Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 68 – Otoño 2022
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

 

Existen aspectos de identidad tan propios del ser humano como las emociones, los deseos o las percepciones. Se trata de sentimientos que surgen de la rica, variada y extensa diversidad que existe entre las personas, y que convergen en un atávico punto común libre de influencias culturales y sociales. Con respecto a la relación entre los mencionados aspectos y los diferentes colores, debo confesarles que soy una de las personas que miran en azul, piensan en verde, sienten en malva y tienen una especial predilección por el blanco.


Miro en azul.

Lo hago de una manera natural, sin forzar la mirada, sin una expresa voluntad dirigida al conocimiento. No se trata de un único azul, de hecho, mi azul tiene tonalidades que van desde el azul turquesa al intenso azul cobalto del Mediterráneo. A mí me parece que esa mirada en azul implica una visión más dulce, más amable de la vida.


Pienso en verde.

Este color, que identifico con la serenidad, la plenitud y la belleza, supone para mí la exaltación de la vida con mayúsculas. Entiendo que destruir y atacar a la vida es muy difícil pensando en verde.


Siento en malva.

Color extremadamente frágil y delicado que tiende a tornar a morado o rojo oscuro si no lo cuidas, si no lo mimas, si no estás atenta a su frecuentes, volubles y tantas veces caprichosos cambios. En éste sí he de esforzarme, ya que afecta de manera muy directa al inestable campo de las emociones y los sentimientos. Va de la mano del razonamiento, la moderación, la aceptación, la estabilidad, la flexibilidad y de todo aquello que, en definitiva, supone el deseado e inestimable campo del equilibrio personal.


Siento predilección por el blanco.

Envolvente, luminoso. Se adapta siempre, no molesta nunca, nos arropa con sutil y suave gasa aportando armonía a todo cuanto toca.


¿Que existen otras formas de interpretar estos colores? Por supuesto que sí.

¿Que cada uno de nosotros tiene sus propias asociaciones? Sin duda alguna.

Pero yo voy a otro tipo de asociación.

Verán, hace unos días una amiga de profesión, diseñadora, me contaba desesperada que le habían encargado el diseño de una insignia de identidad corporativa para un organismo, y le habían prohibido utilizar el azul, el rojo, el naranja, el verde, el morado y el lila, porque, según le argumentaron, estos colores sembraban polémica.

Lo que ella consideró, y así lo dijo, es que estaban coaccionando su creatividad y su sentido de la estética.

Creo que ustedes sabrán interpretar con facilidad el porqué de esta prohibición.

Me pregunto cómo es posible que esto suceda cuando los colores en sí mismos son tan ajenos al motivo que implicaba tal prohibición.

Así que, cuidado, porque nos están secuestrando los colores, y lo más preocupante, ¿reaccionaremos ante ello?

Quizás deberíamos reflexionar sobre el hecho de si una identificación simplista, un reduccionismo erróneo o unos intereses partidistas, pueden hacernos perder el verdadero sentido y la vasta riqueza del valor de los colores, así como la deliciosa libertad de interpretarlos y asociarlos libremente a nuestros propios sentimientos y vivencias.