Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 63 - Verano 2021
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Del amor al odio o los tres vértices de un triángulo Rafa Caricio

 

Haciendo uso de la imaginación, podemos llegar a la conclusión de que el amor y el odio pueden ocupar un mismo triángulo en función de que sus vértices estén en on o en off.

Y me explico: imaginemos un triángulo rectángulo, cuyos tres vértices están ocupados por tres valores que afectan directamente a la relación entre dos personas. Situemos en el vértice superior uno de estos tres valores: la intimidad. Ella hace que dos personas compartan sus pensamientos, sus secretos y los pormenores de sus vidas. Entre ellos existe plena confianza. La intimidad los hace conocerse mejor.

Nos quedan los dos vértices inferiores. En el vértice de la izquierda situemos otro de estos valores: la pasión. Dejemos a un lado los aspectos sexuales y centrémonos en los emocionales. Ella nos hace desear constantemente estar con la otra persona. Pensamos en ella a toda hora y sentimos sus emociones como nuestras. Su alegría es nuestra alegría, su dolor es nuestro dolor. Esto me hace recordar un fragmento de la letra de una canción de Camilo Sesto: «Amor, si tu dolor fuera mío y el mío tuyo, amor, qué bonito sería, amor, amar».

Por último, en el vértice de la derecha, situamos el tercer valor: el compromiso. Con él, nos determinamos a compartir nuestra vida con la otra persona por encima de cualquier dificultad. Desde un principio sabemos que queremos vivir nuestra vida con esa persona. Poseemos la convicción de que queremos que sea el compañero o compañera de nuestra vida. Es un sentimiento profundo e incuestionable para nosotros.

Completados los tres valores, pasamos a analizar las diferentes combinaciones que se dan, según qué vértices estén activados:


Amor de amor

Los tres vértices están activados. Aquí se comparte todo. Los vínculos son muy fuertes y prácticamente indisolubles. En las condiciones normales de la vida cotidiana, es casi imposible romper esta unión, incluso en las situaciones más difíciles.


Enamoramiento

Intimidad y pasión están activados, pero no así el compromiso. Existen los dos primeros valores, pero el compromiso no existe o se piensa en ello como algo muy lejano. Un enamoramiento puede llegar a buen puerto, pero las experiencias propias y ajenas nos hacen dudar del resultado, sobre todo en las primeras etapas de la vida, como la adolescencia y la primera juventud.


Amor sin reflexión

Éste es un amor compulsivo, que tiene pasión y compromiso. Le falla la intimidad. Suele darse en personas irreflexivas que hoy se conocen y mañana ya están viviendo juntas. No se conocen, no saben ni cómo piensan ni cómo se enfrentan a los problemas. Estas parejas suelen ser de corta duración, pues con la convivencia repentina empiezan a descubrir cosas que no se esperaban y no les terminan de gustar. Aunque, como en los demás casos, siempre hay excepciones.


Amor de compañía

Aquí también tenemos dos vértices activados: intimidad y compromiso, pero falta la pasión. Este amor es más frecuente en personas mayores. Al faltar la pasión, una larga convivencia los conduce a la monotonía y el hastío. Comparten su intimidad, saben que su compromiso es firme, pero lo que piense o sienta la otra persona les preocupa poco. De aquí vienen expresiones como «¡déjame estar, que yo también tengo mis preocupaciones!».


Odio

Los tres vértices están desactivados. Todo falla. Nada nos une a la otra persona y cualquier discusión o desacuerdo nos lleva al aborrecimiento, a un rechazo absoluto, hasta que hace acto de presencia el odio. Es la tormenta perfecta. El egoísmo puro y duro, las adicciones destructivas, la infidelidad o traición, son frecuentemente los encargados de posicionar en offlos tres vértices. Un indicador claro de la intensidad con la que queremos a la otra persona es la mayor o menor necesidad que tenemos de juzgarla. Cuando amamos mucho a otra persona, nunca la juzgamos, aunque cometa errores. El odio nos hace juzgarla de un modo continuo y despiadado. Tal vez podría decirse que a más juicio, menos amor.


Estas reflexiones las he extraído del programa Tiempo de psicología, que presenta Pilar Muñoz Herranz, y que fue emitido el 4 de diciembre de 2020 en Radio María.