Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 65 - Invierno 2022
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
La gran pregunta José Manuel Pedrero Cánovas

 

(Aplausos y más aplausos).

—Muchas gracias... Sin duda, no existe mayor reconocimiento en el mundo de la gran comunidad científica que estar hoy aquí, recibiendo tan noble galardón. Pero sería muy desconsiderado por mi parte no dedicar mis primeras palabras a los doctores Albert Morrison y Elaine García, porque ellos son, honestamente, tan merecedores de este premio como yo. Su único error fue el creer que la humanidad había madurado lo suficiente como para aceptar un descubrimiento, o al menos una hipótesis, en aquel momento, de magnitudes tan colosales.

»Mi ventaja temporal era bien clara: yo sí pude conocer el hallazgo del planeta que fue bautizado, casi por unanimidad popular, como Géminis. Tras más de un siglo de exploración y más de dos millones de mundos detectados, dimos con un gemelo de nuestra querida Tierra, alrededor de un sol muy parecido a nuestro Sol. No tardó en prepararse la misión de expedición, quizás la más ilusionante de la historia desde que el hombre pisó nuestra Luna. Las condiciones de materia, elementos, temperatura y demás eran tan similares a los de nuestro mundo original, que casi asustaban..., y para un reducido grupo de valientes no hubo más remedio que desenterrar la hipótesis de Morrison-García. Sí, la misma que les condenó y les apartó del resto de sus colegas y que ahora emergía como primera aproximación a algo que producía vértigo entre los dogmas actuales...: la inestabilidad química de los nucleótidos, las mismísimas bases del ARN y del ADN, que ellos advirtieron en sus modelos químicos virtuales. Una inestabilidad que, en su opinión, sólo podía corregirse con medios que la naturaleza no podía haber puesto ahí, cuando se desarrollaban las primeras cadenas complejas de la vida..., o al menos, lo que nosotros entendemos como vida.

»Y ahí estaba Géminis, como si fuera una burla del cosmos en nuestra propia cara. Un planeta idéntico al nuestro, con una formación similar..., ¡incluso con un único satélite natural!..., y sin haber desarrollado ninguna traza de vida... ni de cadenas estables de nucleótidos.

»Inspirado profundamente por la sinceridad del espíritu de estos dos grandes investigadores, quise abordar el problema desde la nueva y compleja matemática de moléculas. Y así, tras años de trabajo casi secreto por vergüenza, surgió el modelo de potenciales intramoleculares que daba, ahora sí, la explicación de soporte matemático a la hipótesis antes citada. Desde que vio la luz, muchos son los que continúan rechazándola, pero nadie ha podido enfrentarse a ella en su propio terreno.

»Sé que no es sencillo, pero aceptar lo que la ciencia nos desvela con frecuencia ha sido una tarea difícil en la historia de la humanidad. Pero no por ello vamos a permanecer silenciados durante más tiempo. Hay que decirlo para todo el mundo: la base de la vida, tal y como la conocemos, no es posible que sea desarrollada de modo natural, por lo que entra aquí un nuevo factor que, lejos de darnos respuestas, nos sumerge en la más terrible de las preguntas...