Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 50 - Primavera 2018
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja

 
El Cambio Climático Lina Araya Núñez

 

Comenzamos recolectando lo que la Tierra nos brindaba y avanzamos organizándonos en grupos de cazadores. De nómadas nos transformamos en asentados agricultores. Aprendimos a intervenir la naturaleza para mejorar nuestras posibilidades de vida y bienestar. Y así, por milenios hemos venido transformando nuestro planeta y dejando huellas indelebles de nuestra acción. Hoy tenemos una atmósfera contaminada con isótopos radioactivos producto de las guerras y la industria bélica. Montañas de desechos: electrónicos, plásticos, metales, residuos mineros y alimentos no consumidos. Fondos marinos contaminados, sin oxígeno, y toneladas de plástico en las aguas. La huella del hombre impuesta a la naturaleza, a nuestro planeta.

Una de las razones que permitieron que nuestra especie perdurara, evolucionara y se desarrollara, a diferencia de otras especies de Homínidos que existieron antes que nosotros y coexistieron con nosotros, fue el desarrollar nuestra capacidad de comunicarnos y de colaborar. Hemos alcanzado el más alto desarrollo fisiológico y cognitivo de las especies del planeta.

Sin embargo, equivocadamente hemos considerado la Tierra sólo como un recurso. Hemos ignorado que la realización de los ciclos naturales básicos y fundamentales que rigen nuestro planeta, y la sustentabilidad de la vida en él, se cumplen bajo ciertas condiciones. La ejecución del vital ciclo hidrológico, la asimilación de los gases atmosféricos y la formación del hielo polar requieren de tiempo, temperatura, concentraciones, todos ellos dentro de un cierto rango de variación. Haberlo ignorado ha traído consecuencias.

Ya lo estamos viviendo: el aumento de temperatura en el aire, en las aguas superficiales oceánicas, y los consiguientes cambios en el clima. La mayor frecuencia e intensidad de las lluvias, ciclones, huracanes, vendavales, inundaciones, aluviones son señales de ello. A la vez, presenciamos persistentes y prolongadas sequías y, a consecuencia de éstas, grandes incendios forestales.

Junto a esto, el aún leve aumento del nivel del mar pone, ya hoy, en grave riesgo la subsistencia de comunidades y naciones isleñas (las islas de los archipiélagos del Pacífico occidental: Vanuatu, Kiribati, y en el Índico, las Malvinas).

Los estamos viviendo, experimentando, y todos estos sucesos están registrados, analizados y documentados con métodos científicos, en todas las latitudes del planeta.

Sumadas a estas vivencias testimoniales del Cambio Climático (CC), hay dos situaciones que están sobreviniendo: una es el debilitamiento de las plataformas de hielo del Ártico, la Antártida y Groenlandia. La otra es el aumento de las emisiones de gas metano (CH4) a la atmósfera. El metano es el segundo gas de mayor importancia en inducir el calentamiento global. Su efecto cuadruplica el del dióxido de carbono (CO2) y es responsable del 20% del calentamiento global. Su presencia en la atmósfera ha llegado a ser de 1.800 ppb, más del doble de lo que era en la época preindustrial.

Ambos escenarios pueden precipitar y acelerar el CC, más allá de los pronósticos de los expertos. Y ninguno de éstos ha sido contemplado en las previsiones actuales del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC).

El IPCC es, por mandato de la Asamblea General de Naciones Unidas, el organismo supremo para conducir la evaluación y entregar las recomendaciones para enfrentar el CC.

 

El aumento de las emisiones de metano

Uniendo dos métodos, apoyado uno en el estudio de isótopos de carbono, y el otro en observación satelital, se ha logrado establecer que la principal fuente de emisiones de metano a la atmósfera proviene de la actividad microbiana, desde las zonas tropicales, ciénagas y cultivos por inundación.

El aumento de la temperatura y las lluvias, expresiones manifiestas del CC, están impulsando la expansión de pantanos y ciénagas; por lo tanto, acrecentando los hábitats para la actividad microbiana y el aumento de las emisiones de metano.

La segunda fuente de origen de las emisiones de metano es la industria de carburantes fósiles. El petróleo, el gas natural y otros carburantes fósiles han sido fuentes muy importantes de emisiones de metano. Los nuevos estudios también aportan pruebas irrefutables de que las declaraciones que esta industria ha presentado ante organismos gubernamentales y de las Naciones Unidas infravaloraban sus emisiones, están equivocadas totalmente o no usaron los métodos adecuados para calcular.

El aumento de temperatura, en las últimas décadas, también está desatando otro proceso de previsibles graves consecuencias y que aumentará las emisiones de metano: el descongelamiento del permafrost.

El permafrost es un estrato de suelos compuesto de materiales orgánicos y minerales; pueden ser arenosos o rocosos, lo común es que sea un estrato congelado. Ha permanecido congelado desde la última glaciación. Al descongelarse permite la emisión del gas metano, atrapado por milenios en esos suelos.

