Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 59 – Verano 2020
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja

 

El año en el que los flamencos lograron reproducirse en el Parque Natural de las lagunas de La Mata y Torrevieja por primera vez

Juan Antonio Pujol Fructuoso

Federico Kenzelmann

Nos solicita la asociación cultural Ars Creatio una breve nota sobre el hecho histórico que ha supuesto la reproducción, por primera vez que se tenga constancia, de una de las aves más carismáticas de nuestra fauna: el flamenco común (Phoenicopterus roseus).

En una reciente entrevista en XLSemanal, el naturalista y divulgador Joaquín Araújo (Madrid, 1957) resumía lo que probablemente haya sido el sentimiento generalizado entre una parte de la población española. Ante la pregunta de cuál había sido su estado de ánimo durante el confinamiento propiciado por la pandemia de Covid-19, contestaba:

Pues pasaba de la delicia a la tortura casi todos los días. La de 2020 pasará a la historia como la mejor primavera del último siglo. Con la retirada del ser humano, la naturaleza ha reaccionado con una presencia extraordinaria. Pero los telediarios me hacían llorar cada día. Me parecía inverosímil lo que estaba pasando, ignominioso cómo reaccionaban algunos políticos, desgarrador cómo fallecían los ancianos en las residencias...

Efectivamente, para los procesos naturales que todos los años tienen lugar en los ricos y variados ecosistemas de nuestro país, la primavera de 2020 ha sido histórica. También en nuestro término municipal y sus costas. La crueldad con la que la enfermedad se ha cebado en la población mundial, también.

Pero si el confinamiento forzado de la población humana en sus domicilios ha sido crucial para que la naturaleza resurgiera con un ímpetu desconocido, otros factores adicionales también han prestado su ayuda. Al situarse Torrevieja en la zona más árida de la península Ibérica, el agua es el factor limitante que determina buena parte de los procesos naturales: en años de lluvia, la naturaleza de este sector se revitaliza; en años de ausencia de lluvias, baja el ritmo, en un proceso adaptativo que sólo se ve desbordado —para algunas especies— cuando acontecen las grandes sequías cíclicas.

En un claro aviso de que algo podría estar cambiando en el régimen de lluvias (desplazamiento de los meses de lluvias torrenciales y gravedad de las mismas), las precipitaciones durante los últimos meses también han sido históricas. Tanto la DANA de septiembre de 2019 como la inaudita borrasca Gloria de enero de 2020, unido a unas muy abundantes precipitaciones primaverales, provocaron la subida de los niveles hídricos y, en el caso de Torrevieja, una histórica inundación de las lagunas de Torrevieja y La Mata.

La gran entrada por escorrentía de agua dulce hasta la laguna de Torrevieja, y la imposibilidad de bombearla a una laguna de La Mata que igualmente se encontraba desbordada, desencadenó una serie de cambios que también iban a contribuir al asentamiento de los flamencos. Por un lado se produjo una inusual inundación de las instalaciones salineras, incluida la práctica desaparición de la mota central que divide la laguna en dos, lo que motivó la consiguiente paralización de las labores propias de esta explotación. También tuvo lugar algo percibido por todo el mundo y que fue motivo de noticias de prensa escrita, de radio y de televisión: el paso de una laguna de agua salada a, prácticamente, una laguna de agua dulce, con la consiguiente desaparición del característico color rosado. El ecosistema lagunar se vio enriquecido con gran cantidad de microorganismos que en condiciones normales están ausentes, en beneficio de las bacterias halófilas resistentes a las aguas salinas.

A mediados de febrero ya se apreciaba el cambio de comunidades de aves en la laguna de Torrevieja. La atenuación de las duras condiciones salinas de las aguas también provocó un espectacular afloramiento del pequeño crustáceo Artemia salina, clave en la alimentación de múltiples especies de aves. Comenzaron a contemplarse pequeños grupos de zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis) en la laguna de Torrevieja, algo que ocurre en muy contadas ocasiones, además de la presencia, alimentándose también en esta laguna, de varias especies de limícolas e incluso algunos ejemplares de diferentes especies de anátidas.

También comenzaron a llegar los flamencos. Mientras que casi todos los años pueden contemplarse ejemplares en la laguna de La Mata y, ocasionalmente, en las charcas del acequión de Torrevieja (situadas entre las Salinas y la Vía Verde, prácticamente en pleno casco urbano), su presencia en la laguna de Torrevieja es muchísimo más esporádica, y localizada en aquellos lugares en que las condiciones salinas se amortiguan, como por ejemplo el delta ocasionado por la rambla de la Fayona en su desembocadura en dicha laguna. Contemplar algunos flamencos en zonas de la laguna de Torrevieja no habituales para ellos indicaba que algo estaba por ocurrir. Pero todavía no se podía siquiera sospechar lo que ocurriría poco tiempo después.

