Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
68 – Otoño 2022
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
Pedro Gómez Mateo
Graduado en Ingeniería de Minas
Torrevieja es mar y también es sal, que no es sino la mar petrificada por el viento y el sol con la magia de sus salinas. No hay camino a Torrevieja desde el que no se contemple su mar o sus lagunas, que son el vientre donde el agua del mar Mediterráneo se transforma en sal.

Torrevieja es casi una isla, rodeada de mar y lagunas salinas por todos los costados, y por eso huele a mar y a sal. Cuando se viene por la carretera de Orihuela, al llegar al paraje de Vistabella, se contempla por primera vez la laguna salada de Torrevieja en todo su encanto y conforme uno va acercándose percibe cada vez más un olor especial, parecido al de las algas marinas, que nos evoca la proximidad del mar, como también sucedía cuando se llegaba por la carretera de Crevillente que discurre entre ambas lagunas o cuando, viniendo de Guardamar, se sobrepasa el Moncayo y comienza el descenso hacia la pedanía de La Mata y su laguna homónima.
En los cuatro puntos cardinales mar y mar, laguna de la Mata o laguna de Torrevieja devenidas en salinas, no hay otra opción.
Hasta que las grandes edificaciones invadieron la ciudad, en la segunda mitad del siglo pasado, podía divisarse desde cualquier promontorio los montones de la nívea sal que resplandecían expuestos al sol, antes de transformarse en gránulos adecuados al gusto de los consumidores, para ser transportada a todos los rincones de la tierra. Y era el mar, no sólo fuente de provisión de alimentos ante la yerma e improductiva tierra y la escasez de lluvias, sino también el que proporcionaba las rutas marinas que, mediante veleros empujados por la fuerza del viento, hacía llegar el blanco tesoro hasta cualquier lugar imaginable.
Pero todo tiene una historia y la de Torrevieja y La Mata principia allá, en tiempos geológicos pretéritos, cuando comienza a formarse el suelo sobre el que actualmente se asienta la población y sus salinas.
1. EL MEDIO FÍSICO
Hace 23 millones de años, en la época del Mioceno del periodo Terciario, se produjo un plegamiento del terreno que provocó el descenso de dos dovelas que, por quedar bajo el nivel del mar y la relativa permeabilidad del terreno que las separaba de éste, se inundaron y dieron lugar a la formación de las dos lagunas, la de La Mata y la de Torrevieja, otrora denominadas de Guardamar y Orihuela respectivamente.

La fuerte insolación y los frecuentes vientos de la zona generaban una alta evaporación del agua de mar introducida y, ante la escasez de lluvias, ésta aumentaba progresivamente de salinidad llegando a provocar su cristalización en el fondo de las lagunas.
Las lluvias de la zona, escasas pero de gran intensidad en algunos casos, provocaban aterramientos sobre la capa de sal formada en la laguna de Torrevieja, debido a los arrastres de tierras de la zona circundante, que llegaban a formar estratos de lodos compactos, sobre las que cristalizaba otra vez la sal formando varias capas intercaladas por las de los barros.