Este descongelamiento, además de aumentar la presencia de metano en la atmósfera, desestructura los suelos, socavando los cimientos de bosques y construcciones, precipitando el desgarro y caída de árboles y de infraestructura urbana.

El 20% de la superficie terrestre del planeta, las zonas de más alta latitud (Rusia, Canadá, Groenlandia y la parte más boreal de los países nórdicos), están cubiertas por permafrost.

Las altas temperaturas y el aumento de las precipitaciones favorecen tanto la producción del metano microbiano como la liberación de metano desde el permafrost.

Si queremos evitar que la temperatura aumente por sobre 2° C, como se acordó en la reunión de París 2015, además de frenar las emisiones de CO2, también será necesario tener una estrategia y un plan para frenar las emisiones de metano.

 

Debilitamiento de las plataformas de hielo

La disminución del espesor de las plataformas de hielo en Groenlandia, en la Antártida, y del hielo flotante en el Ártico es un hecho. Está documentado por numerosos estudios, los realizados por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), la Oficina Meteorológica del Reino Unido y varias universidades.

Los cuales muestran que en el Ártico se ha producido una disminución del espesor del hielo de un 40%, en los últimos años. Mientras que en Groenlandia, sólo en la parte oriental, que había sido la parte menos afectada por los deshielos, la masa de hielo está disminuyendo en unos 10.000 millones de toneladas al año.

En la Antártida, la estabilidad de la plataforma de hielo que cubre la superficie continental antártica y la del hielo marino que se desarrolla alrededor del continente, sobre la cual se asientan los glaciares, registra, en los últimos 18 años, pérdidas de hielo estimadas en 310 km3 anuales.

El deshielo de la plataforma antártica está siendo acelerado por el calentamiento de las aguas, que desde las profundidades comienzan a socavar la plataforma. Al adelgazarse, por acción de las aguas, la masa de glaciales asentados sobre ésta comienza a fracturarse. Sólo en el año 2000 se desprendieron 11.000 km2 desde la Plataforma Ross, y entre 2015 y 2016 se desprendieron 5.800 km2 desde la Plataforma Larsen.

De acuerdo a estudios publicados en la revista Nature, se ha perdido más del 15% del grosor total de la plataforma de hielo antártica.

Este acelerado descongelamiento de las plataformas de hielo y el consecuente desgarro de grandes glaciales puede doblar los pronósticos actuales del aumento del nivel del mar, en menor tiempo, que el previsto por el IPCC.

La acelerada fusión de las plataformas de hielo y el aumento de las emisiones de metano pueden constituirse en retroalimentación positiva para el CC, impulsando una aceleración del calentamiento global.

La comunidad científica señala que el 93% de la energía, que proviene del calentamiento global, y el 30% del CO2 de origen antropogénico son absorbidos por los océanos.

Con las tres cuartas partes del planeta compuestas de agua, es irrebatible el rol determinante de los océanos en el clima.

Uno de los elementos de la dinámica oceánica, de mayor importancia para el clima, consiste en que son las corrientes marinas las que circulan influenciando y determinando el clima de todo el planeta.

Las corrientes marinas son el resultado, en mayor parte, de la rotación de la Tierra, como también del efecto y presencia de los puntos fríos del planeta, los polos Norte y Sur, los grandes motores del clima.

La disminución del frío polar y el deshielo en los polos, con el consiguiente cambio en el nivel de los océanos, tendría gran implicancia para el clima. Dado que son principalmente las corrientes las que transportan la temperatura, los gases disueltos, los nutrientes y los microorganismos mismos. Todos ellos base de las cadenas de producción de los océanos (peces, crustáceos, moluscos, algas, etc.), parte importante de la seguridad alimentaria de la humanidad. 

Debido a que la Antártida y el Ártico rodean todos los océanos del mundo, los impactos físicos y bióticos (la biodiversidad) podrían trasladarse globalmente afectando a los otros ecosistemas oceánicos.

 

¿Qué estamos haciendo?

Fue a principios del siglo XIX cuando la comunidad científica comenzó a comprender e identificar el efecto invernadero, el calentamiento global. Los resultados de las mediciones iniciadas en los años 50 demostraron que las concentraciones de CO2 en la atmósfera estaban aumentando muy rápidamente. Los científicos alertaron sobre las graves consecuencias que esto podría acarrear. No obstante, han tenido que pasar numerosos años para que la comunidad internacional y sobre todo los gobernantes reaccionaran. Fue recién en 1979 que se logra celebrar la primera Conferencia Mundial sobre el Clima.

Nueve años después, en 1988, se crea y establece el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). En 1990 se publica el Primer Informe de Evaluación realizado por el IPCC, basado en las investigaciones de 400 científicos. Ya en ese informe se afirmaba que el calentamiento de la atmósfera era real. Se llamaba a la comunidad internacional a tomar decisiones para evitar las consecuencias.

Con posterioridad se han llevado a cabo numerosas reuniones internacionales y firmado numerosos acuerdos. El IPCC ha publicado cinco informes de evaluación con las correspondientes recomendaciones para la acción. 

