Alfonso Ortuño Salar Torrevieja
Esto de los curriculums es como eso de las siete y media porque "El no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Mas hay de ti si te pasas, si te pasas es peor”.

Dicho lo cual procurare guardar la compostura. Nací en Orihuela el mismo año en que murieron al paisano Miguel Hernández, estudié medio bachillerato con los jesuitas y el otro medio en el mismo colegio de Santo Domingo convertido en diocesano, después me fui a la universidad de Murcia y más tarde a la de Madrid, matriculándome en la escuela de arquitectura con ciertas esperanzas. Al cabo de seis años perdí las esperanzas y me metí en una agencia de publicidad y de ahí salté al periodismo.

Los comienzos en la prensa fueron duros porque estaba de ministro de información Don Alfredo Sánchez Bella. En los primeros años de mi profesión periodística, Don Alfredo cerró seis publicaciones y expedientó algunas más, de manera que mi experiencia se enriqueció al trabajar con directores de todo tipo. Uno de ellos fue Manuel Martín Ferrand, gran periodista, que demostró su inteligencia al ficharme para la tele. En el Ente permanecí durante veintidós años currando como caricaturista político en los servicios informativos, al cabo de los cuales me echaron a la calle por idiota.

A todo esto no había dejado de trabajar en la prensa escrita que es la fetén y puedo decir, como dato anecdótico, que estuve haciendo el chiste diario al mismo tiempo en el “Arriba”, órgano oficial del Movimiento y en el “Mundo Obrero”, que era el periódico del PCE. También he ilustrado un montón de libros e incluso escribí uno sobre arroces que la Academia Española de Gastronomía y la Cofradía de la Buena Mesa tuvieron a bien premiar.

Burla burlando llevo ya más de cuarenta años metido en teles, diarios, libros y revistas; he sido incluso contertuliano radiofónico de la más disparatada y divertida tertulia que surcó las ondas, dirigida por el insondable talento de Miguel Ángel García Juez, líder indiscutible y actualmente editor de una prestigiosa revista de arte. Y aquí diré que lo mejor de mi vida profesional ha sido compartir micrófono, durante una década, con mi inolvidable Luis Carandell. De él aprendí a vivir mejor y a dar valor a las cosas que lo tienen, como puede ser, el segundo movimiento de la séptima de Beethoven o los boquerones en vinagre del bar Emilio, sito en el numero noventa y ocho de la madrileña calle López de Hoyos.

Pero bueno, hablemos un poco de pintura:

Mis amigos y algunos críticos amables dicen que pinto bien pero yo sé que no es cierto; afortunadamente no es cierto, porque lo que yo quiero es llegar a pintar bien y si ya lo hiciera me aburriría. No sé si me explico, quiero decir que lo que a mí me gusta es estar siempre en camino; en general no me fío de los que han alcanzado una meta y mucho menos de los triunfadores. Pinto porque me sale del estómago y cuando termino una obra me consuela pensar que es mejorable.

Y en esto va y se me aparece Velázquez, que por cierto tampoco terminó ningún cuadro, gracias a Dios, y entonces se me abre el mundo de la pintura.

Jamás he pretendido copiar a Velázquez, sería tonto, lo que intento es aprender a pintar agarrado a su jubón. No soy el primero que lo hace ni seré el último. Don Diego es el banderín de enganche de la pintura moderna, ni Goya, ni Picasso, ni Bacon serian lo mismo sin este excelso precursor. El Guernica de Picasso y los Fusilamientos de Goya son cuadros aparentemente distintos, pero en los dos esta el mismo grito desgarrador y ese grito sale de la cabeza rota el Niño de Vallecas de Velázquez.

Luego está lo de la técnica y la pincelada, esto ya es otro cantar. Dice Antonio López que “Velázquez te pone las cosas delante y ahí te las arregles” y es difícil arreglárselas porque no hay un ejercicio de abstracción mas parco y elegante que el del maestro sevillano; Algunas veces quieres intentarlo y te das cuenta que él llega a más con menos, entonces te vas a menos y te sale un churro lo que en él es pura y simple genialidad. Difícil es pero también apasionante.

La verdad es que me he divertido mucho pintando esas cosas y es mi deseo que el respetable se lo pase igual de bien viéndolas, con lo que todos habremos salido ganando.

Alfonso Ortuño

Torrevieja, Verano 2011