Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 33 - Invierno 2014
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Rupturas. Dramaturgias de lo real Elena Vegas Cebrián


"Hay que ver cuándo y de qué manera acabas por atar cabos. Anoche, tras hablar con un amigo, me di cuenta de que en todas mis rupturas existe un hilo conductor: yo, yo y mi ser de blancos y negros o, mejor dicho, de blancos o negros. Y ¿dónde está la diferencia en mi forma de sentir de ayer a hoy? Simplemente en que paso a paso, estoy descubriendo toda una gama de grises que, apartándose de la perfección, me aportan una mayor perspectiva y bastante más libertad. Estoy descubriendo también que además hay colores, infinitas mezclas de colores, y que no hay que alucinar para verlos.


¿De dónde sacaría yo la idea de que si algo no es perfecto no es digno de ser vivido? ¿Por qué este empeño mío por alcanzar ideales realistamente inalcanzables? Gracias al cielo, la vida me ha ayudado a cambiar el punto de mira lo suficientemente pronto como para que aún me quede, espero, mucho tiempo para disfrutar de esa nueva óptica, de mis nuevas gafas, e ir siendo consciente de que la vida, como yo la quería vivir, era una utopía.

Camino, doy un paso y ella se aparta dos, me aproximo cinco y ella se aleja diez. ¿Para qué sirve la Utopía? Para eso sirve, para caminar. Sabio tipo Galeano. Años han pasado desde que leí y quise hacer mía esta frase y, sin embargo, es hoy cuando comprendo su significado y le doy un sentido real o, al menos, personal. ¿Por qué sublimar un ideal? ¿Por qué ese afán por obtener resultados, por alcanzar una meta? ¿No será mejor disfrutar del trayecto, de cada piedrecita que encontramos en el camino, de cada flor, y pasear por el sendero sin prisa por llegar a la cima?

Cada uno tenemos nuestra particular montaña. La mía, la más escarpada, ha sido la de encontrar con quién recorrer, de la mano, la senda en la que comencé mi andadura. Lo curioso es que buscando el con quién perdí el concepto del cómo. Y lo grave es que tras años de andadura hoy tenga la sensación de que me extravié y, una y otra vez, cuando retomaba el camino, generalmente sola, volvía a perderlo, muchas veces acompañada.


A estas alturas, y como firme propósito, intentaré no ser tan visceral, tan puñeteramente transparente, proteger un poquito más mi corazón y dar prioridad, ante todas las demás, a una persona que ahora me necesita, que sí merece todo mi amor, de forma incondicional: yo misma, un ser con sus defectos y todas sus limitaciones, con sus dudas y sus temores; apoyándome en esa energía que, poco a poco, vuelve a encauzarse en positivo, difrutando de mis ganas de vivir y seguir adelante”.


ENDi. Febrero 2014