Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 55 - Verano 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Comentario lingüístico y literario del poema "La Huída" Rosa María Muñoz Lozano


Para proceder a su comentario seguiremos las indicaciones de Fernando Lázaro Carreter y Evaristo Correa Calderón en su libro Cómo se comenta un texto literario. Con el fin de dotar al mismo de un orden que facilite la lectura y el seguimiento del lector, haremos una aproximación a la localización del tema, a su estructura, y un somero análisis sobre la forma y el contenido, para llegar a una conclusión.

El poema titulado La huida está inserto en los poemas dedicados a la tierra en el poemario Acuarela elemental de Alicia Merino, publicado en 2010 por Entrelíneas Editores en Madrid.

La pretensión es llegar a una comprensión del poema en su totalidad, puesto que posee un tema unitario y una independencia con respecto a la totalidad de la obra, porque si bien el libro posee una estructura que queda enmarcada en los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire), no todos se escribieron en la misma etapa de la vida de la autora y, aunque sí poseen un avance diacrónico, podemos decir que La huida, desgajada del resto del poemario, posee unidad, comprensión léxica y vida propia.


En un intento de aproximación al tema, podríamos anunciarlo de la siguiente manera:

Un hombre huye de su tierra para escapar de un amor.

A partir de la determinación del tema, de forma concisa, veremos que la significación última del poema va mucho más allá, e intentaremos desmembrar los subtemas que se esconden enlazados de forma magistral bajo el manto de la naturaleza extremeña (tierra de la infancia y adolescencia de la autora).

El poema, estructurado en tres estrofas, como más adelante veremos, expone con plenitud en el cuarto verso de la primera estrofa el tema: Acometerás Gavilán de nubes recias tu Huida.

Un hombre se dispone a partir a otras tierras y, en las siguientes estrofas, vemos los subtemas que completan esta idea principal.

Gorriones, estorninos y amapolas se despiden de él y, de forma personificada, le cuentan a la amada que se marcha.

La última estrofa, lejos de aclararnos el tema y cerrar con un clímax poético, desorienta. El uso del verbo vienes en presente puede tener una doble interpretación, quizá sea un presente real, una presencia fugaz para que la amada lo vea por última vez. Aunque hay una esperanza de que el uso del presente indique atemporalidad y, en realidad, venga a quedarse con ella después de tanto revuelo. Su marcha se posa en lo más íntimo de la amada (la voz poética), de forma metonímica, en los huesos (fémur y omoplato) sintiendo, o dejando de sentir, si él ya no frecuenta los mismos lugares que ella. Pero el sustantivo frialdad antepuesto a la estampida resta cierto dolor, cual una coraza, que sugiere un cambio de roles, y ahora es ella la fuerte y la heroína que se parapeta tras el dicho popular “si te vas, no vuelvas”.

En un intento de aproximación a su estructura, el género lírico se abre paso a través de una metáfora altiva, Gavilán de nubes recias, cuya estructura lingüística es la de un sintagma nominal + un sintagma preposicional con función de complemento del nombre.

La fuerte presencia de los elementos de la naturaleza acompañarán en todo momento la progresión temática y forjarán la comprensión final del poema.

El gavilán es un ave rapaz con plumaje gris azulado y fajas onduladas de color pardo rojizo en el pecho. La autora no desconoce estos datos, por eso enlazará el poderío de esta ave acompañando su vuelo con los colores y aromas del eucalipto y la lila. La personificación metafórica está presente en la asociación semántica que nos produce en la mente el gavilán, pues sabemos que su vuelo es diurno, y se llama así también a una persona astuta y audaz. Esta metáfora es una muestra gramatical con un gran poder expresivo, pues intuimos dolor ante la inminente huida del gavilán-hombre, a plena luz y en pleno día, una pena que la dejará sumida en la soledad.

El sintagma preposicional que acompaña y forma parte semántica de la construcción metafórica de nubes recias tiene igualmente una explicación semántica que refuerza la personalidad del gavilán. A nadie le debe extrañar la vehemencia de la utilización del elemento natural nubes acompañado del adjetivo recias, pues aporta así al macho las cualidades de robusto, fuerte y vigoroso.

