Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 67 - Verano 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Los viñedos de La Mata: de un lugar mítico a un destino incierto Hilarión Pedauyé Armengol

 

Desde los fenicios al fénix

Nuestra historia comienza hace varios milenios, cuando los fenicios plantaban vides en el litoral costero frente a la bahía de Santa Pola. Los cerros y lugares ocupados por estas culturas eran plantados cultivándose muchos tipos de plantas, dándose que las uvas serían utilizadas, principalmente, para la magia ocurrida de la fermentación espontánea[1]. Serían posteriormente cartagineses y romanos los que continuaran con el transcurso de los cultivos de viñas con un fin más que razonable, potabilizar el agua.  Tras las guerras púnicas, el bando ganador escribió la historia, así como el lenguaje que todavía hoy mantenemos, transformado de aquellos días. La existencia de una villa romana hoy en día sumergida bajo las aguas de la salina de La Mata es testigo de lo que pudo acontecer en aquel lugar.

Asimismo, se tienen noticias fehacientes de que durante la conquista de la taifa islámica se propiciaron e incentivaron los viñedos con preferencia a otros cultivos. Siglos más tarde, durante la Ilustración, existen datos de 1792 que confirman la existencia de viñas en el entorno de la antigua población junto a la salina (Cavanilles, 1797). Así como unos años más tarde (1795) recogería Montesinos diciendo textualmente del vino elaborado con las viñas de La Mata lo siguiente: «(...) especial vino que embarcan para Francia, Alemania, Génova, Italia, Nápoles y Portugal, el que luego que se siente la humedad del mar, se vuelve muy exquisito y especial».

Tenemos noticias de que los vinos cultivados en los entornos de las salinas de La Mata y Torrevieja tuvieron su lugar en la Exposición Universal de Barcelona en 1888. Un auge que se demostraba en la cantidad y variedad de vinos embotellados que surgirían del entorno de La Mata pero que en aquellos momentos se extendían circundando ambas lagunas y el cordón litoral conformado entre Cabo Cervera y la desembocadura del Segura. Las viñas fueron mayoría en un secano rabioso que se descolgaba hacia casi la misma playa. Si los fenicios hubieran sido testigos de semejante despliegue, habrían quedado perplejos de la magna obra conseguida a través de los milenios.

En el presente siglo, varios proyectos han intentado rescatar estos viñedos singulares y sus variedades perdidas. En la búsqueda de la originalidad y la expresión de un terruño incomparable, se han elaborado vinos francos que han querido mostrar al público que existen lugares perdidos. En concreto, La Mata sigue enclavada desde hace dos siglos en una tradición que convierte a este lugar en una especie de museo al aire libre. Los colonos continúan trabajando unas tierras que siguen siendo alquiladas a la Compañía Arrendataria de las Salinas, sea cual sea su titular. Este régimen de aparcería sigue estando vigente y en regla, siendo jurídicamente válidos los contratos, así como los pagos efectuados religiosamente.

La idiosincrasia matera ha estado siempre ligada a un cultivo de la tierra para que sus frutos sean convertidos por el colono. Aquellas personas han resistido al hálito marino para llevar sus vinos a acariciar el mar, en bodegas casi a pie de playa. El cooperativismo vinícola nunca llegó a instaurarse, aunque la ayuda entre los viticultores siempre haya existido. Es por eso que la diversidad de elaboraciones en un lugar tan sumamente pequeño existe de un modo sorprendente. Las casas-bodega se caracterizan cada una por una tipología, siendo las dos principales el abocado o el seco. Incluso dándose la existencia de moscateles, mersegueras, conviviendo entre brisados, brillantes o dorados hasta claretes, añejos o rancios. Ya quisieran algunas de las zonas más famosas de vinos del país atesorar la cultura vitivinícola presente en La Mata.

Actualmente la situación es de pérdida casi total, algunas de las pocas bodegas existentes están sufriendo una paulatina e irreversible transformación en suelo urbano, perdiéndose un patrimonio de incalculable valor. Las cenizas ya no podrán avivar la llama que permite la transmisión del fuego, ésta se habrá apagado. Pero ¿podrá la sociedad asimilar esta pérdida o, como el ave fénix, resurgirá renaciendo con mayor fuerza si cabe? Entonces el conocimiento profundo de la tradición dará paso a la innovación abriendo la puerta a la entrada de los nuevos viñadores.  

La parábola de la filoxera

La filoxera cambió el paradigma vitícola europeo para siempre. Este insecto, con fase radicícola y voladora, había causado estragos en el plantío de vides por todo el continente, haciendo que los mercados buscaran vinos donde habían desaparecido las viñas. En esos momentos, España se convierte en uno de los mayores exportadores a nivel mundial hasta que finalmente hace su aparición en el país, entrando en Alicante por Dolores en 1902. La Mata, como tantas otras veces, iba a ser la excepción. Sus suelos arenosos no permitían al hemíptero construir galerías, pues éstas colapsarían. El viñedo matero constituyó el refugio de las variedades autóctonas, que encontraron en este lugar una resistencia, siendo el único reducto de viñedo en toda la comarca que consiguió sobrevivir a la plaga (Piqueras, 2005).

