto así que los efectos se produjeron de manera célere y en 1623 ya se informaba de la ausencia de cargazones (Israel, 1982a, 140).
La importancia de la sal para la industria del arenque y la exclusión de los holandeses de las salinas de La Mata e Ibiza, y de las portuguesas, como la de Sétubal, que hasta 1640 se encontraron en la órbita de la Monarquía Hispánica, llevó al intento holandés de introducirse en las salinas caribeñas. Tras el resultado positivo de algunas batallas y con la efectividad española en el levantamiento de fortalezas, hacia 1633 ya se había podido repeler en términos generales las incursiones en aquella zona (Dávila, 2015; Israel, 1982a).
Dicha situación llevó a que, dada la cercanía de la sal francesa, se produjese un cambio en el foco de atracción del producto a Francia Occidental, si bien la calidad de ésta era claramente inferior y apenas se podía equiparar con la sal ibérica en cantidad o calidad. Desde 1640, con la independencia de Portugal, la calidad de la sal de Sétubal copó el interés del comercio holandés durante gran parte del siglo XVII, si bien en el último tercio, la coyuntura internacional propició que las Provincias Unidas acrecentasen su interés por la sal mediterránea, sobre todo en períodos de hostilidad con Francia y Portugal (Alberola Romá, 2005).
En el año 1680, se consultó con elConsejo de Estado la petición de Francisco de Schonemberg, comisario de los Estados Generales de Holanda, de conceder en arrendamiento las salinas de La Mata, además de las de Cádiz, en razón de lo debido por los armamentos marítimos con los que contribuyeron en la guerra de Mesina de 1674-1678:
«...representa a Vuestra Majestad cuán conforme será de su Real grandeza y suma justificación el que logre algo de lo que se les debe de conceder a los Almirantazgos por doce años o más el arrendamiento de las salinas de la Mata, por el precio y las condiciones que las tuvo el último arrendador, cuya copia es la inclusa, para que puedan resarcir los defectos que ha habido y hay en las de Andalucía y ser de mucho beneficio y aumento del comercio de estos reinos, pues sabrán atraer muchas naciones a la saca de la sal de ellas en grave perjuicio de Francia y Portugal»(AHN, Consejo de Estado, 604, exp. 15).
En cualquier caso, en el año 1685 se concertó con el príncipe de Orange para abastecerse de hasta 12.500 modines, repartidos a partes iguales entre La Mata e Ibiza, una cantidad ciertamente relevante, que cubriría buena parte de la venta de la sal extraída de ambas salinas, y bastante superior a los 2.000 modines con los que el estado de Milán se encontraba obligado a consumir de ambas (Espino López, 2009).

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Figura 5: Detalle de la carta náutica de Ioannes van Keulen “Pascaart van de Zee Kusten van Granada en Murcia...” (1685). Fuente: Museo Naval de Madrid. |
Más allá de intereses político-económicos de carácter estatal, tampoco faltaron iniciativas mercantiles de carácter privado. En el mismo año llegó al Consejo de Aragón un papel dado por Juan Rombouts, de nación holandés y vecino de la ciudad de Amsterdam, con los capítulos en los que ofrecía tomar en arrendamiento las salinas de la Mata por una suma anual de 33.000 reales de plata doble. Dicha propuesta fue descartada, dado que se había resuelto la conveniencia de que las salinas de La Mata fuesen tomadas en administración por Francisco Pascual de Ibarra, asesor de la Bailía general (ACA: CA, legajos 921, nº11).
Compra, venta y producción de la sal de La Mata en el siglo XVII
El análisis de las cuentas de la administración de Pablo Jerónimo Ribanegra (1638-1646), Francisco Pascual de Ibarra (1679-1682), Luis Pallás (1682-1685) y Joseph de Borja y Llanzol (1693-1696) nos permite extraer algunas conclusiones de manera provisional, en tanto que éstas no dejan de ser una muestra temporal concreta que deberá completarse en un futuro.
Mediante una comparativa de los datos de producción y venta se aprecia, en primer lugar, el carácter irregular de la extracción de la sal, con varias caídas de producción a mínimos, propiciado por las adversidades climáticas o por decisión propia de la administración para regular el ciclo productivo. Así, en los años de 1640, 1642 y 1692 no se extrajo ningún modín de la laguna, éste último año por la mala climatología, mientras que en el 1681, apenas se extrajeron 872 modines de sal, decisión tomada por Francisco Pascual de Ibarra, en tanto que todavía quedaba sal remanente de años anteriores.
