Ismael Montesinos Arias Murcia
Desde una atalaya, postergada en una dimensión paralela, allí donde nadie osa acercarse, contemplo aturdido, aunque expectante, el trasiego atolondrado e irreflexivo del mundo global. Desde este, mi retiro voluntario, oteo los cuatro puntos cardinales. Contemplo sufrimiento, alegrías, esperanzas, naufragios, con el quizá inocente anhelo de transformar esta roca achacosa que gravita de modo elíptico, y sobre la que nos movemos alocados, en un teatro donde todos podamos ser actores principales. Donde no impere la ley del músculo y de la pólvora teledirigida; donde la sonrisa sea un gesto cotidiano y no una excepción. De este modo, me desplazo a la velocidad de la luz entre los millones de párseks que separan los mundos en los que habito. Mundos paralelos, mundos imaginarios y el escabroso mundo real. En cada humano existe un mundo: ¡saquémoslo!. El antropólogo Radcliffe-Brown trató de definir la cultura en una sentencia muy simple: modo en que el humano se adapta al medio. En la recta final del capitalismo salvaje, asistimos, impasibles, a la peor visualización posible de la raza humana. Este sendero rectilíneo hacia la autodestrucción puede curvarse en cualquier momento. A fin de cuentas, del mismo humano depende. Podemos evitar el desastre y fantasear con un futuro que, a data actual, no parece sobrevivir a este siglo recién comenzado. No es tarde. Pongamos, pues, remedio a esta sinrazón. Cada uno con su pequeño granito de arena. Recordemos a Bertolt Brecht: El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma. Por eso quiero agradecer a la revista Ars Creatio, la posibilidad que me otorga de expresarme libremente a través de sus páginas, ya sean éstas de papel o ciberespaciales. ¡Qué extraños y contradictorios son los albores de este siglo XXI! Me siento tan abrumado por la tecnología. Miremos veinte años atrás y hagamos un repaso sobre la evolución tecnológica. ¿No os asusta, aunque solamente sea un poquitín? Quería añadir, simplemente, que me llamo Ismael Montesinos Saura. Escribo para viajar a esos, mis mundos, donde la injusticia es tan imperceptible como la composición atómica que nos rodea, desde que era un chavalín. Nunca he publicado nada ad hoc. Tampoco lo había pensado. Solamente he participado en un concurso literario, en el que publicaron uno de mis microrrelatos. ¿Qué más? Me licencié en Historia, en su especialidad de Moderna, Contemporánea y de América, en la Universidad de Murcia y abandoné los cursos de doctorado por falta de tiempo y otras necesidades. Actualmente compagino mi tarea de funcionario administrativo con la de padre primerizo y trato de saciar mi inquietud personal con escritos que abarcan la filosofía política, la perspectiva histórica, la narrativa y la poesía. Me gustaría dejaros con un poema que acabo de encontrar en la red buscando la cita exacta de Bretch. Es de Martin Niemoller, pastor protestante alemán. Fue escrito en 1945. Creo que sintetiza lo que quiero expresar anteriormente. Un saludo desde Murcia Sahara Norte. CUANDO LOS NAZIS VINIERON. Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata, Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío, Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.