Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 67 - Verano 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Ruta interpretativa por los viñedos de La Mata Ana Meléndez Zomeño

 

Ruta interpretativa por los viñedos de La Mata, un reducto de la tradición milenaria en el Mediterráneo

Atardecer primaveral en los viñedos de La Mata (foto Ana Meléndez Zomeño)

 

En la mañana del sábado 27 de mayo, se llevó a cabo una ruta interpretativa por los viñedos de La Mata. Se enmarcaron en las «V Jornadas Lagunas de Torrevieja y La Mata: paisaje cultural, historia y patrimonio» que organiza la Asociación Cultural Ars Creatio.

El interesado y agradecido público pudo conocer las diferentes singularidades de los viñedos y la idiosincrasia de la viticultura matera y, por contrapartida, el peligro que los amenaza, puesto que están en grave riesgo de desaparecer.

Foto final de la ruta y cata por los viñedos de La Mata (Germán Morales)

 

Esas singularidades se refieren a que en ellos se mantienen una agricultura tradicional de secano, ecológica, que es necesaria para mantener el equilibrio de la biodiversidad, especialmente en aquéllos que se sitúan dentro del parque natural. Se han recogido hasta veinte variedades diferentes, algunas únicas como la Esclafacherre, frente a la agricultura intensiva y extensiva de monocultivos que predomina en la actualidad. Por su proximidad al mar, el hálito marino otorga a sus vinos un peculiar sabor a sal. Además de su resistencia a la escasez de precipitaciones, la insolación y suelos arenosos (hasta en un 80%), no les afecta la plaga de la filoxera; por tanto, se trata de viñedos prefiloxéricos, escasísimos en Europa, con una formación en vaso adaptada al característico viento de Levante y una maduración muy temprana que llega adelantarse a finales de julio, sólo superada en Fuerteventura.  Su explotación se lleva a cabo dentro del parque por los llamados colonos —un régimen de minifundismo extemporáneo—, que trabajan una tierra propiedad del Estado.  

La viticultura matera remonta sus orígenes siglos atrás. Está documentada, por ejemplo, por José Montesinos en el siglo XVIII: «(...) especial vino que embarcan para Francia, Alemania, Génova, Italia, Nápoles y Portugal, el que luego que se siente la humedad del mar, se vuelve muy exquisito y especial». Estos vinos fueron reconocidos y premiados por calidad en diferentes exposiciones internacionales (1888 y 1929). Es tal su personalidad que cuenta con su propio diccionario: derroñar, majencar, pajuela, dar vara, borrones, cepos, etc.

        

Francisco Paredes Cases, elaborando el vino matero en su bodega familiar, 2017 (fotos Ana Meléndez Zomeño)

 

La ruta transcurrió por los senderos del parque, y en diferentes puntos intervinieron:

Julio García Soler nos habló de la parcela experimental creada en 2010 por su importancia científica y el extraordinario valor de su biodiversidad. (Julio García Soler es ingeniero técnico agrícola y máster en Agroecología. Funcionario de la Consejería de Agricultura. Trabaja experimentación e investigación con temas fundamentalmente de viticultura y agricultura ecológica).

«Decían los hombres que las viñas llamadas de uva meseguera (Merseguera), que son uvas que hacen tradicional vino matero, fueron traídas a La Mata y plantadas por todos sus alrededores por los árabes en tiempos remotos (…) También se comentaba que, en el tiempo pasado, hubo otras clases de uvas como la Valens, esta uva de mesa muy tierna, se vendía en las lazas de Alicante, Cartagena y Murcia, etc. Hoy en día esta uva se ha remplazado por la Moscatel, más delicada que la anterior, pero quizá más rica y sabrosa, y con ese sabor a canela que la caracteriza, uva de la que también se puede hacer vino. En La Mata existían otras clases de uvas como el Angor o el Moscatelico de Elche, esta última muy duce y con los granos muy pequeños (…) todas ellas llevaban el sello matero debido a esas tierras mezcladas de arena y tierras arenosas que el viento se encarga de hacer ese trabajo de mezclar la tierra con la arena de las playas de La Mata».*

Foto Ana Meléndez Zomeño

 

Cayetano Gil Paredes nos detalló la problemática actual de los pocos colonos que todavía pueden trabajar las viñas situadas dentro del parque natural. (Cayetano Gil Paredes es vecino de La Mata, viticultor y gran conocedor de la historia del lugar, con una propuesta de Parque Cultural para este espacio con Mariano Galant, historiador local; ambos son coautores del libro «Real Salina de La Mata. Auto del deslinde de 1763»).

«La mayor parte de las familias de La Mata tenían un trozo de viña, más pequeño o más grande, por lo que era raro encontrar alguna casa de La Mata que no tuviera un trocito en el campo plantado de viña. Claro, todos tenían muy bien cuidadas sus parcelas de viña, pues todos conocían el oficio de padres a hijos».*

Limpiando los racimos para envasarlos, 1996

 

Andrés Carull Gandía, de Casa Balaguer, bodega muy comprometida con el mantenimiento y preservación de este patrimonio vitícola, natural y paisajístico, elaborado como hace miles de años, en tinajas de barro y de forma artesanal con una agricultura biodinámica. Es ingeniero técnico agrícola y licenciado en enología por la Universidad Politécnica de Valencia y Enología Buerdeos3 en Burdeos).

