Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número
47 – Verano 2017
Asociación Cultural Ars Creatio – Torrevieja
UNA GERMINAL IDEA PARA LEER POESÍA:
MIGUEL HERNÁNDEZ ENTRE NIÑOS
de Jesucristo Riquelme
Publicación del IMC J. Chapaprieta para el 75 aniversario...
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Título del libro: Miguel Hernández entre niños. Ríete siempre, vencedor de las flores y las alondras Autor: Carlos R. Talamás (sobre experiencia de Jesucristo Riquelme) Textos poéticos: Miguel Hernández y M.ª Jesús Pérez Bayo (con adaptaciones de J. Riquelme) Ilustrador: Carles Maiques Edita: Instituto Municipal de Cultura Joaquín Chapaprieta Torregrosa (Torrevieja) Tapa dura (cartoné), encuadernación cosida. 72 páginas. Cuatricromía. Tamaño: 38 x 25 cm (abierto). |
Cuando Jesucristo Riquelme me invitó a una charla suya en un colegio de Torrevieja, acudí con el fervor y la confianza de aprender hasta de los alumnos, pero con cierta incertidumbre y algo de escepticismo. De aquella y de otras estimulaciones en Valencia y en Alicante he podido extraer esta crónica a modo de reseña de un libro muy especial a punto de presentarse.
La poesía de Miguel Hernández es la protagonista de una campaña de fomento de la lectura dirigida a niños de 6 a 12 años. Se trata de un plan que se inicia bajo el eslogan «Leer da sueños» y la consigna «Léetelo. Léeselo». Para solventar el reto de una charla a pequeños de 5-6 años, solicitada por la almoradidense Charo Paredes, Jesucristo Riquelme ideó una estrategia didáctica basada en un viaje emocional por la poesía de Miguel Hernández: elaboró una conferencia dramatizada en la que, desde el primer momento, pedía/pide la colaboración de su audiencia, a la que fascina con la pasión de una puesta en escena en la que todos participan... y saben (o van sabiendo) actuar. Una travesía sentimental donde hay diversión, hay turbación, pero, sobre todo, hay enternecimiento. Decía Bruno Bettelheim —el del psicoanálisis de los cuentos tradicionales— que, para que una historia mantenga de verdad la atención del niño y del adolescente, lo contado ha de divertirle y excitar su curiosidad. Se recurre, por ende, a la escucha de un relato con variopintos recitados: muchas historias en verso, sorpresas para los espectadores. Para atraer la complicidad de los infantes, el conferenciante recrea la ilusión de encarnar al joven maestro que tuvo Miguel Hernández en su primera escuela-guardería, a sus 4-5 años, o a los de su segundo colegio, el de las Escuelas del Ave María (a partir de los 8 años), en la zona colindante del majestuoso colegio —entonces jesuita— de Santo Domingo, al que también asistió el adolescente Miguel hasta sus catorce años y medio.
¿Qué pudo leer aquel maestro de escuela o aquel maestro de infantil para deleitar a su parvulario? Riquelme procede a vivir la experiencia rodeado de niños. Tras el juego de los errores —corregidos por los pequeños, aleccionados previamente por sus profesores—, el invitado recurre a nuevos poemas que estimulan a los niños de hoy como a los de antaño; comienza el diálogo poético: a un poema inventado y jocoso, con su pizca de ripio y sensiblería —original, en la realidad, de la valenciana M.ª Jesús Pérez Bayo—, responde Miguel Hernández con uno suyo: así, al poema que comienza con «El mosquito / Paco Pico / pica poco», el genio del primer Hernández replica con una declaración de amor a la naturaleza y a toda la creación divina: «Lagarto, mosca, grillo, reptil, sapo, asquerosos / seres, para mi alma sois hermosos. / ... / porque todo es armonía y belleza / en la naturaleza». ¡Alguno de los presentes ha memorizado versos de Miguel Hernández: y recita con desparpajo! Ante el materialismo y el consumismo de las fechas próximas a la Epifanía, una niña declama con voz blanca y repentina:
«Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría. (...)
Y, hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas».
Riquelme confiesa: «A estas alturas de promoción de Miguel Hernández, se impone hacer un favor al poeta: si eliminamos o desvanecemos toda (o casi toda) la contingencia de lo histórico —entiéndase que sin perder el espíritu hernandiano de compromiso con el vulnerable—, crece el mérito del valor humano y de la trascendencia universal del oriolano. Nos incumbe más el presente para que crezcan más nuevos niños-lectores y desaparezca la explotación de nuevos niños-yunteros. Y esto se entiende en España y en América, y en África, y en Asia y en Oceanía...».
En su interpretación ante escolares, el ponente —nosotros hemos visto al histriónico Jesucristo en plena actuación magistral y cómplice— se apoya en la música, en la inflexión de voz, en sombras chinescas, en danza y coreografía que improvisan los niños y hasta en proyecciones animadas de dibujos infantiles del propio Miguel Hernández; concluye su conferencia-teatro con fragmentos de filmes que despiertan las risas y sobrecogen a la vez: La vida es bella, El laberinto del fauno, El lector... En toda la representación no se escatiman temas íntimos y profundos (ecología, alegría por la vida natural, amor-amistad, traumas y miedos infantiles, convivencia con el dolor y la muerte de los más próximos...). Todo al alcance de la sensibilidad y de la personalidad incipiente de los niños, que con frecuencia son rescatados como participantes en el acto. Sus reacciones, nada pueriles, o mucho, son trascendentes.