A partir del comienzo de la explotación industrial de la laguna de Torrevieja y extraer la sal de forma continuada los posibles lodos que entraban en la laguna eran extraídos involuntariamente con la propia sal cosechada, por lo que ya no se produjeron más capas de éstos. Se estima que bajo la capa actual sobre la que se trabaja en las salinas de Torrevieja hay unos 8 millones de toneladas de sal que es, aproximadamente, el doble de la sal que se produce en toda España anualmente.
2. ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En cuanto a la historia humana en relación con nuestras salinas, ésta debió comenzar con los griegos que, al parecer, fundaron la ciudad de Alone en lo que actualmente es Guardamar del Segura y aunque existen algunas divergencias sobre su situación geográfica en este lugar, si esto fuera así, es bastante lógico que tomaran sal de la laguna de La Mata que se encuentran a muy poca distancia. Curiosamente en el nombre Alone se encuentra la raíz griega ?λς (hals) que significa sal, de alguna manera Alone sería la ciudad de la sal.
Respecto a la época romana se tiene evidencia de la explotación de la sal de la laguna de La Mata, tanto por la existencia de un embarcadero para el comercio marítimo como de una factoría para la explotación salinera, con restos de muros y fragmentos de ánforas, que se encuentra actualmente semisumergida en la propia laguna.
En los siglos siguientes otras civilizaciones habitaron las tierras próximas a las lagunas y, aunque no debieron comerciar su sal a gran escala, sí que la utilizarían para sus propias necesidades.
2.1. LA EDAD MEDIA
Pero es a partir del siglo XIII, a finales de la Plena Edad Media, cuando comienza la normativa legal de las salinas en nuestro país con un texto del rey Alfonso X “El Sabio”, denominado “El libro de las Leyes”, también conocido como el de “Las Siete Partidas” por las secciones en que se hallaba dividido. En él se ordena que las rentas de las salinas son de los Emperadores y de los Reyes y les fueron otorgadas para que se mantuviesen honradamente, pudiesen defender sus tierras y sus reinados, luchar contra los enemigos de la Fe y para evitar imponer a sus pueblos demasiados tributos y gravámenes.
Desde este momento queda establecido un sistema monopolístico de la sal por el cual todas las salinas del territorio nacional pertenecen al Estado y la sal queda estancada por el mismo. Este monopolio, con algunos altibajos, perdura hasta finales del siglo XIX en que desaparece definitivamente el estanco de la sal, declarándose libre su fabricación y venta.
El Estado procede a la enajenación de todas sus salinas excepto las de Torrevieja, las de Imón y La Olmeda (Guadalajara) y las de los Alfaques (Tarragona). Finalmente vende todas menos las de Torrevieja y La Mata que perduran hasta nuestros días y son explotadas en arrendamiento al Estado español por una cantidad o canon anual.
Continuando con la historia, en el año 1273 Alfonso X concede el privilegio, a los habitantes de Orihuela, de tomar toda la sal que necesitaran para su consumo de las salinas mayores (laguna de Torrevieja) y en 1321 el Infante D. Sancho la cede “a perpetuidad” al Concejo de Orihuela, aunque esta laguna no se explota para el comercio de la sal hasta varios siglos después.
Bien es cierto que el Concejo de Orihuela, para rentabilizar la laguna, pidió al monarca Juan I convertirlas en una albufera para la pesca, siendo autorizado por las Cortes de Monzón en 1389. Dado que, como hemos comentado, la laguna de Torrevieja se encuentra por debajo del nivel del mar y sólo recibía pequeñas aportaciones de agua por filtraciones, se decidió construir un canal (Acequión) para facilitar la entrada masiva de agua por considerar que era necesario para la cría de peces.

A este respecto resaltar que, aunque se afirma que la albufera prevista fue abandonada por problemas en la entrada de agua de mar debido sobre todo a las dificultades del mantenimiento del canal que se cegaba con facilidad, la realidad es que al introducir agua de mar en la laguna aumenta de salinidad por evaporación y termina transformándose en una salmuera inhabitable para casi todo tipo de vida, y especialmente la marina, incluso cristalizando la sal en el fondo, ratificando nuevamente el don de las lagunas de transformar el mar en sal.
La importancia de la posesión de la laguna de Torrevieja y sus terrenos circundantes o “redondas” residía, fundamentalmente, en el interés para la producción de trigo, cebada y sosa. La entrada de agua de mar en la laguna debió reducir las cosechas de trigo y cebada, por el aumento de la salinidad de los terrenos, a la vez que aumentaba la obtención de sal fina en las orillas, facilitando la extracción de sal, lo que sería un aliciente para el cambio de explotación de la laguna de La Mata a la de Torrevieja.
Durante la Edad Media se tiene buen conocimiento de la explotación de la laguna de La Mata, aprovechando el gran remanente de sal que había en su interior, aunque sólo se sacaba una cantidad muy limitada para abastecer a los alfolíes (almacenes de venta de sal) del reino de Valencia y para la exportación, principalmente a venecianos que la comercializaban junto con la de Ibiza e Hyères (Francia) por casi todo el Mediterráneo. El sistema de explotación era por arrendamientos, generalmente concedidos por los monarcas a financiadores con los que habían contraído deudas para pagar sus luchas y otros dispendios.