El principio estilístico fundamental del poema está gestando una red arterial en la que cada elemento de la naturaleza irá acompañado de un adjetivo (o varios) que nos ayudarán a vencer el obstáculo de la significación última del poema.

El uso gramatical del verbo en segunda persona del singular, Acometerás, y el adjetivo determinativo que acompaña al sustantivo tu Huida, son la huella de la cercanía, que evidencian una estrecha relación entre el emisor (poeta) y el receptor (el sujeto poético). La eficacia estilística de este verso es hacernos comprender que tras esta huida ha existido una historia de amor. El futuro del verbo Acometerás tiene un carácter asertivo de una cierta inminencia, aunque podemos otorgarle un valor disémico que deje en el aire la esperanza de que la decisión de la huida se retrase.

Adentrémonos ya en la primera estrofa en su totalidad.


Por la extensa terrumbre de retorcidas viñas antiguas

Por el vaporoso eucaliptal de lilas y las desafiantes

buitreras altivas

Acometerás Gavilán de nubes recias tu Huida.


En cuanto a la disposición tipográfica, llama la atención la ruptura del orden tradicional del verso que ya iniciaron los modernistas y que culminaron con los caligramas. La disposición del verso habla, la licencia poética de eliminar los signos de puntuación y el uso de mayúscula a inicio de verso es un claro intento de rechazo de los cánones establecidos, fruto de un aprendizaje que sitúa a la autora en las vanguardias, si bien la rima es consonántica en antiguas/altivas. Aunque por la medida de los versos podemos decir que se sitúa en el versolibrismo. Ni siquiera podemos decir que se trate de un cuarteto, puesto que su alineación es caprichosa, con efecto lúdico y terco que marcan, irremediablemente, una musicalidad distinta a la acostumbrada en la lectura dramatizada del poema.

El léxico de elementos de la naturaleza marca el ritmo de la estrofa: viñas, eucaliptos, lilas, nubes. El adjetivo buitreras, lugar donde anidan o se posan los buitres, anticipa el vuelo del Gavilán.

Si atendemos a los recursos retóricos utilizados por la autora identificamos la anáfora por reiteración a inicio de verso (versos 1 y 2) que a su vez es una estructura paralelística: Por la extensa terrumbre… Por el vaporoso eucaliptal. El sustantivo concreto viñas posee una doble adjetivación, antepuesta (retorcidas) y pospuesta (antiguas) que, a su vez, tienen un carácter sinonímico, pues el hecho de estar retorcidas significa que es debido al paso del tiempo. Los versos 2 y 3 se enlazan en encabalgamiento con una doble personificación, desafiantes buitreras altivas.

Centrémonos en el valor léxico-semántico y en los recursos literarios empleados de la segunda estrofa.

 

Bandadas de estorninos y gorriones enloquecidas

Oleadas frenéticas de amapolas despavoridas

A tu paso enardecidas se levantan

Y vienen a aposentar en mi fémur y omoplato

La frialdad de la estampida.



Respecto a la medida, se mantiene el versolibrismo, y la rima es consonántica en los versos 1 y 2 enloquecidas/ despavoridas.

Los adjetivos que acompañan a los elementos de la naturaleza, de nuevo pájaros, estorninos, gorriones, y flores, amapolas, se enfatizan por el recurso de la personificación, pues son bandadas enloquecidas, amapolas frenéticas que se levantan al paso del gavilán-hombre otorgándole un aire de heroicidad. Las amapolas están acompañadas de una adjetivación trimembre, frenéticas, despavoridas, enardecidas, que nos transmiten la sensación de que algo ocurre y de que, si no se remedia, el hombre partirá; la sensación de que hay poco tiempo es palpable. A la vez, siguen dotando de vida propia a las flores, pues los adjetivos son aplicables, en la mayoría de los casos, a las personas, frenéticas (rabiosas, furiosas), incluso poseídas de frenesí. Despavoridas, llenas de pavor, de miedo. Y el tercer adjetivo, cuyo antecedente siguen siendo las amapolas, lo encontramos en el verso 3, A tu paso enardecidas se levanta, que lo dota de una belleza plástica poco común. Ahora, además de furiosas y asustadas, las amapolas están enardecidas, avivadas por una pasión (la relación amorosa que se esconde detrás) o por una pugna, la lucha interna del gavilán por huir o quedarse.