Carlos R. Talamás lo ha redactado en un libro ilustrado y compuesto sin mácula por ediciones Micomicona: con una pulcra maquetación de 72 alas para soñar en libertad. Publicado por el Instituto Municipal de Cultura Joaquín Chapaprieta Torregrosa (Torrevieja). Una vez leído por los mayores, el carácter lúdico y sugerente de sus poemas podrá ser utilizado en el colegio o en casa para mantener un mundo sensible en la realidad infantil. Gracias a Charo Paredes, demasiado maestra como para decepcionarla, tenemos hoy impresa esta experiencia que debe saber multiplicarse pedagógicamente para recuperar el hábito perdido de leer y de escuchar literatura.
Jesucristo Riquelme ha regresado a las aulas. Albricias. Sus últimas consideraciones (preparatorias para el día de la presentación de este libro en septiembre de 2017) reflexionan sobre la consigna «Léetelo. Léeselo»:
«Para esta actividad de fomento de la lectura —repetible, ampliable y exportable—, son necesarios buenos profesores. La inquietud emocional, la inquietud intelectual en el maestro vale tanto como decir inquietud social: es la traducción del «Aude sapere» de Emmanuel Kant, la tradición del aprendizaje significativo moderno: “Atrévete a aprender: arriésgate”».
Entre las fantasías didácticas que sustentan el libro con ínfulas de guía o modelo, el autor de la experiencia resalta confidencialmente: «El director del colegio Hogwarts —el de Harry Potter— me comentaba no ha mucho que para escribir hay que observar y leer, leer mucho: “Y, antes de leer, nos tienen que haber contado muchas historias de viva voz... —me susurraba—. La literatura es una consecuencia del instinto de la imaginación; instinto que opera con plenitud en la infancia y que poco a poco suele ir atrofiándose (en el colegio o en el instituto), como todo órgano que se deja de usar”. (...) Y es que, cuando un profesor, de esos que con cien años nace, confunde dinamizar un texto con dinamitarlo, y empieza tan inmediatamente a segmentarlo, a separar y contar piezas tanto que lo destroza y lo desintegra hasta dejarlo irreconocible, ¿quién se hunde en lo conceptual? ¿Quién se deleita si, antes de leerlo en su conjunto, sólo se busca una anadiplosis y dos anáforas y tres puntos suspensivos y cuatro versos de rima asonante y cinco deíxis y seis marcas pragmáticas catafóricas...? ¿Quién se va a emocionar con eso? ¿A quién le va a gustar? ¡Eso no es literatura: eso es una clase de liter(h)a(r)tura!
Un buen maestro-guía debe conseguir que la lectura se convierta en un hábito, una actitud irrenunciable que participa en el enriquecimiento de cada persona: el hábito de leer. ¡Sin ese hábito (sin hábito), quedaríamos desnudos!».
En el aula, entre las paredes que oyen de un colegio o de un instituto, hemos oído a Jesucristo protestar con tanto criterio como para filmarlo y firmarlo: «De niños, nuestra imaginación se apoderaba de las cosas, transmutando su realidad ostensible en una apariencia maleable que obedecía a nuestros deseos. Lo que para los mayores era siempre un desván o un jardín también era desván o jardín para nosotros, pero teníamos el poder de convertirlo en gruta y en selva. “No pises, papá”. “Pero ¿qué es?”, replica el padre. “¿No ves que es un puente por donde tienen que pasar los elefantes?”, sentenciaba el hijo».
Esta es la primera gran publicación —un libro para mayores y menores, pero no un libro menor— en el marco del Comité nacional del 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández, en el que se encuentra el Excmo. Ayuntamiento de Torrevieja. El colofón lo pondrá la edición crítica que Riquelme ha preparado para confeccionar el libro Miguel Hernández. La obra completa: poesía, teatro, cuentos y crónicas (Madrid, EDAF), que se presentará el próximo mes de octubre en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid.
No lo olvidemos: «Léetelo. Léeselo». Así concluye nuestra entrevista con Jesucristo Riquelme, al que definiríamos por su pasión, porque pasión procede de padecer y para inspirar e inspirarse hay que saber padecer con resiliencia y con alacridad (y sin acritud): «En casa o en el aula se siembra para que crezca nuestra imaginación, esa loca de la casa que gobierna el género humano: con frecuencia y hasta con fruición, se descuida el entendimiento para que se divierta la esperanza, para que se divierta la esperanza con lo que sueña la imaginación. Ya lo sentenció poéticamente el autor de El hombre acecha (implorando como padre): “Dejadme la esperanza”, y el de Cancionero y romancero de ausencias (suplicando a un bebé): “No te derrumbes: / no sepas lo que pasa / ni lo que ocurre”». Aquí da comienzo una historia de superación: la de Miguel Hernández y la del día a día de cada uno de nosotros.
Desirée Palomares Ciscar, periodista
Tavernes de la Valldigna (Valencia)