En 1465 el arrendamiento de las salinas de La Mata fue concedido al judío converso Luis de Santángel, escribano de ración de la Corona de Aragón, que financió a los Reyes Católicos con la mitad del dinero necesario para el descubrimiento de América.
En el Archivo de la Tesorería general de Aragón se conserva el documento del préstamo de Santángel, que indica: “En el mes de Abril de 1492, estando los Reyes Católicos en la villa de Santa Fe, capitularon con Don Cristóbal Colón para el primer viaje de las Indias y por los Reyes lo trató su Secretario Juan de Coloma, y para el gasto de la Armada presta Luís de Santángel escribano de raciones de Aragón, 17.000 florines”.
La explotación salinera de la laguna de La Mata comenzaba a ser bastante clásica, tras las lluvias otoño-invernales y las filtraciones de agua de mar que mantendrían la laguna relativamente inundada, se habría de esperar a que las fuertes evaporaciones primaverales evaporaran la salmuera formada y comenzara a cristalizar la sal en una fina capa hasta que fuera factible su extracción. Se estima que la cantidad de sal que se obtenía en aquellos momentos era de unas 16.000 toneladas anuales.
2.2. LA EDAD MODERNA
Se tiene constancia que en el año 1692 ya se explotaban ambas lagunas y que la cosecha fue de 18.000 toneladas en la de La Mata y 12.000 en la de Torrevieja, lo que era una enormidad para la época.
En el año 1749 comienza la explotación directa de todas las salinas por parte del Estado y diez años después el Consejo de Orihuela le devuelve la donación que había recibido anteriormente.

En el año 1766 se observó que en la laguna de Torrevieja, había cristalizado una importante capa de sal por las orillas, que se recolectó con facilidad y resultó ser de buena calidad, lo que parece que dio lugar al comienzo de una explotación sistemática, técnica y racional del recurso y en éste mismo año se inicia la construcción de las Eras de la Sal, para el almacenamiento y expedición por vía marítima del producto, comenzando las exportaciones de sal un par de años después desde la rada de la Cala Genovesa, junto a la Torre Vieja, por las buenas condiciones para el anclaje de los barcos y su relativa proximidad a la explotación salinera.
Finalmente, en el año 1802 se ordena el traslado de la administración de las salinas de La Mata a Torrevieja y posteriormente Carlos IV aprueba el plano de la población y le da el nombre de Torrevieja dotándola de un escribano de rentas, un médico y un maestro por cuenta de la Real Hacienda.
La explotación de las salinas de Torrevieja se limitaba a la sal de las orillas pues en el interior la dureza de la sal fosilizada durante siglos de gestación hacía prácticamente imposible su extracción con los medios de la época. El sistema administrativo era por arrendamientos de “calzadas” o superficies de forma cuasi rectangular delimitadas por una cierta longitud del perímetro de la laguna y dos líneas aproximadamente perpendiculares en sus extremos, que determinaban la separación entre arrendatarios, cuando los hubiere; la extensión hacia el interior podía se variable en función de las posibilidades de extracción, como hemos reseñado anteriormente.
Las reservas de sal de la laguna eran inagotables para la época, pero el sistema de extracción en seco y limitado a las orillas, tal como se ha comentado, hacía que sólo pudiera ser efectivo en la época estival, igual que curiosamente sucede en la actualidad en las salinas marítimas de nuestro entorno.
Las lluvias invernales disolvían parte de la enorme cantidad de sal que se encontraba en la laguna formando una salmuera que en la época primaveral y parte del verano, por la alta evaporación, dejaba prácticamente secas las orillas donde recristalizaba nuevamente la sal que, al ser más fina, era factible de ser extraída.
Para recolectar la sal era preciso que las orillas estuvieran suficientemente secas para permitir la circulación de carretillas y caballerías ya que el sistema de extracción o corta de la sal se realizaba manualmente con herramientas agrícolas, carga de serones con pala y traslado del producto mediante transporte animal a la zona próxima a las orillas donde se amontonaba para dejar escurrir la salmuera residual que portaba a la vez que se secaba lo suficiente para su futura expedición.
Conviene decir que el amontonamiento de sal permitía una mejora del producto ya que la lluvia que pudiera caerle hasta su expedición aumentaba su calidad al disolver, sobre todo, sales cálcicas y magnésicas y arrastrar parte del barro que contenía la sal recién recolectada.
Este sistema de explotación se mantiene sin apenas modificaciones técnicas para surtir de sal al mercado nacional, vía los alfolíes o almacenes de la sal monopolizada por el Estado.
(Continuará)