Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 28 - Otoño 2012
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Retazos de historia de Inglaterra: Jack el Destripador Raúl Pedro Johansson Martínez

 

En pocos meses se cumplirán ciento veinticinco años de un septiembre terrorífico. Un mes en el que reinó el terror en el East End londinense. Aquel otoño maldito vio cómo morían varias mujeres, prostitutas de la zona obrera de la capital inglesa, y también cómo nacía uno de los primeros mitos modernos, Jack el Destripador. Ahora que parece casi habitual encontrarse con asesinos en serie, afortunadamente en el mundo del cine, resulta anacrónico pensar en una figura así, que fuera capaz de matar por puro placer, en los albores del siglo XX.

¿Pero realmente fue por puro placer?

De haber sido un asesino como Hannibal Lecter, o Dexter Morgan, podría pensarse así -habría quienes ni siquiera para estos asesinos hablarían de placer en sus actos-; sin embargo, después de muchas especulaciones, se ha llegado a formular una serie de teorías que comparten la creencia de vincular los asesinatos con una trama más compleja, para unos, e increíblemente compleja, para otros. En todos los casos, la trama habla de un móvil, y en ningún caso el móvil es el placer, más bien la necesidad.

HISTORIA

Los hechos objetivos son los siguientes: desde finales de agosto de 1888, cinco prostitutas -hay quien afirma que fueron más de cinco- fueron asesinadas siguiendo un modus operandi similar que llamó la atención por la brutalidad y el ensañamiento que habían sufrido las víctimas. Estas cinco víctimas que todos reconocen como asesinadas por el Destripador -en inglés las llaman the canonical five, ‘las cinco canónicas’- fueron, por orden, Mary Ann (llamada Polly) Nichols, Annie Chapman, Elizabeth (Liz) Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. En todas ellas se encontraron rasgos del mismo asesino: cortes profundos en la garganta, de izquierda a derecha, mutilación en la zona abdominal y genital y, haciendo honor al sobrenombre del asesino, extracción de órganos internos.

Los hechos subjetivos1 son mucho más inquietantes: desde antes de las fuentes principales que se citan más abajo, ya existían rumores vinculando la alta sociedad londinense con los asesinatos. Cabría pensar que alguna persona desequilibrada podría haber encontrado placer matando a las mujeres convirtiendo sus cuerpos en experimentos de casquería como parte de su coartada, o directamente escudándose en su posición social para evitar sospechas2. Algunas fuentes han llegado a hablar de la Familia Real como parte involucrada. Difícilmente se puede pensar en la Reina Victoria, ya viuda y entrada en años, como mano ejecutora, pero el periodista Stephen Knight, en los años 70 -casi 100 años después de los asesinatos- publicó su Jack The Ripper: The Final Solution, en el que presentaba su investigación, que luego sería aceptada, cuando menos parcialmente, en otros trabajos sobre el tema: la Familia Real podría haber estado directamente involucrada, ya que el nieto de la Reina Victoria, el príncipe Eddie (comúnmente llamado así, ya que Albert Victor Christian Edward era un poco largo), habría tenido descendencia extramatrimonial, tras una relación con una plebeya, para más inri. La teoría especulativa sugiere un intento de chantaje, por parte de dicha plebeya o quizá de unas amigas –cinco, en particular- al conocer o averiguar la identidad del padre de la criatura. Tal intento de chantaje resultaría en los asesinatos. Así, se terminaría con el chantaje, con los chantajistas, y también con posibles personas que pudieran cogerles el testigo. Knight, además, establece una relación con la masonería, dado que sus principales sospechosos pertenecían a esta hermandad3.

Knight casi por casualidad llegó a conocer a Joseph Sickert, quien tras varios encuentros, mucha desconfianza y bastantes documentos, finalmente se reveló como el descendiente directo de la hija que el príncipe Eddie pudo haber tenido como locura de juventud. La ley sálica no es de aplicación en Gran Bretaña -sin ir más lejos, estamos hablando de la época del Imperio Británico, y era una mujer, la reina Victoria, la que ocupaba el trono-, de ahí lo inquietante del asunto: esta nueva y no deseada “rama familiar” del nieto de la Reina Victoria podría haber ocupado un lugar muy incómodo dentro de la línea de sucesión al trono.

No existen pruebas fehacientes de esta teoría, sin embargo para aquel que esté dispuesto a darle crédito, puede decirse que alguien encargado de los asuntos de la Familia Real, y no necesariamente nadie perteneciente a ella, habría tomado cartas en el asunto y puesto manos a la obra para acabar con el intento de chantaje, y así intentar arrancar la espina que había arañado y amenazaba con infectar la monarquía del último imperio de occidente. Knight cita varios nombres, principalmente el comisionado de la policía de Londres, Charles Warren, y el médico real, William Gull.

Las investigaciones policiales por parte de Scotland Yard no dieron con el asesino. Dichas investigaciones merecerían cierta atención, ya que tanto las pesquisas como los recursos de los que se sirvieron distan bastante de lo que podemos ver cada semana en CSI. Además, a pesar de no haber acuerdo entre todos los estudiosos, hay quien incluye a miembros de las fuerzas públicas en la trama, por lo que podría haber habido alguien dentro de Scotland Yard que hubiese ayudado a que la investigación no prosperase más.

