Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 65 - Invierno 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Ella Javier Nieto Roca
 

Cuaderno de Viajes.

Viena, 18 de abril de 2011


Entré en la caja negra y cuando por fin se me habían acostumbrado los ojos a la oscuridad, poco a poco una luz se encendió ante mí y bajo su rayo blanco apareció Ella.


Jamás había estado ante una mujer tan mayor, y sin embargo conservaba toda su belleza. He de reconocer que las innumerables fotografías que de Ella había visto no le hacían justicia en absoluto; la desproporción de sus nalgas, la exuberancia de sus mamas y la voluptuosidad de su vulva me atraían irresistiblemente.


Ya a menos de un paso de Ella pude advertir la gracia de sus formas de extrema ondulación, la delicadeza de sus curvas talladas con suavidad por las yemas de mis dedos, y de repente, un súbito cambio de luz cubrió de rojo sus infinitas caderas prometedoras, su fértil vientre abultado y su encendido sexo.


Al girar sobre Ella, bañada por el encarnado reflejo, seducido por una danza ritual que me permitía apreciar su desnudez en toda su extensión, pude sentir su aroma primigenio; olor a Venus, olor a Eva, olor a mujer esencial que alimentaba mis instintos más primitivos.


No sé cuánto tiempo estuve con Ella. Nadie interrumpió nuestro idilio. El hechizo de aquella mujer fascinante me atrapó hasta que por fin, armado de valor, le miré a los ojos...


Su rostro cubierto guarda su anonimato por toda la eternidad, y aunque no pude ver sus labios carnosos y su nariz redondilla imaginé que dibuja un hoyuelo en su mejilla cuando ríe que acentúa su perfección.


El hecho de que fuera inalcanzable, de que nunca sería mía -pues sería injusto privar a la humanidad de su primera obra de arte-, deshizo el encantamiento, y con la emoción contenida aún en mi garganta le dije adiós mientras un beso se escapaba de mis temblorosos labios.


Mis amigos, que no habían reparado en la caja negra, me andaban buscando, y al preguntarme dónde había estado, les confesé mi fugaz encuentro, mi pequeño secreto, les dije dónde estaba Ella y admití que había viajado hasta Viena sólo por estar con Ella un rato, curiosos se acercaron a conocerla..

La Mujersica la llamaron, quizá no todos sintieron lo mismo que yo... Pero en cualquier caso, no dejó a nadie indiferente.


¿Dónde reside su belleza?


No lo sé. Se trata de una belleza primordial que se revela frente a la tiranía de los cánones clásicos y modernos. Pero lo que sí sé es que mis amigos tenían razón, en su natural sensibilidad descubrieron en Ella a una mujer, a una madre,
alguien que eleva nuestro espíritu y nos hace amarla, y esto
por definición es la belleza desde hace más de 25.000 años.


¿Amor imposible? No.


Amor. Amor que, tal y como canta Luis Eduardo Aute, “consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza...”.


Ella es la “Venus de Willendorff”, está esculpida en piedra caliza y pintada con ocre, tiene un marcado carácter “realista”, su tamaño ronda los 11 centímetros, fue hallada en 1908 a orillas del Danubio, en el yacimiento epónimo de Willendorff, en Austria.

Se trata de una pequeña estatua de bulto redondo, que representa una mujer desnuda, obesa, de formas redondeadas y cálidas cuyos rasgos faciales se encuentran ocultos por lo que parecen bucles o rizos. Tiene la cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo. Sus mamas son redundantes y carecen de pezón, asimismo caen sobre el prominente abdomen de ombligo delineado continuando hacia sus genitales, visibles y detallados, enmarcados por unas extremidades inferiores gruesas que se aguzan careciendo de pies, las extremidades superiores se encuentran incluso más atrofiadas que las inferiores pareciendo que descansan sobre el pecho.

La estructura de esta pequeña escultura es romboidal y parece querer ser una representación idealizada del sexo femenino, ya que en ella resalta precisamente sus genitales y sus mamas, así como su abultado vientre, que simbolizan tanto la maternidad como la supervivencia.


Ella es quizá la primera manifestación cultural del arte mueble del Paleolítico Superior en Europa, donde se incluye la figura humana femenina, siendo difícil determinar si se trata de la representación de una diosa, una mujer tan sólo o bien un canon de belleza. Sí parece fácil pensar que se trata de algún tipo de amuleto, ya que su pequeño tamaño facilita llevarse en la mano.


Este conjunto de figuras femeninas han adoptado tradicionalmente el nombre de Venus esteatopígicas -por sus formas redondeadas- o Venus gravetienses -por el período en que fueron esculpidas o talladas-, y manifiestan una unidad cultural muy fuerte debido a su extensión geográfica y convención estilística.


La cultura gravetiense, la primera paneuropea en cuanto a industrias líticas y arte se refiere, se trata de un período comprendido entre el 30.000 BP y el 20.000 BP, donde el Homo sapiens ocupa estructuras de habitación, algunas de carácter complejo, protegiéndose de un clima frío y seco, siendo más húmedo hacia el área occidental europea. La caza de grandes mamíferos es el medio de subsistencia, y es precisamente este hábitat más socializado el que facilita la creación de un arte mueble naturalista en el que por primera vez se representa la figura humana a través del cuerpo femenino, exagerado en sus formas pero que concentra el ideario de nuestros antepasados desde puntos muy distantes en el espacio y en el tiempo.


Ella está en el Museo de Historia Natural de Viena, “donde coincide el arte con la naturaleza”, y está esperando tu visita. Si entras en la caja negra, no mires sólo con los ojos, ábrele tu corazón, pues Ella está en el principio de todo.


NATURHISTORISCHES MUSEUM WIEN NHM