Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 55 - Verano 2019
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
¡Qué complicados son! Pilar Álvarez del Manzano

(Monólogo femenino)

  

¡Ay! ¡Qué complicados que son los hombres!

Y parecía que estábamos tan bien.

Luego dicen que nosotras somos complicadas, que si no hay quien nos entienda.

Estábamos los dos muy a gusto. ¡Bueno, es lo que yo pensaba!

Se creen que hablamos en clave, o en chino. ¡Vamos!

Es que, si no hubiéramos estado tan a gusto, yo no se lo pregunto.

¡Y cuidado que nosotras somos claritas! Por lo menos, en lo que se refiere al amor.

Y ¿por qué tuve que preguntarle yo?

No hablan, no intentan aclarar situaciones.

¿Por qué no me dijo él que me quería, antes de preguntárselo yo?

¡Vamos! ¡Parece que tienen miedo de las palabras!

Mimosa, le pregunto: “¿Me quieres?”.

Al parecer, el hemisferio izquierdo es el del hombre.

“Sí”, me contesta, sin más.

¿En esa zona están situados la lógica y el raciocinio?

Y yo insisto: "¿De verdad? ¿Me quieres?"

Son avaros hasta con las palabras.

Él vuelve a contestarme: “Sí".

Por eso dicen que nosotras no somos lógicas ni tenemos razón.

Un "sí" tan simple como el que me da me hace pensar que es un "no".

Eso de que los hombres son más lógicos…

Y le contesto: “No. No me quieres”.

No. Ellos no son lógicos.

No te quieren, si tienes que preguntar si te quieren.

Los hombres piensan muy raro.

Y él me dice: “Te quierooo”, alargando la o. ¡Como si fuera sorda o lerda!

¿Piensan los hombres que somos taradas?

“Si me quisieras", le digo, "no tendría que preguntártelo”.

¡Vaya, con su lógica!

Luego, me dice: “Te quiero”, sin alargar la o. Pero ya no vale.

La verdad es que los hombres huyen.

“Que no. Que no me quieres”, le digo.

No saben enfrentarse a las situaciones.

“¡Qué sí! ¡Que sí que te quiero!”, me dice.

Los hombres no hablan.

¡Y de qué forma me dice que me quiere!

“No. No vale. Te he preguntado yo que si me querías”, le digo.

Y, si no hablan, ¿cómo puede una entenderles?

“Pero si te acabo de decir que te quiero”, me dice riendo.

Deforman las palabras.

Pero ¡por qué se ríe, para decirme “te quiero”!

Hay que explicar…

"¿Te estás riendo de mí?", le pregunto.

El problema es que no escuchan, no observan, no ven, ni miran.

“¡Pero, mujer, cómo eres!”, me reprocha.

Y si no escuchan ¿quién les convence de que eres tú quien tiene la razón?

“¡Que cómo soy! ¡Que cómo soy!”, le grito indignada.

No quieren escuchar, porque ya están convencidos de que tú tienes la razón.

“¡¿Y tú eras el que decías que me querías?! ¡Vete! ¡No quiero volver a verte jamás! ¡Jamás!”.

¡Y se fue, en vez de quedarse, que era lo que yo esperaba!

No hay quien entienda a los hombres.