La Mata tuvo un auge como nunca había visto antes. Comenzaría la época dorada precisamente gracias a la resistencia. Mientras los demás buscaban vinos fuera donde fuera, La Mata seguía teniendo el viñedo en condiciones óptimas, produciendo más kilos que nunca y ocupando la mayor superficie jamás plantada en el entorno del Campo de Salinas. Los alrededores de ambas salinas (La Mata y Torrevieja) se llenan de viñas; y fincas como Lo Reche, La Marquesa, La Coronela o Lo Albentosa se encuentran en máximos de producción históricos.

Sin embargo, conforme fueron pasando los años, la superficie vitícola fue disminuyendo. Los campos en Europa encontraron la solución a la plaga, y las necesidades de exportación fueron a menos. La tecnificación enológica y vitícola tendría lugar en todo el mundo. Mientras, La Mata se quedaría anclada en el tiempo, como si el reloj de la evolución hacia la innovación se hubiera parado para siempre. Es en el siglo XX cuando se inicia el proceso de decadencia; poco a poco fueron cayendo los embotellados, que tendrían sus últimos ejemplos en la época de la República. Posteriormente, los graneles tomaron su lugar, y la gloria de aquellos vinos finos de España pasó al olvido.  


Etiqueta de Blanco brillante de Torrelamata. Época de la República Española. 
Fuente: colección particular del cronista oficial de Torrevieja, Francisco Sala Aniorte.

Tabla de la evolución histórica de la superficie cultivada de viña en el entorno de La Mata. Elaboración propia a partir de datos extraídos del catastro vitícola, mapas y otras referencias bibliográficas.

 

Las causas del ocaso 

Las razones de la caída de este viñedo emblemático y mítico son comentadas a continuación:

—Presión urbanística: la razón fundamental de la pérdida de bodegas tradicionales ha sido el cambio de paradigma de este municipio costero, un pueblo de marineros, pescadores, viñadores o salineros que ha vivido una transformación hacia el sector turístico sin parangón. Los centros de transformación de uva en vino se han visto relegados por bloques de pisos. La industria enológica ha sido literalmente aplastada por el urbanismo.

—Rendimientos bajos y dinámica de precios: este viñedo siempre ha tenido bajos rendimientos debido a la aridez que imprime el clima preponderante y la pobreza extrema de sus suelos (Pedauyé, 2021). Asimismo, la dinámica de precios en la uva siempre ha resultado un completo caos; mientras que se prima el kilogrado, la calidad se ha dejado a un lado. Aun así, el precio medio de la uva matera duplica el de otras partes de la provincia, precisamente por esa singularidad y originalidad que definen el ámbito matero.

—Falta de relevo generacional: son pocos los viticultores materos, siendo su media de edad bastante elevada. En los últimos años, algunos de ellos ya no están con nosotros y se han ido para siempre. Algunos ya están cansados y otros, muy pocos, han cogido las riendas de una viticultura que se pierde sin nadie que la cuide. Sin embargo, existe el asociacionismo entre los viñadores, que en su día tuvo más fuerza pero que hoy en día es testigo de un letargo.

—Valoración local del producto: existe un relativo desconocimiento por parte de la población local de los vinos producidos en La Mata, hecho que ha provocado que no sean solicitados por la restauración para incluirlo en las cartas junto a la rica gastronomía comarcal. Quizás no han sido apreciados en muchas ocasiones, por propios o extraños, aunque algunas de las personas que nos visitan mantienen una cierta curiosidad por probar los productos locales. Esto no impide que se genere una demanda suficiente.

—Desapego por lo nuestro: muchas veces hemos oído críticas hacia el vino de La Mata, que no voy a entrar a discutir. Que si era peleón, que si turbio..., incluso que no hay viñas en La Mata para tanto vino como se elabora. Pero no dudo de la honestidad de los elaboradores, sobre todo de la trazabilidad de ciertos productos que tienen una obligatoriedad en el etiquetado con muchísimos registros y normativas que cumplir.

La Mata, un vergel de agrobiodiversidad

El espacio natural protegido de las lagunas de La Mata y Torrevieja ha adquirido casi todas las categorías y distinciones de protección ambiental posibles en España. El viñedo forma parte importante de sus valores culturales y antropológicos presentes. El lector debe conocer que estas salinas, declaradas protegidas, lo son gracias a la acción humana. Por tanto, la industria salinera, como la agricultura de las viñas, han sido motores para la conservación de las especies y los espacios. Los servicios ecosistémicos de estos ambientes naturalizados por las personas constituyen el sustento de muchas aves, que no existirían de no ser por la acción humana, que incluso favorece su presencia. Hay que recordar que el uso de productos químicos de síntesis no se encuentra permitido en los límites de la zona protegida, por lo que se realiza una agricultura ecológica, respetuosa con su entorno y sostenible con el medio. Pero la viña sigue en peligro, y las amenazas, vigentes. Actualmente, algunas viñas están siendo reemplazadas por otros cultivos como los olivos, o incluso por cítricos de dudosa legalidad.