En cualquier caso, se puede observar cómo en el último cuarto de la centuria la producción y venta anual era notablemente mayor que en el período de 1638-1646. Además, si tenemos en cuenta que en 1621 debió producirse una gran caída en ambos valores, por el fin de la tregua con Holanda, podemos considerar que se produjo una tendencia ascendente desde entonces, aunque sin duda marcada por ciclos irregulares dependientes del impacto del contexto internacional, económico e incluso climático.

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Figura 6: Fuente: ACA:CA, Legajos 621, n.º 14, Legajos 647, n.º 27, y Legajos 842, n.º 2; ARV: Mestre Racional, n.º 9.558; ARV: Real Audiencia, III, n.º 2166. Elaboración propia. |
Centrando la atención en la administración de Francisco Pascual de Ibarra y la de Joseph de Borja Llanzol, los registros de venta de la sal proporcionan información fundamental para conocer a los compradores, la cuota de compra de éstos, la procedencia de los navíos que cargaban dicha sal, así como la cantidad e importe de ésta. En el período administrado por el primero, desde mediados de 1679 hasta mediados de 1682, fueron las embarcaciones francesas y holandesas las que predominaban como transportistas de manera cuantitativa, superando la treintena. Sin embargo, eran las holandesas las que transportaban una mayor cantidad de sal sin ninguna duda, e incluso las naves genovesas portaban mayor volumen respecto a las embarcaciones francesas.

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Figura 7: Fuente: ARV: Mestre Racional, n.º 9.558. Elaboración propia. |
Durante dicho período, la mayor parte de los mercaderes y hombres de negocios que compraron sal de La Mata para su posterior redistribución internacional eran extranjeros naturalizados y residentes en Alicante. No obstante, éste no parece ser el caso del holandés Gerardo Vlasblom, mayor comprador por entonces, quien, a diferencia del resto de comerciantes, apenas contribuyó en los Reales Derechos de Aduana de Alicante, lo que nos indica que, al menos en lo que respecta a Alicante, se especializó exclusivamente al negocio de la sal. Esta cuestión se ve reafirmada en tanto que en los protocolos notariales de Ámsterdam se le considera agente o comerciante de sal (SA, n.º 5258, 5075).
Otros de los principales mercaderes, como Juan Lombardón y Diego Mirasol, eran de origen francés. El primero, residente en Alicante, había solicitado en el año 1667 a la Corona que se le otorgase Privilegio de protección frente embargos por 50 doblones (ACA:CA, Legajos 591, n.º 35), mientras que el segundo llegó a ser Cónsul de Francia en Alicante hacia los años finales del siglo XVII (ACA:CA, Legajos 587, n.º 18).
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Mercader |
Modines |
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Gerardo Vlasblom |
5.316 |
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Juan Lombardón y Diego Mirasol compañía |
2.664 |
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Francisco y Pablo Lomelín compañía de Alicante |
1.120 |
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Juan Geraers |
1.037 |
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Francisco Mora y Móxica |
801 |
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Francisco Burlando |
656,75 |
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Otros |
5.981,25 |
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Total |
17.576 |
Tabla 1. Principales compradores de sal durante la administración de Francisco Pascual de Ibarra. Fuente: ARV: Mestre Racional, n.º 9.558. Elaboración propia.
De igual manera, al analizar los datos extraídos de las cuentas de Joseph de Borja y Llanzol para los años 1694 y 1695, se patenta aún más la prevalencia de mercaderes de origen extranjero residentes en Alicante. Así, destaca Pablo Van Halen, que fue quien obtuvo la mayor cuota de compra en ese momento, cargando la sal en embarcaciones holandesas y de naciones del Norte. Tras la Guerra de Sucesión fue nombrado cónsul de Holanda para Alicante, Cartagena, Mallorca y Valencia (Montojo Montojo, 2010b). Probablemente debió tener alguna vinculación familiar con Pedro Van Halen, flamenco que participó décadas atrás en varios arrendamientos de las salinas de La Mata.