El Quinto Informe del IPCC (5.000 páginas), dado a conocer entre los años 2013 y 2014, es el fundamento para fijar los objetivos y planes hasta el año 2022, fecha en que se entregará el informe de la reunión de 2015.

Parte importante de este Quinto Informe se refiere a los aspectos relacionados con los impactos, la adaptación y la mitigación.

Para la industria de la pesca, la acuicultura, el transporte marítimo, la extracción de petróleo y minerales, todas ellas apoyadas en alta tecnología y en fuertes inversiones, se constata que habrá soluciones técnicas, que demandarán mayores inversiones.

Para la pesca artesanal y para los países en desarrollo, las estrategias serían en cambio construir resiliencia social, crear medios de subsistencia alternativos y flexibilidad ocupacional.

Este Quinto Informe destaca que numerosos estudios globales muestran que es económicamente racional proteger, durante este siglo, la mayor parte de las costas del planeta, para contener el aumento o elevación de la superficie del mar, que acarreara pérdidas de superficie terrestre costera e inundaciones. Allí también se sostiene que los costos —asumamos que se refieren a los económicos y a los estéticos— de la construcción de miles de kilómetros de diques y de cortaolas de protección serían mucho menores que los daños provocados por no ejecutar estas adaptaciones.

Evidentemente, casi todo lo relacionado con adaptación y con mitigación tiene una clara correspondencia con nuevas inversiones en obras de infraestructura. Nuevas oportunidades de negocios.

El conocimiento, las reuniones, el debate —a menudo altamente politizado— sobre qué se debe hacer respecto el CC, no ha sido suficiente para ejecutar los acuerdos con medidas concretas, inmediatas y realmente efectivas para detenerlo: disminuir drásticamente, frenar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Otras organizaciones, como el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), la Agencia Nacional para la Administración Oceanográfica y Atmosférica (NOAA) y equipos científicos de universidades de todo el planeta han venido entregando informes de sus investigaciones, estudios y análisis sobre el calentamiento global y sus consecuencias. Todos estos informes coinciden respecto a la gravedad de la situación y la urgencia de disminuir y frenar las emisiones. En todos ellos se expresa claramente que no se están tomando a tiempo las medidas adecuadas y que con ello se está perdiendo la posibilidad de incidir positivamente en el control del CC.

Entre los años 2013 y 2015, las emisiones de CO2 disminuyeron. Esto se interpretó como que se había alcanzado una cierta estabilidad en la disminución de las emisiones. Sin embargo, en 2016 hubo un aumento considerable y la concentración atmosférica aumentó, superando los 400 ppm. Lo que cuestiona seriamente nuestra capacidad para evitar un aumento de temperatura global inferior a los 2° C, el compromiso adquirido en el Acuerdo de París de 2015.

Ante esta realidad, los científicos observan con enorme inquietud que la Tierra, enfrentada a estas altas concentraciones, podría estar perdiendo su capacidad de asimilar el CO2. Se teme que la alta concentración atmosférica constituya un umbral desde el cual la Tierra disminuye su capacidad de asimilar este gas. Hecho que sería altamente alarmante y que nos indica que no estamos logrando el control de emisiones necesario para impedir las consecuencias nocivas que el CC acarreará.

Mientras no se ejecutan los acuerdos para frenar las emisiones, algunas estrategias tecnológicas, para disminuir el CO2 en la atmosfera, intentan instalarse en el debate: las Tecnologías para la Emisión Negativa (NET). Se proclama que las NET podrían ser capaces de captar el CO2 de la atmósfera, y luego éste podría ser depuesto en el subsuelo o en profundidades marinas.

Las investigaciones y estudios en NET cuentan con patrocinadores como el Departamento de Energía de los Estados Unidos de Norte América, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la Sociedad Real Británica, el Gobierno británico y el patrocinio de las grandes compañías de producción de carburantes de origen fósil (como la francesa Total) y también grandes inversores privados, Bill Gates y Richard Branson entre ellos.

Se ofrecen fuertes subvenciones, cientos de millones de dólares, para promover los estudios en tecnologías de captación del dióxido de carbono desde la atmósfera. Las NET serían, potencialmente, una gran oportunidad de negocios.

Mientras se quiera creer y hacer creer que el control de las emisiones y del aumento de los gases de invernadero en la atmósfera tendrá solución con una tecnología por descubrirse y desarrollarse, y que tardaría decenios en implementarse, las responsabilidades y los esfuerzos que debemos enfrentar hoy son eludidos y postergados.

El Acuerdo de París 2015, el disminuir significativamente las emisiones, no se ha logrado llevar a cabo, excusándonos en argumentos políticos fundamentados en intereses económicos, y recurriendo a una predicción tecnológica que podría ser... o no.

 

¿Podremos recuperar nuestra capacidad de comunicarnos y colaborar?

Esa capacidad que nos permitió ser la especie triunfadora en el camino de la evolución es la que hoy necesitamos para asegurar la sustentabilidad de nuestro planeta como ecosistema y medio ambiente humano.