En el contorno de la laguna de La Mata existe un modelo de funcionamiento parcelario colonial en el interior de la finca conocida como «La Redonda», patrimonio del Estado. Un arrendamiento del uso de la tierra singular y perpetuado en el tiempo. Por otra parte, las viñas en régimen de propiedad privada constituyen una constelación parcelaria que, unida a las de régimen colonial, conforman una pléyade de fincas muy pequeñas. Este microcosmos parcelario constituye una oportunidad de fomentar la biodiversidad que hace que estas viñas sean un mosaico agroecosistémico único.

El cultivo de viña en La Mata constituye un paisaje vitivinícola muy singular, entre la laguna de La Mata y el mar Mediterráneo. La condición de que el entorno vitivinícola de esta región lleva produciendo vino y cultivando vides ininterrumpidamente desde hace milenios ha llevado consigo la conservación de un patrimonio genético varietal único. Además del intenso intercambio cultural desde la antigüedad, la aparición de mutaciones genéticas espontáneas y la presión selectiva antropogénica en función del uso de cada variedad de vid han contribuido a aumentar la variabilidad genética de este cultivo. Es por ello que el patrimonio agronómico derivado de una agrobiodiversidad secular debería preservarse para las generaciones actuales y venideras. Una buena idea fue la puesta en marcha de una parcela experimental que congregara variedades que se están perdiendo. Otra podría constituir la implementación de un jardín botánico de variedades de uva o un centro de interpretación de la vid y el vino de La Mata. Pero quizás sea mucho pedir...

Por tanto, nos queda una sociedad comprometida con la protección y conservación del patrimonio que le ha sido legado, y que deberá comprometerse con la conservación de las variedades minoritarias de vides, algunas incluso en claro riesgo de desaparición. Es una cuestión que debe afrontarse. En la actualidad existe la posibilidad de convertir esta situación en una nueva oportunidad, apostando por este territorio desde la gastronomía, la restauración, el enoturismo sostenible y el patrimonio ambiental, convirtiéndose en una de las herramientas fundamentales para su valorización.

El vuelo del flamenco  

Después de tantos años sin el placer de tener en nuestras lagunas una nidada de flamencos, nadie pensaba que ésta volvería a acaecer en Torrevieja. La presión humana sometida en el espacio dejaba serias dudas sobre la simple posibilidad. Pero ocurrió. Pues lo mismo le puede suceder al vino de La Mata. Que «las aves con plumas que flaman»[2] pueden renacer como el fénix de sus cenizas. Sólo es necesario creer en ello, apoyar esa viticultura heroica que se traduce en vinos nacidos de la sal y el sol, de unos viñedos que surgen entre la arena y el mar. Vinos que siguen viajando, surcando los océanos, en un lugar donde los aprecian tal y como son, únicos en el mundo.

No vaya a cometer el grave error, el ávido lector de estas páginas, que no estoy pensando en él. Alguien interesado en la cultura, la ciencia o la historia. Como aquella gente de un pueblo, como el mediterráneo, altamente adaptable y resiliente, personas que han apreciado sus raíces y que siguen desarrollándose para ser una sociedad cada vez mejor, pero que no puede olvidar su pasado, porque en tal caso habría perdido el rumbo y se encontraría perdida. Es por ello que, con este texto, me gustaría despertar la curiosidad del lector, hacerle investigar, incluso que se atreva a probar alguno de estos bayas en algunas de las fruterías de materas que todavía quedan, o en alguna de las tiendas o bodegas donde venden vino de La Mata. Dense prisa, porque si no, pronto desaparecerán.

Quiero expresar mi agradecimiento a todas las personas que han trabajado en las duras condiciones de las viñas y las bodegas de La Mata, algunas que ya no están entre nosotros, y de las cuales he aprendido tanto.


Bibliografía

CAVANILLES, A. J. (1797). Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reino de Valencia. Tomo II. 

MONTESINOS, J. (1795). Compendio histórico oriolano. Tomo XII capítulo XVII

PEDAUYÉ, H. (2021). Caracterización del viñedo de la Mata (edafología, bioclimatología y viticultura), ampelogenética y enología de la variedad «esclafacherre». Universidad Miguel Hernández.

PIQUERAS, J. (2005). La filoxera en España y su difusión espacial (1878-1926). Cuadernos de Geografía 77: 101-136. Valencia.

PRADOS, F. (2011). La producción vinícola en el mundo fenicio-púnico. Apuntes sobre el cultivo de la vid y consumo del vino a través de las fuentes arqueológicas y literarias. Gerión vol. 29, núm. 1, 9-35

RINALDI, D. (2010). Phoenicopterus: juego etimológico en Marcial y problemas de traducción. Nova Tellus 28 (1)

SOLER, E. (Coord.) (2021). Etruscos. El amanecer de Roma. Catálogo de la exposición. MARQ



[1] Los ritos ceremoniales con vino en estos asentamientos han sido documentados en varios yacimientos arqueológicos (Prados, 2011; Soler, 2021).

[2] Según algunos autores, el origen de la palabra Phoenicopterus proviene del «flamar» de las plumas de estas aves (Rinaldi, 2010).