Con el estricto confinamiento de la población humana que tuvo lugar a partir del 14 de marzo, el seguimiento de la fauna del Parque Natural también se resintió, aunque no desapareciera del todo. Sin embargo, muchos de los naturalistas y aficionados a las aves que, de una forma anónima y callada, también contribuyen a conocer mejor los procesos naturales que cada año ocurren en nuestros ecosistemas, también estaban encerrados en sus casas. No dejaron (no dejamos) de mirar al cielo en busca de aves. Y muchos comenzaron a observar una inusitada y progresiva presencia de flamencos volando en los cielos de Torrevieja. A través de las redes sociales (por ejemplo la página facebook de Crónicas Naturales de Torrevieja) también eran muchos ciudadanos, con sus viviendas cercanas a la laguna de Torrevieja, que alertaban, incluso con videos, de bandadas de flamencos cada vez más numerosas, y todos ellos alimentándose sin problemas. Lo mismo ocurría en La Mata: la presencia de estas inconfundibles aves era cada vez mayor. En ambos lugares se alimentaban a ras del agua, esto es: no necesitaban filtrar los limos de los fondos de las lagunas, ya que conseguían suficiente alimento con la gran cantidad de Artemia salina que se encontraba en la superficie.

  

Los incesantes vuelos de bandadas de flamencos hacia y desde la laguna de Torrevieja, incluso por la noche. Sus inconfundibles y broncos graznidos a cualquier hora. La concentración de grupos numerosísimos repartidos por las orillas lindantes con las urbanizaciones de las Torretas, los Balcones, El Limonar, San Luis, Lo Reche y la vecina población de Los Montesinos. Sus ciclos de actividad diaria. Las noticias que nos llegaban de otros humedales del sur de Alicante y la Región de Murcia, en el sentido de movimientos de estas aves hacia Torrevieja. Todo ello sí hizo que poco a poco comprendiéramos que algo inusitado podía ocurrir: ¿llegarían a construir algún nido? Podía ser pero, tal vez ocurriría como en los episodios de construcción de nidos que habían tenido lugar anteriormente. Y es que ya lo intentaron sin éxito en 1983 en el entorno de la desembocadura de la rambla de la Fayona o en 2001 en la orilla norte de la laguna de La Mata (de ambos episodios se conservan fotografías de un gran valor histórico realizadas, respectivamente, por Miguel López y Antonio Sáez).

Resulta que el flamenco es muy exquisito a la hora de instalar sus colonias de reproducción. Además de la necesidad de un número mínimo de ejemplares en la colonia, requieren de gran tranquilidad ya que el ruido ambiente procedente del tráfico, de la presencia cercana de personas o incluso del paso de aviones, puede hacer que desistan de establecer una colonia de cría. En lo más duro del confinamiento, con las personas en casa, las carreteras vacías y todos los aviones en tierra (incluidos los de las cercanas bases aéreas de San Javier y Los Alcázares, que frecuentan los cielos torrevejenses durante sus vuelos de entrenamiento, constituyendo una fuente muy importante de ruido, tanto en nuestro Parque Natural como en el cercano Parque Regional de las Salinas de San Pedro), el sosiego que hallaron los flamencos fue equiparable a las lagunas africanas del Valle del Rift o a las sudamericanas de la Patagonia o la Cordillera Andina.

Otro condicionante que puede malograr las colonias de cría ya establecidas, es la variación de los niveles de agua (por ello construyen los nidos con su inconfundible forma elevada sobre la superficie) y la posibilidad de que depredadores puedan acceder a los nidos para devorar huevos o pollos. Con las lagunas inundadas, poca variación del nivel del agua se produjo. Y el sitio que finalmente eligieron, conjuraba el peligro de los depredadores terrestres.

Mientras que las personas tratábamos de sobrellevar como podíamos el encierro, los flamencos de Torrevieja comenzaron sus disputas, cortejos y la construcción de los primeros nidos en el lugar más inaccesible posible: prácticamente en el centro de la laguna de Torrevieja. Para ello utilizaron los islotes en los que había quedado reducida la mota central de división de esta laguna debido a la inundación. ¡Inmejorable lugar!

