Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 55 - Verano 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Unos poemas tradicionales chinos José Manuel Pedrero Cánovas

 

La historia antigua de lo que llegaría a conocerse como China es la sucesión de periodos de grandes guerras entre reinos vecinos. Sin embargo, también fue el germen de lo que acabaría siendo la identidad del pueblo chino, su arte, su religión y su modo de ser.

Fue durante el segundo periodo de la dinastía Chou (s. V-III a. C.), conocido como el periodo de los Estados en Guerra, cuando muchos miembros de la nobleza perdieron sus tierras y otros tantos se vieron obligados a exiliarse, ofreciendo sus conocimientos a otros gobernantes. Quizás el caso más conocido sea el de Confucio (551-479 a. C.), filósofo errante que llevó su doctrina a diversos reinos, luchando contra la corrupción de sus propios funcionarios.

De este contacto de filósofos y viajeros pensadores con el pueblo, surgió un gran fomento de la poesía, empleada como forma de comunicación de lo bello, lo correcto y de crítica a la sociedad, especialmente a sus dirigentes. La poesía era de duración breve y llena del colorido de la propia naturaleza, que siempre ha jugado un papel decisivo en las artes chinas, clara influencia de la filosofía taoísta que tuvo su época de máximo apogeo en ese mismo periodo con sus tres grandes clásicos.

A pesar del interés de ilustres pensadores, la poesía no acabó siendo un arte propio de las clases más elevadas al imponerse el confucionismo más tarde con la dinastía Han, quedando como algo más propio del pueblo llano, como charlas callejeras. Es por ello que gran cantidad de poemas pasaron a través de la tradición oral del pueblo, difícilmente recogidas en libros.

Debemos dejar que esta poesía hable dentro de nosotros y despliegue su significado por sí misma, lejos de un análisis racional. El marco que muchas veces usa a través de la descripción de la naturaleza, es guía para trasladarnos a ese estado interior.

Este espíritu de la poesía china sería exportado a países como Japón y llegaría a desarrollarse bajo nuevas formas como los haikus. Sírvanos este género como un ejemplo para presentar la síntesis de un sentimiento no expresado de modo explícito, sino valiéndonos de la naturaleza, con un popular haiku:

 

El cuervo negro

sobre la rama seca.

Tarde de otoño.

Y ahora sí, presentemos algunos de los poemas chinos tradicionales que hablan de la añoranza del pueblo natal, de la pérdida, o simplemente de ese sentimiento especial que sólo la poesía se atreve a expresar.


REGRESO AL PAÍS NATAL, de Ho Che-Ichang


Joven, dejo mi pueblo;

Viejo, a él regreso.


Mi acento no ha cambiado,

mis cabellos, bajo el tiempo,

son cada día más grises.


Los niños me ven

y no me reconocen.


Me preguntan riendo:

¿De dónde vienes, viajero?


ADIÓS A MI HERMANO, de Wei Ch’ang-K’ing


Móviles son las aguas del gran río,

Interminables los pensamientos del viajero lejano.


¿Las flores que caen tienen añoranzas?


Ni tan siquiera al tocar el suelo hacen ruido.


EL CANTO DEL VIAJERO SOBRE EL RÍO, de Wang Ch’ang Ling


La barca solitaria y la luna entrevelada

miran a los bosques de los plataneros.


El canto de la guitarra habla

al corazón del viajero.


Los colores de la colina varían

entre las mil redes de la lluvia.


Una cuerda se rompe… todo se calla

y se impregna de lágrimas


PEQUEÑO POEMA, de autor anónimo


Sin hablarse, dos corazones se aman secretamente.


Ella cose bajo la lámpara, y bajo la luna

él se encamina.


Llega ante la escalinata, sabe que todavía

ella no está acostada.


En la noche profunda, se oye el ruido

de las tijeras al caer…


BORRACHO Y SOBRIO, de TAO YANG-MING


Un huésped reside en mí,

nuestros intereses no son completamente los mismos.

Uno de nosotros está borracho,

el otro está siempre despierto.


Despierto y sobrio

nos reímos el uno del otro,

y no comprendemos el mundo del otro.


Propiedades y convenciones,

qué tontería seguirlas muy seriamente.


Sé orgulloso, no estés involucrado,

entonces te acercarás a la sabiduría.


Escucha tú, viejo borracho,

cuando el día muere,

enciende una vela.