Tras Pablo Van Halen, los siguientes compradores de sal fueron italianos avecindados en Alicante. Es el caso del genovés Antonio Capurro, quien también fue cónsul de su nación en la ciudad de Alicante, cuyo cargo ejerció desde el año 1691 (AGS, Consejo de Estado, Legajo 3.625, 73). Además, se dedicó a la exportación de lana castellana desde el puerto de Alicante (Montojo Montojo, 2008). El otro mercader italiano fue Jerónimo Pintón, hombre de negocios dedicado a la venta de ropas (Montojo Montojo, 2011).
Siguiendo el orden de mayor cuota de compra de sal encontraríamos a Ignacio Geraers, vecino de Alicante de origen francés, casado con la genovesa Clara María de Negri (Seguí Romá, 2015, 355). Con menos modines embarcados encontramos a mercaderes ingleses, como Antonio Puigserver, o como Samuel Watts y Samuel Cauter, cuyas compañías comerciales reportaban importantes ingresos a los Reales Derechos de Aduana de Alicante (Martínez y Gauci, 2008; Montojo Montojo, 2019).
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Mercader |
Modines |
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Pablo Van Halen |
5.444 |
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Antonio Capurro |
3.174 |
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Jerónimo Pintón |
2.931 |
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Ignacio Geraers |
1.427 |
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Antonio Puigserver |
1.097 |
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Samuel Cauter y compañía |
1.090 |
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Indeterminado |
793,25 |
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Samuel Watts y compañía |
491 |
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Bernardo Burlo |
415 |
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Bartholomé Carminati |
369 |
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Thomas Ayles y compañía |
344 |
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Jordi Blunden y compañía |
307 |
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Francisco Langhenorts |
272 |
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Bernardo Bartholón |
219 |
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Otros |
734 |
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Total |
19.107,25 |
Tabla 2. Principales compradores de sal durante la administración de Joseph de Borja y Llanzol. Fuente: ARV: Real Audiencia, III, n.º 2166. Elaboración propia.
En cuanto a los datos de las embarcaciones, podemos apreciar una mayor presencia de barcos genoveses respecto al período de 1679-1682, aunque, al igual que entonces, las embarcaciones holandesas siguieron generando un mayor impacto en el tráfico comercial, llegando a transportar más de 7.000 modines entre ambos años. La media de modines cargados por barco también nos señala el mayor volumen de sal portado por las embarcaciones del Norte de Europa frente a los navíos mediterráneos y, en última instancia, es destacable la ausencia de navíos franceses, que años atrás habían sido numerosos en el tráfico comercial de la sal de La Mata, hecho consecuente con la Guerra de los Nueve Años (1688-1697) que se encontraba en curso.

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Figura 8: Fuente: ARV: Real Audiencia, III, n.º 2166. Elaboración propia. |
Como consideración final, se ha podido apreciar cómo la mayor parte de los compradores de sal de La Mata eran hombres de negocios establecidos en la ciudad de Alicante, cuyo puerto se había consolidado como un foco de atracción comercial para la exportación marítima internacional y para la redistribución de productos hacia el interior de la Península. Asimismo, según las cantidades embarcadas por los compradores, se puede asumir que alguno de ellos se especializó en el mercado de la sal, como en el caso de Gerardo Vlasblom y Pablo Van Halen, aunque sin poder dilucidar si dicha cuestión respondería a un hecho puntual o más bien estructural. El resto de mercaderes probablemente emplearan la sal como una manera de aprovechamiento del lastre del barco buscando un mayor beneficio de los fletes. En definitiva, todo este movimiento comercial de la sal de La Mata tuvo como base un predominio evidente de las embarcaciones holandesas, quienes ostentaron en los años analizados un mayor volumen de sal transportada.
En este contexto, la sal de La Mata fue un producto esencial dentro del dinamismo económico del territorio de la Gobernación de Orihuela-Alicante, hecho que se patenta cuando se unifica la administración de las salinas con los Reales Derechos de Alicante en el año 1679. El interés relativo al aumento de los beneficios de sus rentas no hizo sino aumentar desde entonces, con tal de cubrir las diferentes consignaciones, tanto ordinarias como extraordinarias, que recaían sobre las salinas de La Mata y el resto de regalías de Alicante, dentro de la política económica de la Corona.
Fuentes
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AHN. Archivo Histórico Nacional.
AGS. Archivo General de Simancas.
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SA. Stadsarchief Amsterdam (Archivos de la Ciudad de Amsterdam).
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