«Por la parte norte de la carretera pedregosa de entonces, empezaban ya los viñedos. Estos cubrían todos los alrededores de La Mata y llegaban hasta la misma orilla de las salinas. Cuando a mediados de marzo, primeros de abril, que empezaban las viñas a cubrirse de brotes o llenarse de borrones —palabra local— se formaba como una alfombra muy verde que rodeaba todo el contorno matero. También alcanzaban por los lados opuestos las viñas a los arenales de la playa. Allí, en aquella campiña de viñedos verdes mantenidos por los hombres rudos del campo, por las bestias y las mulas de labranza, que dirigidas por sus dueños se encargaban de la faena del campo, mientras los hombres con la piel tibia y sudorosa del calor y el esfuerzo realizado en la jornada regresaba a La Mata cuando ya caído el sol por el Oeste producía las primeras sombras de la noche».*

Atardecer con los viñedos y la laguna de La Mata al fondo (foto Ana Meléndez Zomeño)

 

Hilarión Pedauyé Armengol, de Sopla Levante, nos presentó el proyecto genuino que llevan a cabo de búsqueda de variedades perdidas u olvidadas, como es el caso de La Mata (Máster en Viticultura y Enología, Universidad Miguel Hernández. Wine Spirits Education Trust Nivel 3. Pass with distinction. Diploma de Estudios Avanzados “Gestión y conservación de la biodiversidad y sus hábitats” especialidad Botánica. Universidad de Alicante, Centro Iberoamericano de Biodiversidad. Licenciado en Ciencias Ambientales, Universidad de Granada).

«Todo este trabajo se realizaba por la gente de La Mata a la llegada de la madurez de la uva, cosa que ocurría allá por el mes de julio o agosto, según la clase de uva, ya que la había temprano como la Valens (Valencí), el Angor o el Moscatel, todas ella de mesa. Después, más tarde, le correspondía la meseguera, que era la uva por antonomasia con la que se hacía el buen vino matero y que se cortaba en la vendimia de 15 de septiembre para adelante (…) antiguamente cuando se recogían pata pisarlas, las dejaban unos días tendidas en las eras para que les diera el sol, y de esa forma se soleaban y después se pisaban, y eso era muy bueno y beneficioso para obtener la buena calidad de vino, cosa que ahora no se hace».*

Ángel y Eduardo Tarín López pisando la uva en un tradicional afollaor. Finca de Las Palmeras hacia 1955 (imagen cedida por la familia).

 

Ana Meléndez, coordinadora y en representación de Ars Creatio (licenciada en Historia y máster en Gestión Cultural), aportó a los 40 inscritos en la ruta una visión general del espacio, aclaró cómo es el desconocido funcionamiento de las salinas y su relación con los colonos y los viñedos y aportó referencias documentales e históricas de los viñedos y vino de La Mata. Además, explicó que este curso se ha iniciado un proyecto educativo de recuperación de viñedos con alumnos del IES Mare Nostrum para su integración socio-laboral. Este alumnado ha realizado todas las labores propias del viñedo desde el mes enero.

«Después de la poda y recogida de sarmientos se araban las tierras de la viña, pero no con tractores, como se hace ahora, sino con arados tirados por mulos, y dirigido por un hombre del campo, labrador, que posteriormente les echaba estiércol por toda la viña, se le daba una cava por donde el arado no pudo entrar, y de esa manera quedaban las viñas preparadas y dispuestas para esperarlas lluvias, que si eran prontas y abundantes y divinas, como los campesinos decían, las hacían brotar con fuerza y verdor en la próxima primavera, y si así sucedía, seguro que era muy buen vino. A principios o mediados de abril, las cepas ya habían brotado (…) aún quedaban faenas a realizar, como eran quitar los brotes, llamados roña, que no tenían uvas. Y, si la cosecha era muy abundante y buena, también se aliviaban las cepas y se quitaban algunos brotes más, aunque estos tuvieren uvas (…) Otro trabajo posterior era el escampado de azufre o azofrar».*

       

                 Francisco Paredes Gil, 1995. Foto cedida por la familia                                     Foto cedida por Pedro Liarte Perelló

 

En el transcurso de la ruta interpretativa se leyeron breves fragmentos dedicados a las viñas seleccionados de Las memorias de un matero, Justo Gil Perelló (*), se debatieron posibles soluciones: de concienciación, divulgativas, creación de formas jurídicas que protejan esta singular viticultura y la necesidad de sentarse todas las partes implicadas para clarificar ideas y llegar a acuerdos. Como no podía ser de otra manera, la ruta finalizó con una cata que ofrecieron Sopla Levante y Casa Balaguer y un aperitivo matero ofrecido por Ars Creatio.

 

Bodega de la familia de Olegario Pastor Tévar, 2019 (foto Ana Meléndez Zomeño)

 

Cuando hablamos de los viñedos de La Mata, en palabras de Hilarión Pedauyé, estamos ante «un oasis entre urbanizaciones, un vergel de agrobiodiversidad o un museo al aire libre». Estas calificaciones ofrecen una imagen contundente de su extraordinario valor y, con las jornadas que ha presentado Ars Creatio, se ha querido generar la imprescindible conciencia entre los ciudadanos y las autoridades que pueda evitar su pérdida. Para proteger nuestros viñedos urge actuar.

Cuando quieran tomarse un vino, pídanlo de La Mata.

Atardecer en laguna de La Mata. En primer plano, los viñedos, y al fondo, la Sierra de Callosa (foto Ana Meléndez)