Nadie puede pretender que se obren milagros cuando se carece de medios y, en comparación, 1888 es al siglo XXI lo que la yesca y el pedernal a un mechero de gas. Las pesquisas contemplaron la posibilidad de acusar a diversas personas por motivos de religión o de origen. Se pensó en un judío como posible autor de los hechos, y probablemente sus creencias religiosas pudieran haber predispuesto a los investigadores a tenerlo más en cuenta. También, por extraño que parezca, se llegó a interrogar a varios vaqueros estadounidenses, alguno de los cuales formaba parte del Espectáculo del Salvaje Oeste de Buffalo Bill, de gira por Europa, y en Londres en ese momento. Para los amigos de las teorías conspirativas, una idea: si Knight estaba en lo cierto y alguien de Scotland Yard pudo haber estado involucrado, ¿no podrían deliberadamente haber desviado la atención o tener a la policía ocupada con investigaciones desencaminadas?

Resulta incomprensible la crueldad percibida en los crímenes al examinar los cuerpos de las víctimas. La más significativa es la última, Marie Kelly, encontrada muerta en su habitación de alquiler en Miller’s Court. El informe policial describe la escena como una pesadilla hecha realidad. Tras describir la posición del cuerpo, las anotaciones del doctor Thomas Bond dicen: “La superficie completa del abdomen y de los muslos ha sido extraída y la cavidad abdominal vaciada de vísceras. Los pechos fueron cortados, los brazos mutilados por múltiples heridas irregulares y la cara despedazada hasta resultar irreconocible. El tejido del cuello fue cercenado hasta el hueso. Las vísceras fueron encontradas en varios sitios, a saber, el útero y los riñones junto con un pecho, bajo la cabeza; el otro pecho junto al pie derecho; el hígado entre los pies; los intestinos a la derecha, y el bazo a la izquierda del cuerpo. […] El corazón no se encontró”.

MITO

Con el tiempo la figura de Jack el Destripador ha devenido en un tema de culto. En poco más de un siglo ríos de tinta se han vertido, numerosas teorías se han presentado y múltiples adaptaciones han circulado en multitud de disciplinas artísticas. El séptimo arte probablemente haya tenido la mayor repercusión mediática. Sin embargo, incluso con la teoría principal aquí expuesta, aunque sin profundizar demasiado, la finalidad última del cine, la comercial, ha conseguido que la seriedad del tema y la investigación queden en un segundo plano, a la sombra de un producto cinematográfico de una calidad bastante discutible.


La película que desarrolla con poca fortuna la teoría de un bastardo de la familia real como desencadenante de toda la trama que acabaría con la vida de las prostitutas del East End es From Hell. Para no desperdiciar el tiempo del lector, resulta mucho más interesante examinar la fuente inspiradora de dicha película: el comic book homónimo, creado por el escritor británico Alan Moore. El nombre de la obra viene de una de las cartas enviadas por el supuesto autor de los crímenes: la única carta a la que se le concedió cierto crédito, y que comenzaba con esas dos palabras, “From Hell”, como la fórmula habitual al comienzo de las cartas formales: escribir la dirección del remitente (además, a esta carta le acompañaba un trozo de riñón humano, un detalle llamativo, máxime sabiendo que a la primera víctima, Polly Nichols, le faltaba parte de un riñón tras su asesinato).

A los amantes de los comic-books, la obra de Moore no les será extraña, y From Hell puede que sea su obra más importante, sólo detrás de Watchmen. Uno se da cuenta de la magnitud de la obra al ver su densidad, el tratamiento de los personajes y los recursos narrativos, amén del dibujo de Eddie Campbell. Finalmente, las más de cien páginas de notas, imprescindibles a la hora de poder seguir la trama, nos hacen apreciar la gran investigación llevada a cabo para realizar la historia. Por supuesto, la fuente fundamental es el libro Jack The Ripper: The Final Solution, de Stephen Knight. No podía ser de otra forma.


Ya son casi ciento veinticinco años, y seguimos sin poder decir más allá de toda duda, quién estuvo detrás de los crímenes de Whitechapel, o qué intereses los motivaron, si es que los hubo. Probablemente ésta sea la razón principal por la cual nos encontramos ante una leyenda. Una de las más sangrientas de la historia moderna.

 

 

 

1 Decimos subjetivos, puesto que, obviamente, la elucubración ha estado muy presente en la construcción de la teoría conspirativa.

2 El tema de la posición social, e incluso el de la nacionalidad, serían considerados hoy en día como un disparate, pero en la época fueron tenidos en cuenta: durante parte de la investigación se buscaba a un judío, ya que cerca del lugar donde encontraron a una víctima había un grafiti alusivo a los judíos.

3 La vinculación con la Masonería podría parecer una fijación de Knight, que publicaría en 1986 The brotherhood: the secret world of the freemasons, explicando, según el autor, los entresijos y jerarquía de dicha hermandad.