Los primeros en detectar la colonia fueron los propios salineros. Si bien con la actividad de explotación reducida como ya ha quedado dicho, reducidas tareas de inspección y mantenimiento se realizaban esporádicamente, lo que dio lugar a descubrir la colonia. La segunda semana de mayo, en plenas fases de alivio del desconfinamiento, tanto personal de la Conselleria de Medio Ambiente como naturalistas de AHSA descubrieron también el gran acontecimiento que estaba teniendo lugar. La dirección del Parque Natural tomó las primeras medidas de protección de una colonia de cría ya de por sí bastante protegida de forma natural: contactó con la dirección de las Salinas, aseguró la clausura de la mota central y estableció un discreto y muy eficaz protocolo de vigilancia por parte de personal propio y agentes ambientales.

Mientras tanto, la vida en la colonia seguía, totalmente oculta a ojos indiscretos: ¡ni con los mejores telescopios ornitológicos se podía ver con claridad lo que estaba ocurriendo! De manera simultánea transcurrían cortejos, cópulas, construcción de nidos, puesta de huevos, incubación, nacimiento de los pequeños pollos totalmente cubiertos de plumón blanco, su alimentación con la «leche roja» secretada por sus progenitores (lógicamente no es leche, sino el producto de glándulas especiales ubicadas en sus largos esófagos), el descenso de los nidos de los pollos ya un poco más grandes y grisáceos, su agrupación en inmensas guarderías guardadas por algunos adultos mientras los progenitores se desplazaban a alimentarse, el progresivo crecimiento de los pollos de esas guarderías hasta alcanzar el típico plumaje entre grisáceo y blanquecino que auguraba los primeros vuelos.

Afortunadamente todo ha quedado debidamente registrado gracias a las fotografías y vídeos de Federico, co-autor de esta breve nota, salinero encargado del mantenimiento de la cinta transportadora de la sal que discurre por la mota central de la laguna y experto fotógrafo de naturaleza que, con la debida autorización de la Dirección del Parque Natural, ha podido registrar todo el proceso sin afectar lo más mínimo a la colonia de cría, que no podía detectar su presencia gracias a la distancia a la que se ubicaba y el camuflaje que utilizaba. De otra forma, la histórica nidificación del flamenco en Torrevieja no sólo habría quedado huérfana de documentación, sino, lo que es más importante, no se habría podido controlar todo el proceso prácticamente semana a semana, lo que ha permitido tener conocimiento en todo momento de lo que estaba ocurriendo, algo fundamental para prevenir problemas y planificar cualquier actuación si hubiera sido necesario. Ya habrá tiempo de ir conociendo las fotografías poco a poco, aunque algunas ya se han difundido, como las que acompañan a esta breve nota.

A principios de junio, cuando la mayoría de pollos ya había crecido, se hizo pública la noticia, que corrió como la pólvora entre ornitólogos y conservacionistas españoles, y también tuvo su repercusión entre el público en general. La gran pregunta que todo el mundo se hace desde entonces es: ¿cuántos flamencos han criado en la salina de Torrevieja? Mediante observación directa y, sobre todo, gracias a las fotografías realizadas a la colonia, es muy probable que hayan superado ampliamente los 1.000 pollos, si bien hasta que todos los flamencos se hayan marchado no se podrá realizar una estima más precisa, para lo cual se entrará en la colonia abandonada y  se contarán los nidos.

Durante finales de junio y principios de julio, el grueso de los pollos nacidos este año en Torrevieja, así como la inmensa mayoría de los flamencos que conformó la colonia, ya se habían dispersado. El 14 de julio tan solo quedaban una guardería de pollos volanderos de entre 250-300 individuos que se alimentaban solos, unos 30 pollos más pequeños con sus progenitores alimentándolos y unos 10 polluelos recién nacidos que todavía estaban en lo alto de los nidos, con sus progenitores junto a ellos e incluso aponados en los nidos.

Estos serán los últimos que emprendan viaje a la nueva vida que se les abre por delante. Los últimos que se dispersen desde la laguna de Torrevieja a los diferentes humedales del Mediterráneo occidental en los que desarrollarán la mayor parte de sus vidas. Los últimos representantes de la histórica colonia de cría de flamenco común que, durante la primavera de 2020, encontró las condiciones propicias para establecerse en el corazón de la gran laguna salina de Torrevieja. Podía haber sido en otro sitio..., pero fue aquí.

Fotografías: Federico Kenzelmann