Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 52 - Otoño 2018
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Tener un título de medicina no significa que sepas medicina Manuel Sánchez Angulo

 

Soy de la opinión de que internet es uno de los grandes inventos de la humanidad, equiparable a la imprenta de Gutenberg en cuanto al impacto que va a provocar a las distintas sociedades en los años venideros. No sólo permite la distribución barata y casi instantánea del conocimiento, sino que también permite que cualquiera pueda hacer oír su voz. Pero como todas las herramientas, también puede ser usada para hacer el mal. Un cuchillo puede servir para untar mantequilla o para matar a una persona, pero no por ello vamos a prohibir los cuchillos.


Gráfico que muestra la incidencia de cáncer de diversos tipos, en rojo se muestran aquellos tumores inducidos por el virus del papiloma humano (HPV). La utilización de la vacuna frente al HPV transformaría por completo dicha gráfica. Fuente de la imagen: Wikipedia


Con internet ocurre lo mismo. Uno puede consultar artículos científicos de alto nivel en revistas digitales como las de la Public Library of Science, pero también puede encontrarse con soflamas antivacunas como las de Teresa Forcades, monja benedictina, teóloga, licenciada en medicina y que, según sus propias palabras, también es homeópata. Afortunadamente, no ejerce como médico. Y digo lo de “afortunadamente” porque me parece realmente grave que una persona con una formación científica en materia de salud pueda recomendar tan alegremente en los medios de comunicación de masas como Onda Cero o la cadena SER que las mujeres no se vacunen contra el virus del papiloma. Aunque mucho más grave me parece que esos medios de comunicación de masas supuestamente “serios” no busquen luego la opinión de expertos en salud pública para refutar lo dicho por esta señora.

Este tipo de personajillos mediáticos suelen aprovecharse de las meteduras de pata de los demás para conseguir su minuto de gloria. Y generalmente, cuando alguien grande mete la pata, pues el estropicio es mayor. Es el caso de las compañías farmacéuticas. No voy a ser yo el que las defienda, pero una cosa es criticar con razón las malas actuaciones de esas grandes compañías y otra es decir que si han hecho algo mal, todo lo que hacen está mal. Dicho esto, debo reconocer que Teresa Forcades ha aprovechado muy bien los errores de las farmacéuticas, porque ha conseguido varios minutos de gloria a costa de ellos.

Por no perder más el tiempo con ella, voy a intentar poner mi granito de arena para intentar paliar el daño que van a causar sus recomendaciones. Según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), en las mujeres el cáncer de cuello de útero es el segundo con más incidencia en el mundo después del de mama. Comparado con otros procesos cancerosos, ocupa el quinto puesto y cada año se diagnostican 500.000 nuevos casos. Comparativamente hablando, la incidencia es más baja en España, ya que se diagnostican 2.100 casos anuales, siendo un tumor propio de las edades medias de la vida, ya que la mayoría de los casos se diagnostican entre los 35 y los 50 años, con un máximo entre los 40 y los 45. La AECC reconoce que, según recientes investigaciones, la transmisión sexual del papilomavirus humano (HPV) se considera esencial para desarrollar la enfermedad.


A la derecha puede verse una microfotografía electrónica del HPV. A la izquierda, el aspecto de un papiloma cutáneo causado por la infección del HPV. Este tipo de verrugas pueden darse en diversas partes del cuerpo y pueden acabar derivando en un tumor. Fuente de las imágenes: Wikipedia

El HPV es un virus muy simple. Contiene un genoma de DNA de cadena doble con 8.000 pares de bases. El virus infecta a los queratinocitos, las células de nuestra piel. No es fácil que llegue hasta ellos, ya que las primeras capas de nuestra piel son queratinocitos muertos. Pero si por un casual hay una herida, el virus puede tener acceso a la capa profunda de queratinocitos vivos. Al contrario que otros virus, el HPV no lisa a la célula que infecta. En su lugar lo que hace es aprovecharse de ella para producir más virus, pero sin matarla. El queratinocito es una célula que siempre está multiplicándose para así reponer la capa de células muertas de la piel. Pues bien, cuando un queratinocito infectado se multiplica, las células no se mueren sino que siguen viviendo y produciendo virus. Ese crecimiento descontrolado acaba formando un papiloma. Y si uno tiene mala suerte, el papiloma puede acabar derivando en un tumor maligno.

