Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 52 - Otoño 2018
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
Opinar es gratis Pilar Álvarez del Manzano

 

Me mareé. Sentía el estómago en la boca y la cabeza en los pies. Era la primera vez que cogía un barco y, aunque la travesía era de unas horas, me horrorizaba echar la papilla en cualquier momento, en cualquier lugar. Nunca había sentido esa sensación tan desagradable y, como tampoco había subido nunca en un barco, me encontraba sin recursos para solucionar un problema desconocido, cada vez más agobiante. Tenía que pedir ayuda, pero... ¿a quién? No sé cómo, porque el vaivén de mi cabeza oscurecía mis ideas; lo cierto es que recordé la escena del día anterior en el bar de la esquina de mi casa: un señor pidió una aspirina al camarero. Así que pensé que el camarero del barco también podría ser la solución a mi problema. Me apresuré a subir al bar.

Me sorprendió la poca concurrencia. No había más que dos señores, uno en cada esquina del bar. El camarero se entretenía secando unos vasos, que es lo que suelen hacer cuando están servidos los clientes. Me dirigí a él: «Por favor, ¿tiene una pastilla para el mareo?». Me respondió con un «no» rotundo. «Estoy muy mareada. ¿Qué hago?», le dije. Me respondió que no sabía, que también era su primer día en barco. Inmediatamente, el señor de mi derecha opinó: «Beba mucho líquido. Hay que beber mucho». El señor de mi izquierda intervino, pausadamente: «No. No beba, coma. Coma mucho». ¿Quién tenía razón? Yo no sabía qué hacer y no podía equivocarme en la elección. La sabiduría de uno solucionaría mi angustia, pero el desconocimiento del otro me empujaría a echar la papilla. Reflexioné. Encontré la buena respuesta, apoyándome en mis vivencias.

Pocos días me libro del «enteradillo», el que sabe de todo y de todo opina. Y si un día me he librado de él en la calle, me lo trago en los programas de la televisión. Son tantas veces que, por aburrimiento, me he dedicado a observarle. ¿Cómo habla el «enteradillo»? Lo primero que hace es opinar, aunque nadie le haya invitado a hacerlo. Está convencido de que tiene el derecho a opinar por aquello de «la libertad de expresión» (sin consideración). El «enteradillo» habla con voz grave (convencido de que así da seriedad a su discurso), habla deprisa (para que no le interrumpan) y gesticula excesivamente (para hacer más creíble su opinión).

Me quedé nueva con los tres pasteles que devoré.