Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 33 - Invierno 2014
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Literatura en lengua inglesa: Anthony L. Tan Raúl Pedro Johansson Martínez


Anthony L. Tan nació en Siasi, Sulu (Filipinas), en 1947. Licenciado en Inglés, máster en Escritura Creativa y doctorado en Literatura Británica, todo en la Universidad de Silliman (Filipinas), donde sigue impartiendo docencia. Ha ejercido diversos cargos en la Universidad y colaborado activamente en talleres de literatura y crítica literaria. Fue el editor de la edición de 1976 de Sands and Coral.

Entre sus galardones se encuentran el premio Focus de poesía en 1976 y 1978, el primer premio del Memorial Carlos Palanca de literatura por Poems for Muddas (1993), además del tercer premio en categoría de ensayo de dicho memorial (1991), el primer premio de poesía de la revista Home Life por Ways of Dying (1995). En 2002 repitió galardón en el Memorial Carlos Palanca, con el segundo premio de poesía por Crossing the River and Other Poems.

Entre sus obras destacan Poems for Muddas (1996), Badjao Cemetery and Other Poems (1985), Where the Water Falls (1997), Landscapes of the Imagination (1998), todas ellas pendientes de ser traducidas al castellano.


A finales del año 2012, el tifón Pablo (o tifón Bopha) causó daños materiales valorados en más de mil millones de dólares, a los que se debe añadir la escalofriante cifra de algo más de mil muertos (sin incluir los desaparecidos, más de ochocientos). Los responsables de la Administración de los Servicios Atmosféricos, Geofísicos y Astronómicos de Filipinas (PAGASA) y los de la Organización Meteorológica Mundial (WMO) y de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico de las Naciones Unidas (ESCAP) retiraron los nombres asignados al tifón, debido al alto número de fallecidos y a los cuantiosos daños materiales provocados, para no volver a utilizarlo jamás.



Lazy Quotidian: In the Aftermath of Typhoon Pablo

Promenading down the boulevard
After breakfast at a nearby hotel,
He surveys the wreckage of the storm:
Red bricks that cover the walk
Are broken and have been dislodged.
The typhoon-whipped waves caused
The bricks to crack up,
Cracked up like old people sitting on the seawall,
Broken in many places
In the wake of passing years.
The headlong rush of minutes
Have pushed them forward
Into the morgue of the unknown,
And they feel helpless, unable to hold back
Those mindless, marching minutes.
One man in white is wearing dark glasses
Though the sky is threatening to rain.
He looks long as his feet and legs,
Contemplating perhaps on the miles
His feet have wandered through.
Meanwhile, not too far off, a boat
Is sailing south, where he was born,
Its smoke-stack emitting urgent clouds,
Darker than the real clouds.

In these dark thoughts, though, he has a cause
For minor celebration: an old woman,
Defiantly, smoking a home-made cigar,
Is walking by a signage reminding people
That the city is smoke-free.
She carries a shoulder bag,
Tattered and too large for her lithe frame;
Her head dress of assorted, nondescript materials.

Just as one corner of the sky is turning
Greenish blue, he empties his pocket of all coins
And turns them over to her,
Though she asks for no alms,
Not because she is older than him,
Or her shank is like a chicken’s,
But because she reminds him
Of what he had seen 60 years back
When he lived in an island
Surrounded by an emerald sea:
A peaceful, sun-dried seahorse.
With cupped hands trembling with delight,
And a gibberish of gratitude,
She accepts the gift and rambles
On to her quaint paradise…

…and into the turquoise immensity have flown
All the harpies of his fear.

 

Anthony L. Tan

El perezoso cotidiano: las secuelas del tifón Pablo

Paseando por el bulevar
después de desayunar en un hotel cercano,
estudia los escombros de la tormenta:
los ladrillos rojos que cubren el paseo
están rotos y se han soltado.
Las olas levantadas por el tifón
los hicieron quebrarse,
quebrados como los ancianos sentados en el rompeolas,
rotos por muchos sitios
tras la estela de los años que pasan.
El ímpetu precipitado de los minutos
los han empujado hacia delante
a la morgue de lo desconocido,
y se sienten indefensos, incapaces de contener
aquellos minutos que pasan, mecánicos.
Un hombre de blanco lleva gafas oscuras
aunque el cielo amenaza con lluvia.
Mira sus pies y sus piernas mucho tiempo,
quizá contemplando las millas
por las que sus pies le ha llevado.
A su vez, no demasiado lejos, un barco
navega hacia el sur, donde nació,
su columna de humo despidiendo nubes apremiantes,
más oscuras que las de verdad.

Mas en estos oscuros pensamientos, él tiene un motivo
para una celebración menor: una anciana,
desafiante, fumando un puro hecho a mano,
pasa junto a un letrero que recuerda a la gente
que la ciudad está libre de humos.
Lleva una bolsa al hombro,
destrozada y demasiado grande para su complexión ligera;
su tocado de materiales variados, anodinos.

Mientras un rincón del cielo se vuelve
azul verdoso, él vacía su bolsillo de monedas
y se las ofrece,
aunque ella no pide limosna,
no porque sea mayor que él,
o sus piernas sean como las de un pollo,
sino porque le recuerda
algo que había visto sesenta años atrás
cuando vivía en una isla
rodeado de un mar esmeralda:
un pacífico caballito de mar, secado al sol.
Con las manos ahuecadas, temblando de deleite,
y un galimatías de gratitud,
ella acepta el obsequio y divaga
sobre su paraíso pintoresco...

..y han volado hacia la inmensidad turquesa
todas las arpías de su miedo.


Anthony L. Tan (traducción de Raúl Johansson)

 

Y en 2013 llegó el tifón Yolanda.