 


A la derecha puede verse una microfotografía electrónica de células de la cérvix del útero normales. A la izquierda, el mismo tipo de células infectadas por el HPV. Fuente de las imágenes: Wikipedia


La vacuna contra el HPV comenzó a desarrollarse en el año 1980. En el año 2006, la Agencia Estadounidense para los Medicamentos (FDA) aprobó la primera vacuna terapéutica, el Gardasil, fabricada por la compañía Merck. En el 2007, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprobó la vacuna Cervarix, producida por la compañía GlaxoSmithKline. La aprobación de una vacuna significa que ese producto ha pasado las tres primeras fases de un ensayo clínico. En esas tres primeras fases, desarrolladas a lo largo de una década de estudios científicos, lo que primero se comprueba es si la vacuna es tóxica en pacientes sanos (fase I), luego se comprueba si es efectiva en un centenar de pacientes (fase II), y finalmente se comprueba otra vez su eficacia pero con un número mayor de pacientes, esta vez miles (fase III). Los costes de dichos ensayos corren a cargo de las compañías farmacéuticas. Una vez pasadas esas tres fases, se envía a las agencias evaluadoras: la FDA y la EMA. Estos son organismos públicos que deben revisar con lupa los datos de los ensayos clínicos antes de dar su aprobación. Esos datos demostraban que la vacuna tenía una eficacia del 90% si era empleada en mujeres adolescentes. Una vez que las agencias dan su aprobación, las compañías pueden vender sus productos, nunca antes. Pero el ensayo clínico no ha terminado. Comienza la llamada fase IV, y es ver qué pasa cuando la vacuna se usa en el mundo real. Recordemos que, aunque ha sido probada con miles de enfermos en la fase III y se han obtenido diversos datos estadísticos, uno nunca puede estar seguro de si algo va a funcionar hasta que lo enfrenta al mundo real. No es la primera vez que se retira un medicamento del mercado aunque haya sido aprobada su venta.

Pues bien, ya empiezan a aparecer los primeros estudios de la fase IV que demuestran la efectividad de la vacuna contra el HPV. Australia es uno de los primeros países que empezaron a utilizar la vacuna de forma masiva. Entre los años 2004 y 2007 se realizó gran parte de los ensayos de fase III. Y tras la aprobación en el 2007, se comenzó un programa de vacunación de chicas adolescentes (13-18 años) y mujeres jóvenes (18-26 años). En este estudio, publicado ahora, se han tenido en cuenta los datos hasta el año 2011 separados en tres grupos por edades: menos de 21 años, entre 21 y 30 años, y mayores de 30 años. Este último grupo es importante, porque es el grupo que nos da información de cuánta gente está infectada cuando no había vacuna disponible, por lo que los datos de los otros dos grupos deben compararse con él.

De los 85.770 pacientes, hombres y mujeres, vacunados y sin vacunar, que fueron vistos entre 2004 y 2011, se ha comprobado que la proporción de infectados con HPV era del 10% en 2007 (etapa pre-vacunación), pero que a partir de ese año la proporción descendió hasta un 3%. Es mucho más espectacular si nos fijamos en los grupos de edades. En el grupo de mujeres menores de 21 años, la proporción de infectados era de 0,85%, y los 13 casos diagnosticados eran de personas que no se habían vacunado de niñas. Y para mejorar aún más las cosas, también se ha comprobado que la incidencia de papilomas disminuía en la población masculina (pasaba del 13% al 7%). Eso es un efecto de la denominada “inmunidad de grupo”. Si hay menos mujeres infectadas con HPV gracias a la vacuna, hay menos probabilidades de que los hombres que tengan relaciones sexuales con ellas se vean infectados.

¿Y el cáncer de cuello de útero? Los datos anteriores sólo se refieren a infectados con el HPV, de los cuales una parte pueden desarrollar cáncer. Los datos preliminares indican que la incidencia de tumores ha bajado hasta un 60% sobre los niveles anteriores a la vacunación. Así que, si uno tiene hijos adolescentes, ya sabe que tiene que tomar una decisión con respecto a la vacuna del HPV. O hace caso a las autoridades sanitarias, o hace caso a una monja homeópata que tiene un título de medicina. Usted decide.

Bibliografía:

El virus del papiloma: http://en.wikipedia.org/wiki/HPV

Página web de la AECC: https://www.aecc.es/SobreElCancer/CancerPorLocalizacion/Cancerdecervix/Paginas/incidencia.aspx

Artículo sobre la efectividad de la vacuna contra el HPV en Australia. H. Ali, B. Donovan, H. Wand, T. R. H. Read, D. G. Regan, A. E. Grulich, C. K. Fairley, R. J. Guy. Genital warts in young Australians five years into national human papillomavirus vaccination programme: national surveillance data. BMJ, 2013; 346 (apr18 1): f2032 DOI: 10.1136/bmj.f2032

Entrevista a Teresa Forcades en el programa “Hoy por hoy” emitido el 4 de abril del 2013. http://www.cadenaser.com/sociedad/audios/teresa-forcades-iglesia-patriarcal-estructura-misogina-ha-existido-principio/csrcsrpor/20130403csrcsrsoc_2/Aes/

Entrevista a Teresa Forcades en el programa “Te doy mi palabra” de Onda Cero emitido el 14 de abril del 2013. http://www.ondacero.es/audios-online/te-doy-mi-palabra/patio/teresa-forcades-pueblo-tiene-que-tener-poder-politico_2013041400005.html