Pasemos a analizar someramente (es un intento de aproximación, consciente de que estos versos pueden ir mucho más allá en su significado y de que puede haber otras interpretaciones de igual o mayor interés) la tercera estrofa.

 

Que vienes con tus manos de cebada

Que vienes con aroma a flor de haba

Me lo ha dicho Amor Montuno

Lo preludian estremecidas

Las encinas las chumberas las lavandas

 

El eje temático de la tercera estrofa nos sumerge en un significado poco esperado, sorprendente. La antítesis con respecto al título construída de manera paralelística Que vienes/La Huida, aporta una carga semántica interrogativa y a la vez esperanzadora. La metáfora utilizada ahora para nombrar al amante Amor Montuno dirigiéndose a él con el uso de la segunda persona del singular vienes indica una ruptura temporal o analepsis. La interpretación puede ser múltiple, pues, si bien la metonimia del primer verso formada por una subordinada de relativo Que vienes con tus manos de cebada, podría ser un recuerdo de la amada (el yo poético) de cuando andaban juntos por esa naturaleza extremeña que le resulta tan querida, también podría tratarse de un arrepentimiento del Gavilán que ha reflexionado la gran pérdida que supone abandonar esas tierras y decide quedarse. O, incluso, que se ha ido y que vuelve. De nuevo los aromas, esta vez elegidos con carga semántica positiva, la cebada, el haba acompañan al sentimiento, al anuncio de la llegada del Amor montaraz, rudo y rústico porque trabaja los campos o porque vive en ellos.

En cambio, la personificación de los elementos de la naturaleza encinas, chumberas y lavandas sí era más predecible por la estructura poemática elegida por la poeta. La anunciación de la llegada otorga un cariz religioso al verso Lo preludian estremecidas. El adjetivo estremecidas es el que delata la personificación; con temblor, agitadas y nerviosas hacen pensar también en un posible engaño temporal, como si la llegada fuera un simple paseo ante ella para después marcharse.

Analicemos algunos de los elementos léxico-gramaticales que contribuyen a la creación de esta estrofa, el paralelismo de los versos 1 y 2 también es anafórico por la repetición de la conjunción que a inicio de verso. La presencia de la voz poética está patente en el pronombre de primera persona Me lo han dicho.

Y el hipérbaton del verso 3 está precedido del pronombre catafórico Lo, y anafórico a la vez, puesto que tiene un antecedente, Que vienes, y un tema nuevo, los anunciadores, en este caso, la enumeración trimembre asindética encinas, chumberas, lavandas.

En conclusión, retomando algunos elementos analizados y prestando especial atención al significado semántico, el poema nos traslada en el tiempo convirtiéndolo en atemporal, ¿quién no ha tenido ganas de huir de un amor?, ¿quién no ha querido irse de su tierra natal o cambiar de vida?, ¿quién no ha querido irse para después volver? La huida y la llegada forman parte de la historia del ser humano y, por eso, lo convierten en un poema universal, aplicable a cualquier amor, a cualquier tierra, a un sentimiento cósmico de cambio, de idas y venidas, de amor y desamor, que construyen nuestra existencia dotándola de incertidumbre, pesar, desaliento y momentos inolvidables que la poetisa ha plasmado, sumergida en la naturaleza, en este poema en el que la voz poética se camufla tras los elementos naturales pero no se achica y se muestra, también altiva, antes de dar por finalizado el poema, para dejarnos claro que el Amor que desea marchar es el suyo y no otro.

 Torrevieja, 19 de julio de 2011

 

Bibliografía consultada:

  • Cómo se comenta un texto literario, Fernando Lázaro Carreter y Evaristo Correa Calderón. Edt. Cátedra, 2003. Madrid.

  • Acuarela elemental, Alicia Merino Labrador. Edt. Entrelíneas Editores, 2010. Madrid.