Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 52 - Otoño 2018
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Geles Gonz�lez, premiada en un certamen nacional de relato breve Antonio Sala Buades

 

Geles González, colaboradora de Ars Creatio, obtiene el segundo premio del XVII Certamen Literario de Relato Breve “Profesionales de la Educación”

 

María de los Ángeles González Díaz, natural de Onteniente, es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Actualmente trabaja en el Colegio Pureza de María, de su ciudad, donde imparte clases de Latín, Música, Historia Contemporánea e Historia del Arte.

Su afición por la escritura le viene de niña. Ganó dos premios en el Certamen Mariano de la Purísima, de Onteniente, cuando cursaba Enseñanza General Básica.

Luego continuó cultivando su afición con diversos poemas y relatos que no vieron la luz pública.

Pasado el tiempo, y animada por su profesora en un taller de narrativa creativa, en 2009 decidió participar en el XIII Certamen Literario de Relato Breve “Profesionales de la Educación” (categoría A, profesores), de ámbito nacional. Obtuvo el primer premio con su narración Soldados de plomo, que trata el tema de los niños obligados a empuñar armas.

Sobre ella, escribió la Hna. María Canel Ladrón de Guevara, a la sazón directora del Colegio Pureza de María:

Se trata de un relato de alto contenido moral, sobre los niños soldados del Congo. En él se narran las vivencias de tres personajes: un voluntario de la ONG Médicos sin Fronteras y dos niños-soldado secuestrados por las guerrillas. Un relato que adentra al lector en la dramática realidad por la que atraviesan miles de niños en ese país del mundo, con la clara intención de abrirle los ojos a esta injusta realidad, que, según el relato, sólo con el establecimiento de un nuevo orden puede superarse.

Dos años después, en la decimoquinta edición del citado certamen, volvió a participar con La alondra, y también obtuvo el primer premio. El relato está basado en vivencias personales de la autora, identificada con el personaje de Katia, porque los poemas que aparecen fueron escritos en momentos posteriores a la pérdida de un hijo, entre la angustia por el temor de perder al otro.

Ambos relatos están publicados en los números 28 y 29 respectivamente de nuestra revista Ars Creatio, en la que Geles González viene colaborando cada trimestre.

En el presente año 2013, en la decimoséptima edición, ha obtenido el segundo premio con Despertar, homenaje a una persona muy allegada, actualmente en la situación descrita en el relato.

Un distintivo muy particular del estilo de esta autora es la división de sus relatos en capítulos con títulos en latín, con los que pretende revalorizar el uso de nuestra lengua originaria.

Entre los proyectos de Geles González, además de seguir escribiendo, está el Museo de la Palabra, un concurso internacional de microrrelatos en el que ha participado este año.

 

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Los caminos de la amistad

     Dicen que, por razones fácilmente comprensibles, la familia viene dada y los amigos los elige uno. En lo que quizá no nos hayamos parado a pensar demasiado es en las circunstancias que deben concurrir hasta que cuaja una amistad, o las que se precisan para que ésta permanezca. Entre las que brotan en la infancia y luego no maduran, obviando los desencuentros —tan naturales, por desgracia, en la especie humana— no cabe apuntar otro motivo que los distintos derroteros que toma cada existencia, indefectiblemente aparejados a las distancias físicas, que a veces no se miden sólo en kilómetros. El trato queda latente hasta una próxima ocasión en la esperanza de que ocurra pronto, aunque los años pasen sin darnos cuenta y probablemente el aplazamiento, sin nosotros suponerlo todavía, vaya convirtiéndose en permanente. Hay que comprender que las obligaciones van aumentando, así como las nuevas amistades, que compensan que a las antiguas no se les dedique toda la atención que en otro tiempo requerían. En cualquier caso, sabemos que los amigos de verdad siempre lo han sido y siempre lo serán, al margen de contextos tan poco importantes como las edades, los lugares de residencia o la periodicidad de los saludos.

     También es bonito reparar en el proceso recíproco. Cuántas amistades habrán surgido por un vericueto del destino, en un periodo de la vida en apariencia menos proclive a sumar afectos. Cuántos lazos se habrán estrechado, entre personas que nunca antes se habían cruzado, a causa de una comida, de un viaje, de un conocido común o de una asistencia eventual a un sitio inconcreto. Por fraguarse en momentos tan especiales, estas amistades traen consigo un efecto balsámico para nuestro espíritu, al ejercer sobre él una especie de renovación. Con la misma ilusión que recibe un libro en blanco sobre el que en breve se van a escribir páginas limpias y amenas, aguardamos los inminentes acontecimientos en la certeza de que alguien más nos tendrá presentes en el futuro, pues seremos parte trascendente de su cotidianidad y conformaremos sus proyectos compartidos. Y de igual manera que en las amistades consumadas, podríamos detenernos a pensar en las que aún están pendientes de hacerse realidad. En este mismo instante, en el mundo habrá millones de almas dispuestas a entablar relación, sin que se necesite nada más que esa materia sutil e intangible que establezca el oportuno contacto entre ellas, como un hilo conductor.

     Un hilo conductor llamado literatura —la inquietud de contar cosas hermosas con el fin de mejorar el planeta en que habitamos y que no pierda su humanidad— nos unió con una amiga que, da igual desde dónde y desde cuándo, esperaba el momento de mandarnos su abrazo sincero en forma de relatos. Gracias, Geles, por dedicarnos tu tiempo y tu talento, tu esfuerzo y tu sensibilidad. Pero, sobre todo, gracias por querernos. Y por ofrecernos la seguridad de que siempre habías sido amiga nuestra y siempre lo serás. ¿Qué importan las distancias cuando sabemos que los caminos ya están andados?